Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.


—¿Es necesario que se vean así?

—Así se ven todos los días.

—Sí pero… Hay alguna gente esperando y he visto que todos están trajeados y lucen tan… elegantes, ¿no deberíamos vernos así también?

—Marín, si no te conociera mejor pensaría que quieres aparentar algo que no son.

—Los mejores pantalones de todos están llenos de hoyos, Seiya ya tiene una mancha de comida en la ropa, la camisa de Geki está arrugada a pesar de que la planchamos hace cinco minutos…

—Pondré en la lista comprar ropa nueva… y vacaciones para el personal.

—¡¿Qué estás insinuando?!

Ikki negó con la cabeza y con un codazo le indicó a Shiryu que salieran de la habitación, no era necesario que los chicos se quedaran a presenciar otra discusión entre Marín y Shaka. La razón en esa ocasión tenía que ver con el debut de su gran evento y el inicio de todos sus planes; ya que Ikki y Seika trabajaban como "ayudantes" en el orfanato para justificar por qué después de su mayoría de edad todavía seguían viviendo en el lugar, ellos estaban enterados de todo y sabían que Marín aún tenía algunas dudas con respecto a qué tan buena idea era organizar todo eso.

Una vez que los adolescentes salieron silenciosamente de la habitación, Ikki se sentó sobre el escritorio de Marín y sacó su teléfono celular para merodear un poco en sus redes sociales mientras las cosas se calmaban con los adultos y le decían, por fin, si también podía salir a divertirse con los demás o tenía que quedarse a hacer algo.

Entretanto, los más jóvenes se quedaron en el salón principal, ansiosos; todos esperaban el momento en el que las puertas se abrieran al público y el evento por fin diera inicio. No todos los días tenían la oportunidad de ser los protagonistas de algo tan importante como eso, además de que les habían prometido comida, diversión y nuevos cambios para el final del día.

Era un momento importante que todos recibieron con una sonrisa en cuanto Marín cortó el listón ceremonial y dió por iniciado el evento caritativo. Sin perder el tiempo, los chicos se apresuraron a los puestos, todos separándose para ser los primeros en recibir sus merecidas porciones de comida gratis para ellos. Mientras ellos se movilizaban y los visitantes entraban, Marín y Violate se quedaron en la entrada, saludando a la gente, esperando que ninguno de los chicos se metiera en problemas.

Poco a poco el evento se fue llenando, de gente mayor, jóvenes adultos, y algunos adolescentes bien vestidos. Hyoga, que caminaba de la mano de Erii por el evento, se percató de eso casi en seguida; esos chicos elegantes miraban a la gente como él de forma diferente, se reían por lo bajo cuando veían a Nachi e Ichi charlar sobre cosas superfluas, señalando sus sencillas vestimentas...

—Estúpidos prejuiciosos —murmuró, llamando la atención de Erii que hasta ese momento miraba con curiosidad el lugar dónde vivía su novio, sin prestarle atención a la gente.

—Hyoga, no les hagas caso —señaló la chica en cuanto notó lo que molestaba a Hyoga—. Si le das importancia ellos continuarán pavoneándose como si fueran los reyes del mundo, mejor hagamos algo, algo divertido, sólo tú y yo.

Hyoga miró a Erii con una sonrisa, ella siempre lograba animarlo. Pensó en algunas actividades que pudieran interesarle a la chica, al menos hasta que el teléfono de Erii sonó y ella recordó que ya tenía planes con sus amigas, de pasar el día todas juntas. Tras explicarle rápidamente a Hyoga el asunto, Erii se fue dejando al chico solo y algo confundido, no esperaba ser dejado de lado a cambio de Freya, Miho, June, Shunrei, Saori y la amiga de Saori cuyo nombre aún no se aprendía. Sin muchas opciones caminó a lo largo y ancho del evento buscando a sus amigos, siendo que el primero que encontrase fuera Isaac.

—¿Y ese milagro que no estás con Erii? —preguntó el peliverde en cuando chocó puños con su amigo.

—¿Y ese milagro que no estás usando el uniforme de la escuela? —respondió Hyoga, alzando una ceja.

—Nah, no me quieras cambiar de tema, ¿problemas en el paraíso?

—Nada de eso, Erii está con las chicas —Hyoga alzó los hombros—. Hay que buscar a Hagen y los demás.

—¿Tengo acceso privilegiado y comida gratis como todos los demás?

—Claro que no, tú pagas, y lo doble por tratarse de tí.

Isaac suspiró resignado y siguió a Hyoga en búsqueda del resto de sus amigos, lo que terminó resultando infructuoso, puesto que al único al que encontraron fue a Hagen, saliendo del pequeño carrusel en el que había, en su mayoría, niños menores. Cuando estaban a punto de darse por vencidos, algunos de los amigos de Isaac del Lykeio se acercaron al chico con sonrisas petulantes, ignorando por completo a Hyoga y Hagen.

Isaac podía definirse a sí mismo como un chico sociable, no podía pasar más de una hora sin charlar con alguien, además de que Kaza siempre le insistía que debía extender su círculo social y conseguir contactos en todos los lugares disponibles, así que naturalmente conocía a algunos chicos de su escuela. Pero que los conociera no significaba que esos chicos fueran sus amigos, simplemente eran chicos con los que pasaba el tiempo; además, a Isaac no le había gustado la forma en la que ignoraron a sus amigos.

—... estaba pensando que mejor podríamos ir a mi casa y hacer algo de más relevancia —dijo uno de ellos, mirando a Isaac—. ¿Te unes?

—No lo sé —Isaac fingió pensarlo—. Esto es muy importante.

—Vamos Isaac, no seas aburrido, nos divertiremos.

Isaac estaba apostando por una negación tranquila, sin problemas, al menos hasta que sintió que alguien se apoyaba contra él y encontró a Seiya a su derecha, con Jabu no tardando en aparecer a su izquierda.

—¿Te están molestando, Isaac? —preguntó Seiya.

—No, todo está bien.

—¿Estás seguro? —Jabu alzó una ceja mientras ajustaba sus guantes.

—¿Molestando? ¿Quienes creen que son para venir a atosigar? —preguntó uno de los chicos.

—Sí, si alguien está molestando son ustedes —coreó otro.

—¿Nosotros? Nosotros sólo venimos a apoyar a nuestro amigo —señaló Nachi, adelantándose para señalar a Isaac.

—¿Amigo? De seguro Isaac los trae como sus sirvientes.

Como espectador, Hagen miraba de un lado al otro el intercambio de insultos entre los chicos de distinta clase. No sabía en qué momento se habían acerado el resto de chicos del orfanato, pero no le alegraba tanto verlos considerando que parecía que en cualquier momento iban a pelearse. Era curioso para Hagen estar ahí, teniendo en cuenta que el año anterior pensaba que los chicos del orfanato eran extraños, demasiado ruidosos y problemáticos, pero después de conocerlos, convivir con ellos, ser casi de la familia, no pudo evitar sentirse ofendido por las palabras de los amigos de Isaac.

¿Cómo se atrevían a insultarlos? Sí, no habían tenido suerte en esa vida; sin familia consanguínea, viviendo en un edificio grande y algo aterrador por las noches, sin mucho dinero, sin muchos recursos… El mundo había sido cruel con ellos, pero eso no los detenía. Eran guerreros, luchadores, una familia; para ellos de eso se trataba el evento, la muestra de que no importaba cómo, continuarían luchando por sobrevivir un día más, por mostrarle al mundo que no los iba a derrotar.

Pronto, todos los chicos se encontraron en medio del inicio de una pelea, con algunos empujones y palabras poco decentes, que rápidamente escaló a una disputa más física cuando uno de los amigos de escuela de Isaac sostuvo al peliverde del brazo izquierdo mientras que Hyoga lo sostenía del derecho, dejando a Isaac en medio, siendo jaloneado de un grupo al otro.

Los insultos se repartieron por igual, todos querían que Isaac se quedara con ellos y no estaban dispuestos a cederlo ni un poco, ni siquiera porque Isaac comenzaba a quejarse. Solo se detuvieron cuando el novio de Violate, Aiacos, apareció para separarlos.

—¡Hey! ¿Qué está pasando aquí, niños? —preguntó el joven, parándose justo frente a ellos. Detrás de él venía un peliblanco con las manos en los bolsillos y una sonrisa tétrica.

—Creo que peleaban, Aiacos. Los chicos de ahora ya no se agarraran a golpes como antes.

—¿Dónde está el sentido entonces? Si van a pelear háganlo con golpes, tirense los dientes, con sangre en los nudillos que no sabes si es tuya o de otro, detenganse hasta que uno de ustedes ya no pueda moverse… —dijo Aiacos antes de soltar un suspiro.

—Largo, mocosos, regresen cuando puedan ofrecerme un buen espectáculo —Minos desdeñó a los amigos de la escuela de Isaac con un movimiento de manos. Apenas los chicos se retiraron, confundidos y algo asustados, él se concentró en los chicos del orfanato—. Así que ustedes son el resto de niños que cuida Violate… ¿dónde está el buen Shun? Creo que todavía puedo convencerlo de perforarse las orejas, ya hasta conseguí a alguien que no nos preguntará si es mayor de edad.

—Shun debe estar en algún lugar de poca luz maldiciendo la felicidad, los eventos llenos de gente y los días radiantes —explicó Ban, logrando que el resto de chicos asintiera.

—Justo como nosotros en la adolescencia —le susurró Minos a Aiacos, quien sonrió, recordando esa parte de su pasado.

—De acuerdo chicos, ¿qué tal si vamos por ahí hablando mal de Mitsumasa Kido y convenciendo a excéntricos millonarios de que nos den su dinero?

—Eso fue justo lo que dijo el primo de Shaka —dijo Shiryu, recordando las indicaciones del pelirrojo.

—Bien, pero sólo si después vamos a comer —aceptó Seiya, pensando que minutos atrás Marín no lo había dejado alimentarse bien.

El numeroso grupo pronto comenzó a caminar, todos juntos, con Isaac sobando sus brazos y bromeando con Ichi y Shiryu.

No muy lejos, Shun comía un poco de helado mientras escuchaba la charla de sus amigas sobre música asiática y grupos que él no conocía y nunca había escuchado. Su plan original había sido quedarse en casa hasta que el evento terminara, pero Marín prácticamente lo había obligado a quedarse afuera; después se había encontrado con June y ella lo había bombardeado con decenas de preguntas sobre sus sobrinos que no pudo responder, ya que June no tardó en divisar a Saori y Mii, arrastrándolo para que se uniera a ellas, y olvidando su interrogatorio.

Después se unieron el resto de las chicas y así fue como Shun terminó rodeado de las chicas, que a veces le preguntaban su opinión sobre algunos cantantes asiáticos.

—No lo sé, todos se ven iguales para mí.

—Oh, ¡Shun! ¡¿Cómo puedes decir eso?! —gritó Freya, escandalizada.

—Es un hombre, Feya, todo son igual de amargados —se quejó Saori, cruzando los brazos.

—Sólo digo que todos tienen el mismo estilo… ¿Y qué les hace creer que puedo decirles que chico es más guapo?

—Porque tienes ojos y saber apreciar la belleza no tiene nada que ver con si eres hombre o mujer, o si te gustan los hombres o las mujeres —argumentó Miho, sonriendo ante sus propias palabras.

—Genial… ¿están seguras de que no preferirían hacer otras cosas? Estamos en medio de un evento y ustedes llevan casi una hora hablando…

Las chicas se miraron entre sí, sabiendo que Shun tenía un punto. Desde que se habían encontrado no habían hecho otra cosa que llevar sus conversaciones digitales al terreno real. Mii en especial se tomó en serio ese punto; debido a que sólo podía ver al resto de sus amigas en los días libres, sentía que fuera de Saori, todavía no estrechaba lazos con ellas por completo.

—Deberíamos subirnos a algún juego —dijo después de pensarlo, Isaac le había contado algunas cosas de las chicas para que pudiera encontrar cosas en común que les gustaran.

June era naturalmente curiosa con las cosas más sencillas; al criarse con chicos Miho a veces podía ser algo ruda; a Shunrei le gustaba hablar sobre ciencia, a pesar de que a veces era demasiado callada; Freya amaba el cine europeo, en especial el crudo cine alemán y Erii solía hablar mucho sobre feminismo y movimientos sociales. En su momento, Mii se preguntó cómo Isaac sabía tanto de ellas, y la respuesta del chico sobre cómo sólo sabía escuchar fue suficiente para hacer que algo dentro de ella temblara, era difícil conocer a alguien, en especial de su edad, con esa gran característica.

Lo que Mii no sabía era que Isaac había aprendido eso a base de regaños de Thetis, quien estaba dispuesta a convertirlo en todo un caballero, a diferencia del resto de sus amigos.

—Sí, ya me aburrí de estar aquí —respondió Miho, levantándose de su lugar—. Vayamos a la zona de carros chocones.

Sin esperar a que alguna contestara, Miho dió un salto y comenzó a empujar a Saori y Shunrei hacia donde estaba el juego; todas no dudaron en seguirlas, incluso Erii tomó a Shun de la mano para que el chico no se quedará atrás.

Pronto, todas se estuvieron divirtiendo a lo largo y ancho del lugar, hasta que el Sol comenzó a ocultarse y algunas notaron que se habían separado. Erii y Freya encontraron a Hyoga, Hagen e Isaac y se fueron con ellos a presenciar un improvisado espectáculo que pretendía entretener e incentivar las donaciones; Miho, Saori, Mii y Shun se encontraron con Seiya y Shiryu, y se unieron a ellos en su travesía culinaria, encontrándose en el camino al resto de los chicos; June y Shunrei aún estaban caminando entre los juegos mecánicos, ambas ocupadas charlando sobre la escuela, esperando el día en el que iniciaran las vacaciones de invierno.

Estaban comenzando a discutir la posibilidad de buscar al resto de sus amigos cuando June vió que Shura y algunos de sus amigos estaban cerca. Sin poder evitarlo, una sonrisa, algo malvada y divertida, apareció en su rostro, siendo ignorada por Shunrei que estaba mirando los puestos de comida y pensando en acercarse a algunos de ellos para sentir algo de calor, puesto que la temperatura estaba comenzando a bajar junto con la llegada de la noche. June, en cambio, agarró a su amiga de la mano y corrió hacia los adultos; apenas vió lo que planeaba su amiga, Shunrei sólo pudo sentir que todo el frío que comenzaba a sentir desaparecía en un segundo ante el sonrojo que parecía invadirla por completo.

—¡Hola chicos! ¿Han visto a mis sobrinos?

—¡Tía June! —saludó Shura, dándose la vuelta para ver a las jóvenes por completo— ¡Shunrei!

—Me temo que no he visto a Shaka, pero si lo ves avísame y no le digas que todavía lo estoy buscando —dijo Afrodita—. No sabía que Shijima estaba aquí.

—Oh, bueno, está bien, de todas formas no tenía tanta urgencia por hablar con ellos —dijo rápidamente June aún sonriendo.

Como todo miembro de su familia, aunque no quisiera aceptarlo, June tenía un lado astuto, uno que no tardaba ni un segundo en formular las mejores ideas para salirse con la suya, y en ese momento todo lo que quería era que Shunrei se alegrara viendo a su amor platónico, considerando que desde octubre Shura ya no estaba todos los días en el comedor de la escuela, ayudando a servir la comida, charlando con Camus o dando órdenes. Así que no tardó en pedirle a los adultos, que también incluían a Deathmask y una castaña cuyo nombre no sabía ni le interesaba, que las acompañaran a un juego donde antes no las habían dejado subir por no estar acompañadas de un adulto. Aunque Shura y la castaña no parecieron estar del todo seguros de hacer eso, Deathmask y Afrodita se apuntaron de inmediato.

Después, con otra jugada, June logró convencer a Shura de acompañar a Shunrei, apelando a que él conocía mejor a la joven pelinegra debido a la cercana relación que tenían los familiares de ambos, lo que sin duda ayudaría a Shunrei en caso de que se asustara en el juego. Y mientras June hablaba y manejaba todo, Shunrei se tocaba continuamente las mejillas para asegurarse de que no se viera muy sonrojada, intentaba no mirar demasiado a Shura y en general trataba de que sus neuronas continuaran haciendo conexiones. Las piernas le temblaban, en especial cuando Shura volteó a verla con una sonrisa y se ofreció para acompañarla, señalando que incluso podía tomarlo de la mano si sentía mucho temor.

Para Shunrei, ese día fue como estar en las nubes.

Para el resto de sus amigos, la cosa no fue tan exagerada, pero todos sin duda se divirtieron, en especial cuando pudieron reunirse y pasar lo que quedaba del evento comiendo algunas sobras de los puestos, riendo en voz alta, viendo como la gente comenzaba poco a poco irse mientras ellos continuaban disfrutando de su momento, de ese instante en el tiempo dónde eran jóvenes y de alguna forma habían logrado coincidir en el mundo. Todos ellos, de diversos lugares, con diferentes pasados, habían logrado conocerse y congeniar hasta formar una auténtica amistad, una llena de apoyo y lealtad que todos, aunque ninguno lo dijera, querían que alzase y continuara con el paso del tiempo.