Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Toei Animation y Chimaki Kuori.


Inicialmente Misty se había negado a asistir; tenía planes, muchos planes sobre el trabajo, algunas citas con un par de chicos que había conocido y continuar chismeando sobre la vida romántica de su media hermana. Estaba muy ocupado, siempre estaba ocupado. Sin embargo, la mañana de ese sábado, en el desayuno, su familia lo hizo replantearse sus planes, puesto que todos le comunicaron que irían un particular evento.

—Es en el orfanato de Marín. Dante, Moses, Dio, Shaina… todos irán a apoyarla —dijo Algol—. Además de que ella dijo que habría mucha comida y algunos juegos de habilidad, todavía tenemos esa competencia de tiro pendiente contra Shaina por el año pasado, es la revancha o nada.

—Sí, Misty, no seas aburrido, los chicos de la Academia también irán y yo me reuniré con mis nuevas amigas, Lithos y Celintha estarán ahí desde temprano, sus hermanos tiene acceso exclusivo —presumió Mariya—. Creo que conocen al dueño.

—Mmm… Camus dijo algo parecido…

Sus hermanas comenzaron a hablar sobre sus amigos, cosa a la que Misty dejó de prestar atención. Siempre estaba ocupado, si no era por el trabajo entonces se enfocaba demasiado en su vida romántica. ¿Cuándo había sido la última vez que había escuchado a sus hermanas? Ni siquiera sabía cómo se llamaban o cómo eran los nuevos amigos de ellas, sólo sabía que eran muchos, la mayoría hombres, y estaban relacionados a Kanon y Afrodita (y por consiguiente a Milo). Ya ni hablar de sus propios amigos; siempre había reconocido la tenacidad de Marín para asumir grandes responsabilidades por puro placer, su voluntad y compromiso eran admirables, tontas debido a lo sacrificada que era, pero admirables al final del día. Y no sólo era Marín, ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que se reunió con todos, a tontear un rato, beber, simplemente pasar el tiempo.

Así que como el jefe de su pequeño proyecto, Misty decidió tomar las riendas y llamar a su gente para decirles que tenían el fin de semana libre, porque los chicos del orfanato los necesitaban… o algo así había entendido.

Alcanzó a arreglarse justo antes de que sus hermanas y primo se fueran; así el cuarteto se dirigió sin detenerse al algo anunciado evento, expectantes. Tan pronto como llegaron, las hermanas se alejaron de ellos entre la gente, mezclándose con el entorno de traje y corbata, presente incluso en algunas mujeres.

—Mantenerme cerca de mis hermanas… sí, como no —renegó Misty, optando por no alejarse de Algol, quien también estaba por dejarlo atrás—. Espera, Algol, ¿vas a reunirte con los demás?

—No, voy a ver al primer ministro —Algol se detuvo para quitarle un par de pelusas a su saco—. Estás actuando extraño, desde la mañana… ¿este es uno de esos momentos que tienes…? Ya sabes, cuando te pones sentimental…

—Eres pésimo en esto —dijo Misty—. Solo he decidido pasar un tiempo con ustedes, nada de sentimentalismos, he tenido mucho trabajo y estoy cansado de eso.

—A mí esto me suena a un sentimentalismo…

Misty rodó los ojos y comenzó a empujar a Algol hacia dónde se suponía que estaban sus amigos. Pronto, los primos se encontraron a todos abarrotados en uno de los puestos que ofrecía gyros, Dante comía dos al mismo tiempo, al lado de un adolescente que hacía lo mismo, como si estuvieran en una competencia por ver quién comía más. Frente de ellos, Alguethi se reía en voz alta de algún comentario lanzado por Capella, quien al igual que los demás miraba a su amigo y adolescente.

—¿Es una competencia? Si es así yo apuesto por el adolescente —dijo de inmediato Algol, buscando entre los bolsillos de su chaqueta su billetera.

—¿Tú también tienes traje? —preguntó Shaina en cuanto los vió llegar—. Últimamente todos los hombres tienen uno…

—Se llama tener estilo y elegancia —dijo Ptolemy, acariciando las solapas de su saco blanco—. No te haría daño también tener algo de eso.

Shaina entrecerró los ojos y no dudó en golpear a Ptolemy en la cabeza, en medio de un coro de risas hacia el arquero, nadie se metería con la mujer a menos que quisiera perder un diente, excepto, claro, Misty.

La mayoría de ellos se habían conocido en el Lykeio, hacía diez años. Algunos habían compartido clases y otros más tenían actividades extracurriculares juntos, pero todos, sin duda, habían establecido su amistad en esa época; y eso no evitaba que en ocasiones tuvieran algunos problemas. Shaina y Misty, por ejemplo, tenían el mismo ex novio, y ambos habían salido con él por los mismos años, más o menos.

—Si quieres, Shaina, yo podría arreglar tu guarda…

—Ni se te ocurra terminar con esa frase.

Ambos se miraron, él, con una sonrisa burlona, y ella simplemente sonriendo, en un enfrentamiento que terminaría en risas, y Misty quejándose de la rudeza innecesaria de Shaina. O eso sería lo común, antes de que alguno pudiera agregar algo Marín llegó corriendo, ocultándose detrás de Shaina.

—…¿Marín…? —preguntó Shaina, mirando sobre su hombro.

—El jefe acaba de llegar —dijo la pelirroja, mirando el lugar del que había salido—... Menos mal que se distrajo con una de esas mujeres millonarias que vino…

—¿Mujeres millonarias? ¿Quieres decir que hay solteras con muchos euros a espera de un joven que les alimente el alma? —preguntó Capella, mirando a su alrededor, intentando diferenciar a las personas, todos tan bien vestidos los hacían ver iguales.

—Capella, amigo, ya te lo dije, no tienes tanta suerte —dijo Moses con tono burlón, antes de enfocarse en Dante y el chico a su lado, sosteniendo otro gyro, relleno de carne—. Chicos, lo de la competencia era broma.

—¡Seiya! ¡Aquí estás! —Al notar al joven, Marín dejó de lado su postura de trabajadora preocupada por su posible despido a madre sustituta—. Espero que no estés pasando toda la tarde comiendo.

—Marin, sólo son algunos gyros… y Shaka dijo que eran gratis para nosotros, por lo tanto, puedo comer todo lo que quiera.

Marín entrecerró los ojos, siempre era lo mismo con esos dos, ignoraban sus palabras y hacían sus propias reglas.

—Marin, deja al chico divertirse y comer en paz —intervino Dante, pasándole otro gyro a Seiya—. Un hombre tiene todo el derecho de comer cuanto quiera, y es un chico en crecimiento, necesita alimentarse para crecer bien.

—Sí, mira a Jamian, es notable que tuvo una madre igual de estricta que tú.

—Marin, yo lo sostengo y tú lo golpeas —sugirió Jamian, entregándole su gyro a Seiya, quien no tardó en dar un par de pasos hacia atrás, con las dos manos ocupadas, dispuesto a huir para que Marín dejara de regañarlo, por el momento.

—Este es un día de celebración, no hay que mancharlo con violencia innecesaria —Algol se situó frente a Dante, para cuidar a su amigo—. Deberíamos desearle buena suerte a Marín, para que no pierda su trabajo.

El grupo asintió y procedieron a "escupir" simbólicamente para desearle buena suerte a su amiga, Marín agradeció el buen gesto, a pesar de declarar que necesitaría que toda la ciudad lo hiciera para evitar su futuro despido. Shaina y Misty rápidamente la sostuvieron de uno de sus hombros y propusieron ir a algunas actividades de destreza para distraerse de todas sus obligaciones.

—No, no puedo, soy la encargada de este lugar —dijo, firme—; estos chicos están bajo mi cuidado —explicó, ignorando que detrás de ella algunos de sus chicos comenzaban a empujarse con un grupo de chicos bien vestidos, de las clases altas—. Soy la responsable de ellos, vigilo por su bienestar y mientras yo esté cerca de ellos debo estar pendiente de todas y cada una de sus necesidades…

Misty y Shaina intercambiaron una mirada, y después el rubio intercambió una mirada con Algol y Dante, quienes a su vez intercambiaron más miradas con el resto de sus amigos. Todos vieron los movimientos agresivos entre los chicos y cómo Marín ignoraba la semi pelea detrás de ella, mientras hablaba sobre cuidar, protegerlos y evitar problemas inecesarios para los chicos. Misty pensó en decirle a Marin, pero cuando notó que la pelea entre los adolescentes se detenía y todos se dispersaban, consideró que ya no era necesario.

—Marín, hablas como si no hubiera otra persona en este lugar que se encargue de esos niños, necesitas relajarte —dijo una vez que los chicos desaparecieron de la vista de todos—. Anda, vamos a jugar, tienes que estar en mi equipo en contra de Shaina..

—Es cierto, Shaina, nos debes la revancha.

—Yo no les debo nada, no es mi culpa que ustedes sean pésimos en el tiro con dardos.

Babel y Algethi de inmediato comenzaron a corear la revancha, mientras que Jamian y Capella comenzaban a guiar a Shaina hacia el puesto de tiro con dardos más cercano.

La mayoría se habían conocido en la escuela, hacía más de diez años. Habían compartido grupo, y en medio de las largas horas de clases, trampas en exámenes y trabajos grupales, lograron congeniar lo suficiente para convertirse en los amigos más cercanos.

Para los que cursaron otros grupos, todo había empezado con Algol, Dante, Capella y Shaina. Los cuatro se habían hecho amigos mientras esperaban afuera de la dirección a que les dictarán su castigo. Los chicos habían comenzado presumiendo sobre sus proezas delictivas, cosa que hizo reír a Shaina y motivarla a también contar el motivo de su castigo; todos fueron designados a recoger los materiales que se usaban en la clase de deportes y dejarlo todo ordenado después de clases. Fueron días largos y agotadores, cargado de trabajo para ellos, ya que Shaina había perdido tiempo los primeros días con su novio, y para el final del castigo, los cuatro ya hablaban con naturalidad, como amigos de toda la vida.

Después, y poco a poco, se había sumado el rest, Shaina les presentó a Marín, los chicos presentaron al resto de chicos y, con el tiempo medido, Algol presentó a su algo excéntrico primo, Misty, quien en ese momento estaba terminando su romance "secreto" con Milo.

—A ambos nos terminó el mismo chico, deberíamos ser mejores amigos…

Le había dicho Misty a Shaina, coronando con esa sencilla frase su relación.

El paso por la universidad no los había separado por completo. Si bien les había quitado mucho tiempo, también les había dado la libertad para hacer más cosas, aprender a conducir, ir de vacaciones a alguna isla cercana o emborracharse en alguno de los múltiples bares de la ciudad y conocer más personas.

Orfeo fue el último en unirse. A diferencia de los demás, él pasó su adolescencia en el Conservatorio de la ciudad, estudiando y estudiando hasta que una tarde de diciembre vió a un sujeto guiando un improvisado grupo de inaptos para hacer música en una de las plazas de la ciudad. No era anormal ver a algún músico en las calles de Atenas ganarse la vida, pero Orfeo nunca había visto un grupo tan numeroso desafinar tanto, o no saber cómo sostener un instrumento en primer lugar.

Y siendo el último en integrarse, la mayoría de las veces era el último en llegar. Ese día apareció justo cuando Marín había decidido abandonar el equipo de los chicos y unirse a Shaina para darles una paliza. El grupo de músicos ya se había dispersado con sus propios amigos así que él, y Eurídice, se dispusieron a buscar a los suyos para continuar con el día de la mejor manera. Apenas llegaron, Shaina sostuvo a la joven rubia del brazo y declaró que Eurídice estaría en su equipo.

—¡Eso no es justo! —declaró Ptolemy, pagando por la siguiente ronda de dardos.

—¿No es justo? ¡Pero si nosotras somos tres y ustedes son doce! —dijo Shaina, señalando a cada uno de ellos.

—Y eso que todavía falta Dio —observó Marín, buscando con la mirada a su siempre ocupado amigo.

—Creo que deberíamos tener más amigas —observó Eurídice, notando la desproporcionada relación entre ellos.

Marín y Shaina nunca había sido buenas conviviendo con su propio sexo. Aunque ambas se habían llevado bien con compañeras de escuela en su respectivo momento, ninguna había logrado crear un buen lazo, salvo entre ellas mismas y Eurídice, porque la rubia era demasiado adorable como para no quererla. No era que les fuera imposible tratar con mujeres, simplemente estaban acostumbradas al trato másculino, a los golpes amistosos, palabras en doble sentido para burlarse los unos de los otros y la constante honestidad que los hombres manifestaban siempre. Shaina nunca había podido con los chismorreos femeninos, y las, en ocasiones mostradas, dobles sonrisas; pocas veces se había sentido segura con otras mujeres ya que no dejaba de preguntarse si ellas hablaban a sus espaldas. Al menos sabía que los chicos lo decían todo de frente, como Misty, que no dudaba ni un momento en ser mordaz y criticón cuando se le daba la oportunidad.

A diferencia de Shaina y sus inseguridades con otras chicas, Marín creía que su problema era que estaba demasiado ocupada como para hacer más amistades. Su primera amiga real había sido Shaina, y ella había conectado a Marín con el resto de los chicos, y si ellos no le mensajeaban para invitarla a salir, iban a buscarla directo a su oficina, o Touma no los llamaba para que fueran por ella, Marín se quedaba todo el tiempo tratando los temas más importantes del orfanato, de sus chicos, protegiéndolos lo más que podía del cruel mundo exterior, ignorando que justo detrás de ella, de nuevo, algunos de sus chicos tenía de un brazo a Isaac y lo jaloneaban para alejarlo de otro grupo de chicos que sostenía el brazo libre del peliverde.

Ambas intentaron decirle a Eurídice que no era necesario y que el equipo desigual estaba completamente igualado, pero la joven estudiante de botánica ya se había adelantado a ellas y con un beso rápido de despedida a su novio, se alejó del grupo sin decir nada extra.

—Ella es demasiado dulce para nosotros —dijo Capella, poniendo el codo sobre el hombro de Orfeo, recargándose.

—¿"Nosotros"? —preguntó Orfeo, mirando de reojo a su amigo.

—Sí, nosotros, somos amigos, ella es parte de nuestro grupo ahora, de nosotros —explicó Jamian, con tono obvio.

—Si terminan nos quedamos con ella —de inmediato, Misty se acercó a Orfeo y le regaló una sonrisa brillante—. Ya no queremos verte si eso sucede, somos más sus amigos que los tuyos, ¿de acuerdo?

—Oh… Honestamente lo entiendo —Orfeo alzó los hombros y aceptó la sentencia. Si él estuviera en esa situación haría lo mismo—. Pero si eso pasa quiero que todos ustedes me paguen todas sus deudas antes de desaparecer de mi vida para siempre.

Los chicos asintieron conformes con el ultimátum de Orfeo y se dispusieron a continuar con sus juegos y apuestas improvisadas. Sería demasiado gráfico describir la masacre que Shaina y Marín ejecutaron ese día, sólo basta con decir que gran parte de los donativos de esa tarde vino de Dante, Babel y Algol, quienes se negaban a aceptar la derrota.

A pesar de la derrota y el dinero "donado", Misty estaba disfrutando de día, nada de una buena tarde-mañana con sus amigos, lanzando dardos, ayudando a Marín y sus chicos, y viendo a sus amigos discutir sobre a dónde irían a ver los partidos del Mundial.

—Vayamos al departamento de Dio, el sujeto de los negocios sucios tiene una pantalla enorme, cerveza, chucherías… —dijo Ptolemy, pensando en lo bien que se la pasaban cuando veían los partidos de la Champions en el departamento del mexicano.

—Es cierto, le enviaré un mensaje a Dio para avisarle, espero mucha cerveza para ver a mi héroe Cristiano Ronaldo en acción —Jamian y Moses de inmediato hicieron la pose de celebración de su ídolo del balompié y gritaron el famoso "Siu" que provocó que Shaina rodara los ojos.

—Si ustedes van a ver su fútbol entonces nosotras haremos algo mejor, ¿verdad, Marín?

Marín asintió no del todo segura. Estaba en medio del evento de una institución que ella manejaba, cuando el susodicho terminase tenía trabajo, contabilizar, analizar si fue un éxito o no, prepararse para ser despedida, empacar sus cosas, decirle a los chicos que ya no podría volver a verlos nunca más…

La pelirroja era demasiado extremista cuando se trataba de su trabajo, cuando se ponía de esa forma, Misty era la mejor opción para calmarla, al igual que Dio, quien siempre tenía los mejores comentarios para desviar la atención; el resto de los chicos se encargaban de las palabras de ánimo, palabras honestas. Moses reconoció que era muy posible que sí la despidieran, pero que al menos se iría con estilo, mientras que Misty le recordó que podría pedirle empleo a las personas que habían organizado todo el asunto.

Pudieron meterla en problemas, pero habían organizado un buen evento, reconocieron todos. Los terrenos del orfanato estaban decorados con luces led y algunos foquitos que se encendieron apenas comenzó a anochecer. El olor a comida permeaba en todo el lugar, sin mezclarse hasta el punto de resultar grotesco, las risas del público y sus conversaciones en voz alta le daban la vibra festiva al evento. En todos los rincones había gente donando para la noble causa que los convocaba, algunos por compromiso ante los conocidos que los observaban, otros más con gusto por ayudar, y varios más ya hasta habían olvidado los motivos del evento y sólo disfrutaban de lo que les ofrecían; sino eran juegos de destreza o deliciosa comida, optaban por los pequeños juegos mecánicos, en especial la noria.

Era un evento que desentonaba con todo lo esperado, pero eso no significaba que no fuera exitoso.

Justo cuando el grupo de chicos perdía de nuevo, por una cantidad desconocida para ellos (habían dejado de contar después de la centésima derrota), Eurídice apareció de nuevo, jalando de la mano a un par de chicas, con un tercera siguiéndolas de cerca, charlando con ellas con una enorme sonrisa adornando su rostro.

—¡Chicos! —saludó emocionada en cuanto estuvieron cerca de ellos—. Ellas son mis compañeras de carrera, Kyoko y Celintha, y Lithos. Ellas jugaran con nosotros, no equilibra los equipos, pero al menos ya hay mayor proporción.

La joven presentó a sus amigos con sus amigas uno por uno, y esperó a que todos se acoplaran bajo algunos temas que tenían en común antes de señalar que era hora de regresar a la competencia. A Eurídice le emocionaban las competencias, era una persona sumamente adorable en todos los sentidos y momentos, excepto cuando había una competencia de por medio, entonces se convertía en un fiera competidora que no tenía piedad.

Mientras la nueva competencia se desarrollaba, Algol le sugirió a Misty llamar a la familia, no porque el equipo femenino lo necesitase (de nuevo los estaban aplastando), sino por diversión. Para el rubio mayor, la idea sonó interesante, desde que llegaron al evento estaba esperando algo de convivencia familiar, pasar el rato con sus hermanas, alejar los agobiantes pensamientos sobre el trabajo y simplemente disfrutar de la vida diaria. La idea de ayudar a los jóvenes huérfanos, aunque buena, sólo era una justificación.


Comentarios:

Según lo que he leído sobre la cultura griega, el acto de escupir o hacer el sonido de que lo están haciendo, es para ellos una señal de desear buena suerte. Es algo bueno, no algo malo, por si algún día un griego se cruza por su camino. También leí que el deporte más popular del país es el fútbol, y justo en estos momentos se está llevando a cabo el Mundial, así que nada mejor que una pequeña referencia (y varias más que he hecho antes y seguiré haciendo porque ese también es el deporte estrella de mi México y en lo personal a mí me gusta).

Este es otro de los grupos que he dejado de lado, lamentablemente. También aquí tenemos varios puntos de inflexión, no sólo por sus relaciones con nuestros héroes usuales, sino porque en general ellos solos son un grupo variopinto, y como están casi en blanco, el abanico de desarrollo es más amplio. Espero poder tratar con ellos más en el futuro y no tenerlos sólo como relleno.

Muchas gracias por leer!