Naruto ni Boruto me pertenecen.
Nota: En esta historia, Neji no murió.
Tíos al rescate
La última vez que Menma visitó la Academia fue cuando Anko lo castigó. A esa mujer se le antojó darle unas pinzas para cejas y llevarlo al patio trasero de la Academia, dándole como orden limpiar cualquier rastro de hierba mala sin el uso de sus habilidades ninja salvo las pinzas que le entregó. Anko era una sádica. Lo dejó abandonado en medio del patio con mocosos viendo todo a través de las ventanas, entre ellos la versión enana de Naruto de aquel entonces, Konohamaru, gritándole cosas sabiéndose protegido al interior del aula y teniendo a Iruka-sensei al frente cuando quiso golpearlo.
Suspiró mientras sentía una pesadez en todo el cuerpo, como si quisiera fundirse con el asfalto y quedarse ahí por siempre. O por lo menos hasta que esa estúpida actividad se terminara.
Desde lo sucedido con Anko esa vez, Menma esperaba nunca volver a pisar la Academia. A comparación de Naruto, él no guardaba gratas memorias y no le resultaba nostálgico; no representaba nada para él dicho edificio salvo una institución que le ayudó a desarrollar sus habilidades ninja.
Sin embargo, ahí se encontraba, en la entrada, observando desde su posición los coloridos puestos con comida, juegos del tiro al blanco o venta de productos hechos por los alumnos, debatiendo si después de que el asunto terminara podría asesinar a Naruto por obligarlo a hacer las cosas que él como padre debería hacer.
Desobligado —pensó con el ceño fruncido, avanzando por el camino principal. Ni siquiera pensaba mirar, caminaba directo al auditorio de la Academia donde Boruto iba a participar en la obra de teatro de la cual su salón se había encargado este año.
—Oh, Menma-kun, ¿tú también viniste?
El shinobi detuvo sus pasos cuando una figura cubierta totalmente de verde lo interceptó. Reconoció ese corte de bowl de inmediato.
—Lee.
El susodicho le mostró una sonrisa deslumbrante, podría cegar a cualquiera.
—Es bueno verte por aquí, hace tiempo que no nos vemos. No importa cuánto pueda arder tu llama de la juventud, también es necesario…
—¿Viniste por tu cría, no? —interrumpió los discursos del cejón, no teniendo la paciencia para aguantarlo.
Rock Lee ignoró lo dicho por el azabache y asintió, lucía orgulloso.
—Así es. Le dije a Metal que por nada del mundo me perdería su obra de teatro. ¡Quiero ver cómo mi hijo demuestra su llama de la juventud en su papel de hoy…!
—Ya —el rostro de Menma lucía fastidiado. De todas las personas que se tuvo que topar, ¿por qué había sido ese payaso?
—Supongo que has venido también a ver a Boruto-kun, ¿no es así?
—Puedes decirle de ese modo —masculló, desviando la mirada.
Esa mañana fue citado a la Torre Hokage, según Shikamaru tenían una misión importante para él. Arregló lo necesario por si era necesario salir de la aldea, sin embargo, cuando llegó a la oficina, viendo a un rubio Hokage que envejecía cada día y los papeles en su escritorio solo aumentaban con el transcurso de las horas, ese par de malditos lo habían engañado haciendo pasar la asistencia a la obra teatral de su sobrino como una misión de rango especial.
No odiaba a su sobrino, era de los pocos niños que soportaba y no solo porque eran familia. Conocía a Boruto desde bebé y éste no le tenía miedo, en lo absoluto. Generalmente los niños le temían por su rostro serio y su mal humor, pero nadie le podía culpar, no era su obligación lidiar con mocosos ruidosos. Agradecía que aún fuera un ninja de rango especial o sino Iruka lo hubiera reclutado —como Anko— para ser parte de los profesores de la Academia.
—Estoy seguro que al pequeño Boruto le alegrará verte aquí. Su llama de la juventud arde con la intensidad de mil soles cuando estás presente —añadiendo fuerza a sus palabras, el empleador del taijutsu más poderoso de Konoha alzó un pulgar, sonriente, mientras Menma le miraba sin inmutarse.
—Ajá…
—¡Lee, se supone que debes estar en el puesto de curry, ayudando a Gai-sensei!
Una Tenten que lucía bastante molesta iba en su dirección, con el ceño fruncido. Sintió que el payaso de verde temblaba, como si apenas se acordara que tenía obligaciones por hacer. Cuando la castaña de chonguitos se dio cuenta de la presencia de Menma, le miró, confundida, como si fuera extraño verlo ahí.
—¿Menma? ¿Qué haces aquí…?
—¿Desde cuándo a ustedes les interesa lo que haga o no? —masculló Menma. Él era el que siempre hacía las preguntas, no al revés—. Metiches.
—Hey, solo preguntaba —se quejó la castaña, volviendo a fruncir el ceño, enojada por las palabras del gemelo—. Además, si es por lo de Boruto, Hinata-chan le pidió a Neji venir cuando Naruto le dijo que estaría…
—¿Le pidió a Neji qué…?
Antes de que la ninja experta en armas le respondiera, una figura se acercaba a ellos, luciendo fastidiado. Reconocía esos ojos blancos en cualquier lado así como el cabello largo de tonalidad castaño. Se sintió irritado al reconocerlo.
—Hyuga —saludo con fría cortesía, misma que fue recibida por el susodicho, pues solo emitió un "Hmp", igualitos a los que Sasuke Uchiha soltaba desde mocoso.
—No esperaba que asistieras —musitó con calma el Hyuga, observando al azabache.
—Imposición directa del Séptimo. No fue voluntario.
—Eso cualquiera puede adivinarlo, nunca fuiste afín a este tipo de eventos.
—Lo mismo digo, Hyuga.
Los compañeros de Neji se sintieron incómodos por la repentina tensión del ambiente.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Menma, alzando una ceja.
Neji solo le miró y explicó con tranquilidad.
—Hinata-sama me pidió que asistiera al evento de Boruto, se adelantó al hecho de que el Séptimo no podría así que me pidió hacerlo. Me encontraba libre así que no tuve motivos por los cuales negarme.
—Ah. Ya veo.
—Puedo ver que no fuiste avisado.
—Obviamente no.
Neji asintió.
—Creo que puedes regresar a tus tareas. Yo me haré cargo a partir de ahora…
—Aunque eso resulte tentador, es una misión, y debes saber, Hyuga, que estoy en servicio, no puedo hacer de la vista gorda —gruñó el Uzumaki, frunciendo el ceño, sintiendo como si Neji quisiera restarle importancia a su presencia—. Además que no se te olvide que Boruto es mi sobrino.
Tenten pudo jurar que Neji casi activó su Byakugan pero decidió dejar pasar aquel comentario por parte de Menma y simplemente guardó sus manos en las mangas de la yukata que usaba, misma que realzaba sus finos rasgos.
—Si se trata de una misión entonces no hay mucho que pueda hacer, Uzumaki. Sin embargo, dado que la petición me la pidió Hinata-sama, no puedo ignorarla yo tampoco. Así como tú, yo también considero a Boruto importante para mí.
Ni Lee o Tenten necesitaban un doujutsu especial para poder ver los rayos de rivalidad brotar de las miradas de ambos hombres.
—Me da igual —contestó Menma, bufando y metiendo sus manos a los bolsillos de su pantalón ninja—. No es como si me importara.
—Eh, caballeros, por favor —intentó calmar la situación Tenten, nerviosa y agitando sus brazos. No quería que el festival de la Academia se estropeara por una pelea entre ese par—. ¿P-Por qué mejor no nos adelantamos? La función casi comienza y es buena idea alcanzar lugar…
—Sí, eso es razonable —secundó Neji, sonriendo levemente—. En nuestros tiempos no teníamos el tiempo para este tipo de eventos, estoy seguro que todos en la aldea estarán esperando ansiosos. No podemos correr riesgos.
—Digna respuesta, como se esperaba de ti, Neji, mi rival —asentía a lo dicho Lee.
Menma decidió ignorarlos y adelantarse, sería molesto no alcanzar silla para ver la obra de teatro. Ni siquiera sabía de qué se trataría pero podía asegurar que una obra dirigida por unos mocosos no sería la gran cosa. Sin embargo, sonrió maliciosamente, podría sacar provecho de ello y en el futuro abochornar a Boruto.
—¡Pero, Anko-sensei…! —Chocho se quejaba con sus mejillas infladas, sintiendo que aquello era la injusticia más grande que jamás había recibido en su joven vida.
—No es no, el vestuario casi ni te queda y si sigues comiendo más dulces, todo se arruinará.
—Eso lo entiendo —la morena le mandó una mirada acusadora— pero ¿por qué se está comiendo usted mis dulces? ¡Eso es injusto, Anko-sensei!
—Nunca debes desperdiciar la comida. ¿No te enseñé esa valiosa lección? Especialmente si es algo delicioso —los ojos marrones de la mujer brillaron con maldad cuando consumió la última golosina.
Chocho hizo una mueca pero decidió no continuar. Por más cariño que Anko le tuviera, estaba segura que no le impediría recibir una paliza por parte de la mayor si seguía presionando con el tema. Además, no es como si pudiera ganarle a su sensei.
—Ahora regresa, debemos estar preparados cuando de inicio la función.
—Sí…
Vio cómo la niña regresaba, dando pasos graciosos debido a su disfraz de mariposa —muy acorde a su nombre—, a donde sus compañeros estaban reunidos, ajustando disfraces, detalles finales, líneas del libreto y cualquier otra preparación.
Todos los profesores habían hecho una rifa para dejar al azar quién se encargaría de la obra de teatro principal para el festival de la Academia de ese año; Iruka había sido el más entusiasta pero como actual director no tenía demasiado tiempo para organizarse así que dejó todo en manos del responsable, la cual —para su mala fortuna— había sido ella.
¿Qué podía hacer? Ella misma aceptó el trabajo en la Academia y por ningún motivo Iruka la dejaría de ir cuando él reconocía sus habilidades como kunoichi, mismas que podría transmitir a las nuevas generaciones. Además, Iruka la había sobornado, diciéndole que le daría unos dulces de lujosa colección si llevaba a cabo sus responsabilidades y ayudaba a dirigir la obra sin problema alguno.
—Vaya, vaya.
El rostro de la mujer se tornó pálido cuando reconoció aquella burlona voz. Casi con miedo de que sus peores temores se volvieran realidad, Anko se giró para toparse con unos ojos azules muy brillosos acompañados de una sonrisa amplia como la de un zorro cínico sonriente.
—¿Tú…? ¡¿Qué haces aquí?! —exigió saber la mujer, con las mejillas sonrojadas viendo la figura de Menma Uzumaki ahí—. Esto es un evento para padres de familia, ¡tú no tienes nada qué ver…! —repentinamente los ojos de la mujer se agrandaron, acercándose a una velocidad extraordinaria a la figura del Uzumaki, hablando casi en secreto—. ¿A menos que Boruto sea realmente tu hijo y…?
—Dime, ¿últimamente las novelas cursis que ves te han lavado el cerebro? —Menma frunció ante la sugerencia de Anko.
—Bueno, no hay explicaciones del por qué estás aquí en lugar de Naruto… Digo, el Séptimo. Él es el padre de Boruto.
—Y un Hokage muy ocupado que le asigna sus obligaciones paternales a otros, como a mí.
—Oh, ¿con qué es eso, eh?
—¿Por qué otra cosa más sería…?
—Oh, por favor —la mujer le dio un codazo que casi le rompieron una costilla—. Conmigo no te hagas fuerte. Si hubieras querido, fácil pudiste rechazar venir aquí pero en el fondo lo hiciste por tu sobrino favorito —los ojos de la mujer brillaron—. No me puedes engañar, te conozco desde que eras un mocoso que ni me llegaba a la cintura.
—No digas…
—¡Menma-ojichan!
La sonrisa de Anko se amplió hasta las orejas cuando vio la figurilla de Boruto asomarse, vestido como pirata y un parche en su ojo derecho mientras el visible resplandecía de anhelo al ver al ojiazul.
Se acercó a él corriendo, no midiendo la velocidad ni la fuerza con la cual impactó su cabeza contra su ombligo, quitándole por un segundo el equilibrio.
—No tienes por qué ser tan ruidoso, Enano —masculló al menor con el ceño fruncido pero sin quitárselo de encima.
—Lo siento —se separó de él pero sin quitar su juvenil sonrisa ni el brillo en sus ojos—. Es solo que me sorprendiste, Menma-ojichan, no esperaba verte aquí. Pensé que tendrías trabajo, como el viejo, y no tendrías tiempo. Incluso mamá me avisó que vendría Neji-ojichan en su lugar —el rostro infantil de Boruto no dejaba de iluminarse—. ¡Pero que tú también estés aquí me alegra!
—¿Crees que me perdería tu obra? —alborotó sus dorados cabellos, similares a Naruto pero que eran suaves al tacto y sedosos—. Claro que no —mostró una sonrisa maliciosa—. No me perdería de ninguna manera la oportunidad de burlarme de ti en el futuro.
Los ojos felices de Boruto se abrieron con sorpresa y mostraron miedo.
—¡E-Eso no es justo, Menma-ojichan!
—Muy tarde. Planeo tomar muchas fotos para el recuerdo.
Anko, quien se mantuvo en silencio durante toda la conversación entre tío y sobrino, sonrió pero sin ningún toque de malicia o crueldad, fue una sonrisa sincera. Era raro ver a Menma en su faceta de tío y ser lo más cercano a un ser humano sin esa nube negra siguiéndolo.
Hacía unos momentos, cuando supo que su padre no iría a la obra, Boruto se mostró apagado, el entusiasmo con el que se mostró esa mañana, presumiendo el disfraz que su madre le había hecho se borró cuando Hinata, por medio de la dirección, le dijo que su padre tenía mucho trabajo que hacer y no podía ir a verlo. No importaba que su madre, hermanita, tía Hanabi y tío Neji estuvieran presentes, quería que las sillas estuvieran llenas con la gente que le importaba. Pero Menma solo tuvo que hacer acto de presencia y esa sombra en el rostro jovial de Boruto se fue, dejando paso a un niño sonriente y feliz.
—Suficiente, Boruto, ya tendrás mucho tiempo para seguir hablando con tu tío. Ahora regresa y avisa a tus compañeros que en quince minutos comenzamos. Por el ruido que hay detrás de las cortinas, el auditorio está casi lleno.
Boruto hizo una mueca, no quería despegarse de su tío, no sabía si después de esto tendría que volver a sus actividades ninja. Quería aprovechar todo el tiempo posible con él.
—Haz caso, Enano, a lo que Anko-sensei dice —Menma no desaprovechó la oportunidad de burlarse de la mujer que sonrió ante el gesto con una intensa aura asesina rodearla—. Prometo que cuando termines te llevaré a comer una de esas hamburguesas que tanto te gustan.
—¡¿De verdad?! —casi podía dibujarse una galaxia entera por el constante brillo en los ojos de Boruto que veían a su tío con adoración.
—Sí, sí, sí. Ahora vete.
—De acuerdo, ¡mantén tus ojos en mí, Menma-ojichan, seré el mejor pirata que hayas visto!
El niño se echó a correr, regresando con sus compañeros, luciendo más motivado a comparación de antes, sacándole un suspiro al pequeño Nara que tenía que soportar toda esa energía revolotear del parlante rubio.
—Para ser una obligación impuesta por el mismo Séptimo, se nota que la estás disfrutando —señaló Anko, mirando con interés a Menma que simplemente resopló, dándose vuelta y regresando a la zona del público, sin despedirse.
Pero Anko lo conocía bien. Sabía que estaba demasiado avergonzado cómo para callarla.
Cuando llegó a su asiento asignado, se topó con Neji ya sentado en compañía de la molesta de Hanabi y Hinata con Himawari, quien le saludó contenta de verlo ahí. Incluso los ojos perlados de Hinata se mostraron sorprendidos pero después agradecidos.
—Lamento que Naruto-kun te haya puesto en esta situación, Menma-kun —dijo Hinata lo suficientemente alto por sobre el cuchicheo del público.
Menma simplemente se encogió de hombros.
—No es la gran cosa.
—Curioso, no pensabas eso cuando te vi —comentó Neji, con la vista al frente y haciendo que el Uzumaki gruñera.
—No hagas que utilice mis tácticas de tortura mental contigo, Hyuga.
—Me intriga ver cómo logras someter a alguien con el Byakugan con ese tipo de técnicas, Uzumaki.
—Cállense los dos —Hanabi interrumpió la pelea de ese par, luciendo molesta y amenazando con usar su Byakugan si no se callaban—. Vine a ver a mi lindo sobrino en su primera obra de teatro, ninguno de los dos me lo va a arruinar.
La pequeña Himawari rió cuando ninguno de los hombres peleó más, guardando silencio ante la amenaza de la joven Hyuga.
Hinata sonrió por la dinámica, esperando que con todos ahí reunidos pudieran disfrutar del día y que Boruto no se sintiera triste por lo de su padre.
—¿Quién escribió el libreto de la obra?
—¿Uh? Anko-sensei estuvo a cargo de eso.
—Bueno, eso explica todo —musito Menma afuera de la Academia.
Boruto miró a su tío sin entender mientras su madre removía la sangre falsa que no lograba quitarse de sus mejillas.
Anko Mitarashi había tenido la maravillosa idea de convertir la obra de teatro en una tragedia protagonizada por Boruto en compañía de Sarada cuando se enfrentaron y Boruto perdió su brazo falso, salpicando a los presentes con sangre falsa, alarmando a más de un padre de familia.
Hinata tuvo que taparle los ojos a Himawari, diciendo que era muy joven para ver todo ello mientras Hanabi no dejaba de tomar fotos sin parar para el álbum de recuerdos, halagando los dotes de actor de su querido sobrino y asegurándose de no perder ningún momento mientras Neji y Menma solo miraban en silencio, no entendiendo por qué la historia se había tornado tan oscura cuando supuestamente era un cuento infantil.
Bueno, esa mujer puede tornar cualquier cosa en algo sádico y sangriento —pensó Menma.
—Tu actuación fue la mejor, Boruto-chan —Hanabi no dejaba de abrazar a su sobrino que se quejaba constantemente y le decía a su tía que la podía manchar con la sangre falsa—. Nunca había visto un pirata así de genial como tú.
Aún así el niño se sonrojó y sonrió con orgullo.
—La sangre fue completamente innecesaria —musitó Neji, incómodo con aquel detalle.
Boruto le miró con curiosidad.
—Bueno, Sarada pensó que sería una buena idea y a Anko-sensei le gustó, así que lo agregamos.
—Cómo era de esperarse de una Uchiha —susurraron ambos hombres con el rostro sombrío.
Hinata sonrió un poco nerviosa por la reacción de ellos que ninguno de sus hijos entendía.
—D-De cualquier forma, Boruto —ahora fue el turno de su madre en hablarle, terminando de limpiar cualquier rastro de esa tinta color rojiza en su cara, mirándole con una sonrisa—. Hiciste un gran trabajo.
—Aunque yo casi no vi nada porque mamá me tapó los ojos —mencionó su hermanita, con las mejillas algo infladas—. Pero ella tiene razón, onii-chan, ¡hiciste un genial trabajo!
—Hey, vamos, tampoco es para tanto —dijo el pequeño rubio, mirando hacia otro lado con las mejillas sonrojadas por los halagos.
—Cuando regresemos a casa, haré una deliciosa cena. Estoy seguro que a tu papá le encantará…
—Lo siento, mamá. Menma-ojichan me prometió llevarme a comer unas hamburguesas. Podemos dejar lo de la cena para la próxima.
Hinata se mostró sorprendida de ello, incluso miró a Menma buscando alguna reacción pero éste solo arqueó una ceja.
—¿Tienes algún problema?
—No, en lo absoluto —negó Hinata, no le molestaba que Boruto pasara tiempo con Menma, de hecho le encantaba la idea, sin embargo, Menma era uno de los ninjas que Naruto más confianza tenía (como Sasuke), pensaba que él también estaría ocupado una vez que se acabara el evento…
—¡Yo también quiero ir! —se coló Himawari, yendo hacia la figura de su tío y abrazando sus piernas, mirando esperanzadora a su madre—. ¿Puedo ir, mami?
—S-Si a Menma-kun no le molesta…
—No lo hace —contestó el azabache, acariciando la cabeza de la niña que sonrió con las mejillas sonrojadas.
Neji miró todo en silencio y sonrió para sí sin ser notado. Ese Uzumaki, siempre queriendo ocultar sus sentimientos.
—Bueno, si no hay problemas entonces no puedo decirles que no —dijo Hinata a ambos niños y estos chocaron sus manos, gritando un "¡Yay!" alto.
—Entonces nos vamos —se adelantó Menma, siendo seguido de sus dos sobrinos, no sin antes mirar a Hinata y a los otros dos Hyuga—. Los llevaré temprano a casa.
—Claro, no hay problema —asintió la madre, despidiéndose.
—¡Nos vemos, mamá! ¡Gracias por venir, Neji-ojichan y Hanabi-neechan! —dijo Boruto a modo de despedida para luego caminar al lado de su tío.
Himawari les decía "Bye, bye" mientras tomaba la mano de su tío entre las suyas sin que éste la rechazara.
—¡N-No le causen muchos problemas a Menma-kun! —alcanzó a gritarles Hinata.
Neji y Hanabi se despidieron con unas sonrisas por el gesto del par de hermanos y cuando no los vieron más, Hanabi suspiró.
—Esto es injusto.
—¿Hm? —se preguntó Hinata, observando a su hermana menor que parecía hacer un mohín.
—Boruto-chan y Hima-chan prefieren más a ese gruñón que a nosotros.
Hinata negó de inmediato.
—E-Eso no es cierto, Hanabi-chan. Los niños los aman, es solo que no ven con frecuencia a Menma-kun, creo…
—No haga caso a lo que Hanabi-sama dice, Hinata-sama. Solo está celosa —tranquilizó el Hyuga mayor a su prima, dándole un ligero golpe a la cabeza de la castaña que se quejó, mirándole con fulminantes ojos.
—Hey, Neji, deberías apoyarme, no pegarme…
—No haga que su hermana se preocupe, Hanabi-sama, con cosas innecesarias.
La joven Hyuga continuó haciendo pucheros, quejándose de que Menma tenía ventaja sobre sus sobrinos pero Neji logró contentarla cuando le dijo que le compraría todo lo que quisiera comer del festival.
—Te agradezco mucho que hayas venido, Neji-niisan —agradeció Hinata, sonriente, mirando cómo su hermana menor veía con ojos brillosos las manzanas de caramelo exhibidas en un puesto.
—No tiene qué hacerlo, Hinata-sama. Yo debería ser el que esté agradecido por considerarme parte de su familia —dijo el castaño, con una sonrisa dulce que solo Hinata tenía el privilegio de apreciar.
—Por supuesto que lo eres, Neji-niisan. Eres muy importante para mí, no dudes que para Boruto y Himawari también lo seas.
El Hyuga asintió, contento con las palabras de su prima.
—Mientras usted me lo permita, me encargaré de cuidar a Boruto y Himawari con mi vida. Procuraré que nada malo les pase.
Hinata sonrió, conmovida de escuchar esas palabras de su querido hermano. Quiso llorar al recordar todo el camino que ambos atravesaron para llegar a formar aquel lazo que ahora mismo tenían. Sin embargo, resistió el impulso y solo asintió.
—Gracias, Neji-niisan, por estar conmigo y para mis hijos cuando Naruto-kun no pueda.
Neji como Hinata se miraron, en silencio y se sonrieron. Neji le ofreció su brazo a su prima que, con sorpresa, le miró pero no lo rechazó, tomó del brazo que su primo caballerosamente le ofrecía y ambos caminaron por los puestos de comida.
Aún era demasiado temprano para que se acabara el festival, Hinata podía estar segura que sus hijos estarían a salvo bajo la tutela de Menma y no tendría que preocuparse. Se permitió disfrutar de la convivencia con sus seres queridos en tranquilidad.
Himawari sorbía su gaseosa ruidosamente, observando sentada en los hombros de su tío cómo el atardecer chocaba contra el Monte Hokage. Boruto se palpaba el estómago, completamente satisfecho por todas las hamburguesas que había comido mientras Menma se preguntaba cómo alguien tan pequeño podía comer tanto.
Los tres Uzumaki caminaban por una calle tranquila donde la mayoría de los comercios originales de Konoha aún existían y que durante la Tercera Guerra Ninja no sufrieron tantos daños. Por ahí se encontraba una panadería que vendía rollos de canela, pensaba llevarle un par a Hinata cuando dejara a los niños en casa.
—Gracias por las hamburguesas, Menma-ojichan —habló de repente el pequeño rubio, mirándole desde abajo.
—Sí, gracias por la comida, Menma-ojiichan —repetía la pequeña Himawari, pegando su mejilla contra la cabellera de su tío.
—No hay de qué —dijo el azabache, mirando al frente sin molestarse por el gesto de la pequeña.
Otro silencio se filtró entre los tres mientras continuaban caminando.
A comparación de los paseos con su padre, cuando la gente los veía acompañados de su tío Menma, ninguno se le acercaba y eso a Boruto le gustaba. Desde que su padre se volvió Hokage no solo se había visto obligado a verlo cada vez menos o a que asistiera pocas veces a eventos en su escuela, también tuvo que aprender que la responsabilidad de su padre ya no era solo con ellos y su madre, sino con toda la aldea. Ahora debía compartir a su padre con todos los aldeanos.
Eso, en el fondo de Boruto, no le gustaba. Cuando le dijo eso a su madre, Hinata le dijo que era normal sentirse así siendo Naruto su padre pero confiaba en que podría entenderlo ya que ser Hokage había sido el sueño de su padre desde pequeño. Y el hecho de que lo fuera, no significaba que ellos ya no importaran.
Pero con su tío Menma las cosas cambiaban. No tenía que compartirlo con nadie, su tío Menma era solo de él, bueno, de Himawari también. Pero no le importaba compartirlo con su hermanita.
—Gracias por haber venido hoy al festival, Menma-ojiichan —mencionó Boruto, con las mejillas sonrojadas y la mirada en la calle, demasiado tímido para verlo a los ojos—. S-Sé que fue una estúpida obra de teatro, ni sé por qué debemos hacerlas pero que hayas venido, d-de verdad… —tragó el nudo que comenzaba a formarse, recordando a su padre y cuya imagen se distorsionó para mostrarle ahora la viva imagen de Menma-ojiichan y Neji-ojiichan sentados en primera fila, observando—. Muchas gracias.
Sintió una mano posarse sobre su cabello, desordenando suavemente su cabellera. El sonrojo de Boruto aumentó.
—Ya, me quedó claro. No seas tan sentimental, Enano —dijo Menma, sonriendo un poco, viendo como ese niño era más parecido a Naruto de lo que él creía. Aunque no podía evitar que ese sonrojo en las mejillas del niño le recordaron a una Hinata asustadiza que no paraba de jugar con los dedos.
—Onii-chan —la juguetona risa de Himawari rompió con la atmósfera—, estás todo rojo como un tomate.
—¡Claro que no, Hima! ¡No seas mentirosa!
En la oficina, Naruto sonrió en medio de su siesta, enterrado entre todos los papeles que tenía que firmar y que se acumulaban cuando Kurama le mostró lo que Menma había visto a través de esa conexión que ambos tenían gracias a la mitad del chakra del bijuu que su gemelo tenía.
—Me alegra que hayan pasado un buen tiempo —susurró, acomodando mejor su cabeza sobre el escritorio, buscando una posición cómoda para dormir antes de que Shikamaru…
—¡Naruto! —el asistente del Séptimo y estratega, Shikamaru Nara, gritó cuando vio al Hokage dejando de lado sus obligaciones, asustándolo y haciendo que éste retomara su tarea.
—¡Ya sé, ya sé! —lloriqueó.
Notas: Lo de la obra de teatro, o bueno, la parte del brazo me inspiré en Los Locos Adams cuando Merlina y Pericles pelean, llenando de sangre a todos. Creo que es algo que Anko haría como sensei.
Gracias por pasarse y leer.
