Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
Radamanthys se mantuvo en silencio, ignorando los múltiples toques en su puerta. Toda la semana había sido agotadora, el trabajo en STM al lado de Kanon había sido innecesariamente complicado, y que Pavlin lo favoreciera en la mayoría de las veces no ayudaba en nada. Sólo necesitaba un par de días para él, lejos del ruido y para la siguiente semana estaría como nuevo, igual de amargado, pero al menos las ganas de asesinar a alguien habrían disminuido considerablemente.
Sin embargo, no contaba con que Shōichirō saliera justo en ese momento de la ducha y fuera a abrir la puerta, intrigado por los constantes golpes.
—Oh, hola Hades, Hypnos, Thanatos —saludó mientras pasaba un pequeño peine por su todavía húmedo cabello—. ¿Pasó algo? ¿Minos está bien?
—Tuvo un accidente y ahora respira por un agujero en el cuello —dijo Thanatos antes de hacer al joven a un lado para poder pasar—. ¿Dónde está Radamanthys? Llevamos todo el día buscándolo.
—En su habitación, fingiendo que no está para no abrirles… Entonces… ¿Minos?
—Sobrevivió al accidente, pero ahora tiene que comer por el trasero —continuó Hypnos, caminando hacia la cocina mientras Hades iba por Radamanthys.
Actividades como la que estaban por hacer no estaban en su lista de cosas que los entretuvieran. No era que no les interesara, pero ninguno tenía la suficiente voluntad como para hacer algo por otros si no se obtenía algo a cambio. Por eso, cuando Aiacos les dijo que asistiría a un evento de recaudación de fondos (junto con un obligado Minos al principio, porque apenas se enteró de que Celintha también estaría estuvo más que preparado para asistir) ninguno mostró entusiasmo por seguirlo hacia su noble evento; al menos no hasta que Aiacos le recordó a Hades que próximamente sería uno de los abogados de STM, y futuro emperador de los negocios de comida rápida de la ciudad, así que debía asistir para que toda la clase alta de la ciudad conociera a su futuro líder.
Una premisa tentadora que Hades aceptó sin rechistar.
Y como era obvio, no iba a asistir solo, tenía que arruinar el fin de semana de más personas.
—¿Y desde cuándo a ustedes les interesan los eventos de caridad? —se quejó por quinta vez Radamanthys de camino al evento.
—Ohh, Radamanthys, ¿cómo puedes decir eso? —dijo Thanatos, mostrando una exagerada mueca de ofensa— Siempre nos hemos preocupado por los pobres, y el medio ambiente, el pobre medio ambiente y todas esas cosas…
—Sí, somos gente con mucha conciencia social… —concordó Hypnos— Hades, el semáforo está por cambiar, acelera.
—Creo que sé de qué evento estan hablando —entre su hermano y Thanatos, Shōichirō sacó su celular para buscar los mensajes que habían dejado en el grupo de músicos.
Apenas comenzaron las clases en el Conservatorio, Shōichirō se había inscrito en todas las actividades abiertas para completar su currículum. Quería empaparse por completo del país en el que su hermano mayor vivía y quería contarle a su gemelo en su natal Londres cientos de nuevas anécdotas. Así fue como terminó tocando con un extraño grupo de músicos a domicilio, como reemplazo, pero al fin como parte de un grupo.
—¿Deberíamos comprarle algo a Minos? —preguntó en voz alta, pensando en el accidente y sus trágicas consecuencias que le habían relatado.
—Yo no le voy a dar nada a Minos después de que el idiota utilizó un aerosol y un encendedor para quemar el osito que le regalé…
—Thanatos, tú le dijiste que lo hiciera.
Radamanthys rodó los ojos. Omitió añadir que en realidad el osito se lo habían regalado a Thanatos y él sólo se lo había arrojado al rostro a Minos con una incendiaria propuesta. Cuando los gemelos comenzaron a hablar sobre sus desventuras nocturnas con chicas que apenas conocían, el rubio cubrió los inocentes oídos de su hermano menor para que no escuchara esas cosas, e intentó ignorar a todos el resto del viaje.
Todo lo que quería era descansar, leer un buen libro, escuchar a su hermano practicar y beber un botella de whisky él solo, tal vez emborracharse todo el fin de semana.
Pero en lugar de eso, se encontró en medio de un evento de beneficencia, con un montón de gente y ruido a su alrededor, recibiendo empujones, esquivando platos de comida, y jóvenes llenos de vitalidad corriendo de un lado al otro.
—¿Este no es el hogar de Shunny? —Hypnos miró a su alrededor, casi seguro de que ya había estado en esos terrenos, de noche, esperando a que Ikki apareciera con el esqueleto de su gemelo.
—Sí, no puedo creer que no me dijera nada —murmuró Hades—. Después de todo lo que he hecho por él, soy su mentor, su modelo a seguir, su figura paterna… estoy orgulloso de él.
—Pues todo tu orgullo quedará aplastado cuando te diga que no eres nada de eso para él.
Apenas llegaron al evento Shōichirō le dijo que se iría con su grupo musical, lo que fue un alivio para Radamanthys, al ver a su pequeño hermano lejos de la pandilla que lo rodeaba. Después se encontraron con Aiacos y Violate, ambos disfrutando de una pequeña cita que provocó burlas de parte de los gemelos y Hades. Eso los llevó a ese momento, cuando Violate estaba por vengarse dicíendole algo cruel y merecido a Hades; Radamanthys sólo aprovechó la distracción para distanciarse, a veces un hombre necesitaba alejarse de sus amigos y descansar, pasar tiempo a solas, disfrutar de sí mismo.
Radamanthys caminó entre la gente, buscando un lugar lejano, donde no hubiera muchas personas, aún pensando en comprarse una botella de whisky y al menos cumplir una de las cosas en su lista de tareas. Tan entretenido estaba que no se percató de la pareja que estaba por chocar contra él hasta que fue demasiado tarde, y recibió un empujón por la espalda que lo desequilibró.
—¡Oye! —se quejó al mismo tiempo que volteó, listo para entrar en una pelea. Tal vez un encuentro violento a puros golpes era lo que necesitaba para desestresarse.
Sin embargo, en lugar de comenzar a amenazar, Radamanthys se quedó sin palabras. Ahora frente a él estaba Pandora, con una palidez anormal en ella, sosteniendo del brazo a un tipo de cabello negro azulado corto y una camisa blanca debajo de una chaqueta negra de cuero.
Radamanthys miró de él a ella y de ella a él. Ni siquiera pudo abrir la boca para decir algo, Pandora se acercó a él rápidamente, cubrió la boca de Radamanthys con una mano y ambos se alejaron, dejando al desconocido acompañante a solas.
—Escucha Radamanthys, no puedes decirle a Hades nada de esto, ni que me viste, ni con quién me viste, ni en donde me viste, nunca, jamás, ¿entiendes? —murmuró, con un tono amenazador muy parecido al que Hades solía utilizar.
—¿Estás saliendo con alguien? —sin dejarse intimidar, Radamanthys miró hacia donde se había quedado el desconocido, que los miraba intrigado.
—Eso no es de tu incumbencia.
—Se convirtió en mi problema cuando comenzaste a amenazarme… de por sí Hades se acaba de llevar una decepción…
—¿Violate ya le dijo que no es el ejemplo a seguir y figura paterna de Shun?
Radamanthys asintió una vez y volvió a mirar al sujeto que los esperaba. Por lo general siempre se mantenía alejado de los chismes entre sus amigos, pero en esa ocasión estaba intrigado por el secretismo de Pandora; se preguntaba si a ella le avergonzaba el sujeto extraño, si Hades planearía algo contra el sujeto, si él al fin golpearía en el rostro a alguien.
—No le diré nada, pero ten por seguro que me debes más que un favor.
—Suena justo —concedió Pandora—. Tu archienemigo, Kanon, está por aquí.
Radamanthys gruñó. No haría más preguntas como agradecimiento por esa pequeña información, pero sólo por ese momento. Alerta, se despidió de Pandora con un ademán, volvió a mirar a su novio para grabarse los detalles más importantes de él y poder compartirlos con Minos y Aiacos y se fue a buscar un lugar especial para poder estar en soledad.
Después de varias vueltas por el lugar, seguro de no haber visto a Kanon pero sí al amigo de Hades, Valentine, y Milo, paseando juntos, logró encontrar a Minos, junto con Celintha para variar y otras dos personas más. Aunque por un momento pensó en pasarlos de largo y continuar buscando su lugar lejos de la gente, optó por acercarse a Minos, sabiendo que el peliblanco siempre era una fuente constante de ideas arriesgadas que ayudaban a desestresarlo, ideas incendiarias en su mayoría, pero buenas ideas.
—... nah, imposible que muera al menos el diez por ciento de la población, el ser humano es como una cucaracha, te apuesto a que no moriría ni el cinco.
—Eso si tienes en cuenta que toda la gente en todo el mundo seguiría las medidas sanitarias, Lawless, eres demasiado optimista.
—Estoy de acuerdo con el rubio, el noventa y cinco por ciento de la población es estúpida en más de un sentido… —Minos se interrumpió cuando vió a Radamanthys acercarse con expresión seria— Radamanthys, Aiacos me dijo que tu infeliz trasero se estaba paseando por este lugar. Únete a la charla, hablamos sobre la posibilidad de una enfermedad mundial, una pandemia tal vez.
—Sería algo parecido a…
—Gripe —dijeron todos los presentes, interrumpiendo a Radamanthys. Minos, a su lado, pasó su brazo por sus hombro y continuó con una sonrisa en el rostro—. Dysnomia cree que los sistemas sanitarios del mundo colapsarán, Shaka apuesta a que algún idiota provocará compras masivas de algún producto innecesario, yo creo que muchos idiotas morirán, y Celintha está segura de que la gente, enclaustrada en casa, revolucionará la manera en la que nos entretenemos.
A Radamanthys no le sorprendía que Minos sostuviera esa clase de conversaciones, le sorprendía que encontrara con quien hablar sobre ese tipo de cosas fuera de él o alguno de sus conocidos.
Todavía podía recordar cuando llegó al país, lo joven y serio que era. Pudo haberse quedado solo debido a su hermética forma de ser, pero Minos y Aiacos básicamente lo adoptaron y lo convirtieron en uno de los suyos, su amigo, la tercera punta de su tridente, Hades siempre fue el líder nato que no se juntaba tanto con ellos para diferenciarlo del resto.
Pero aún así necesitaba un tiempo lejos de ellos, lejos de sus maquiavélicos planes para conquistar el mundo de la comida rápida griega, hazañas de conquista con chicas desconocidas, salidas de pareja con la novia de casi toda la vida o novio secreto, y conversaciones sobre una probable catástrofe mundial.
Solo un par de minutos, necesitaba salir de ese lugar y alejarse de la gente. Así fue como terminó rodeando el edificio del lugar y encontrando a un grupo de adultos, aún más mayores que él, que estaban reunidos, algunos fumando, y todos sosteniendo vasos de humeante café.
—Alguien viene —dijo uno de ellos, interrumpiendo las carcajadas. Un rubio que se parecía mucho al rubio que estaba con Minos, al que había dejado en medio de sus teorías apocalípticas.
—Lamento interrumpir, señores, estaba buscando un lugar para estar solo —se disculpó y explicó Radamanthys, recordando la formalidad que usaba su hermano—. Hay mucha gente esta tarde.
—No te disculpes, chico, siéntate con nosotros —le dijo de inmediato uno de ellos, moviendo la mano para indicarle que se acercara—. Ese niño habla igual que tú cuando llegaste al país, Asmita.
—Estoy de acuerdo con Manigoldo, eras tan estirado…
—¿Era? —preguntó Asmita, ya algo pasado de copas.
—Aún lo eres, Asmita, aún lo eres, en mi corazón aún eres algo estirado —le dijo Alone, dándole un par de palmadas en el hombro a su amigo—. Defteros, dale un café al chico, parece que tiene frío.
—Oh, no es necesa…
Radamanthys guardó silencio cuando Defteros le pasó un vaso de café y le guiñó un ojo. Ese hombre se parecía mucho a Kanon, un poco más moreno, pero se parecía lo suficiente como para irritarlo, así que Radamanthys rápidamente le dió un trago al humeante café. Apenas sus labios tocaron el amargo líquido, detectó que no todo lo que había en el vaso era café, también había algo más, algo bueno, algo que él había esperado tomar en todo el día.
—Debo decirle a Minos y Aiacos —dijo, sacando su teléfono—... Un momento, creí que el alcohol estaba prohibido en este lugar.
—Está prohibido si no conoces al dueño —señaló Defteros, volviendo a guiñar un ojo—. ¿Cómo te llamas, niño?
Radamanthys le dió otro sorbo a su café, esa tarde no estaba resultando como la esperó, pero comenzaba a no quejarse. A veces uno necesita tomarse un café con algo extra agregado y charlar con un montón de extraños para relajarse.
