Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.
Kyoko llegó al punto de encuentro con un par de minutos de sobra, cargando tras de sí a una Shoko quejumbrosa. A pesar de que ella también prefería pasar su sábado yendo de fiesta o relajándose en casa, no había podido resistirse a la tentación de salir de aventura con sus nuevos amigos. Pocas veces tenía la oportunidad de salir con tantos hombres que no la pretendían, hombres que, de hecho, parecían más ocupados en temas menos dramáticos. A Kyoko le gustaba la idea de convivir con ellos, hacerse su amiga le resultaba fascinante, considerando que dependiendo de con quién hablara, todos le ofrecían un tema de conversación diferente.
Sin embargo, también cruzaba por su mente tener una tarde de chicas sólo con sus amigas más cercanas, y Shoko, quien parecía no compartir sus mismos planes y entusiasmo.
Shoko en realidad quería pasar su fin de semana acostada en el sofá de su sala, viendo series policiacas de Estados Unidos, comiendo frituras, con una enorme pijama de pegasos que tenía desde los quince, disfrutando de un café bien caliente y cargado junto con su padre y desvelarse haciendo dibujos, como los llamaba Kyoko, en su tablet. Pero ahí estaba, usando una falda larga y un abrigo que le daba la apariencia de ser alguien formal. Con sueño, sin dinero, algo hambrienta.
—¿Por qué las demás tardan tanto en llegar? —se quejó Shoko, después de aguardar por tres minutos.
—Tal vez se están arreglando, sacando sus ahorros del banco, ¿tú ya tienes lo que vas a donar a esta noble causa?
Avergonzada, Shoko bajó la mirada.
—No tengo nada, soy pobre.
—Te entiendo perfectamente Shoko, yo estoy en las mismas condiciones. ¡Oh! ¡Cómo sufrimos!
De improvisto, detrás de Shoko, Xiaoling apareció para abrazar a su amiga y contar sus penas. El grupo estaba repleto de mujeres ocupadas, pero sin duda quien más trabajaba de todas ellas y daba su mejor esfuerzo siempre era Xiaoling. Desde que era niña, Xiaoling tuvo que escuchar que no podía cumplir todas sus metas, que debía limitarse a una sola cosa, ¿el canto o la gimnasia? Esa era la cuestión, una a la que no la dejaban encontrar una tercera respuesta que la dejara satisfecha.
Debido a eso, al típico y gastado "no puedes hacerlo todo", Xiaoling había decidido demostrarle a todos que ella sí podía. Sus horarios eran en extremo apretados, mañanas en el Conservatorio, tardes en el gimnasio, noches en el trabajo ambulante, algunos días incluso se quedaba con Erda en la cafetería para obtener mayores ingresos. Siempre estaba en medio de algo, una tarea por lo general, y a pesar de que no era la mejor de su generación (o clase) o se destacaba, Xiaoling estaba haciendo lo que quería, y disfrutaba de cada segundo del dolor físico, la pérdida de voz, los retos y las tareas.
—¡Xiaoling! ¡Es un milagro! —dramatizó Shoko, alzando las manos y mirando al cielo.
—¡Shoko! —continuó Xiaoling, fingiendo que lloraba de felicidad— ¡Creí que jamás volvería a verte! ¡Te he extrañado tanto!
Ambas se fundieron en un abrazo lleno de fingidas lamentaciones y alegría contenida. Así, con Kyoko sonriendo por lo extremistas que eran esas dos, Erda y Katya las encontraron; al notar al resto de sus amigas, Xiaoling las abrazó y continúo con su actuación, como si no hubiera hablado con ellas el día anterior y todos los meses antes de eso.
Al verse todas reunidas, Kyoko dirigió al grupo hacia el orfanato, siguiendo su plan cuidadosamente trazado: llegar al lugar, verse elegantes para apantallar, pasar un rato con los chicos y después divertirse entre las cuatro como en los viejos tiempos.
Después de llegar a su destino, Kyoko rápidamente tomó el lugar de anfitriona y se apresuró a presentar a Xiaoling con sus nuevos amigos, emocionada ante la idea de que su amiga faltante por fin pudiera conocer y congeniar con ellos.
—Xiaoling, los chicos nos van a ayudar a que nuestras donaciones no se vean tan bajas, ¿cierto?
Los chicos dieron varias respuestas negativas a la vez, todos intentando no mirar a las chicas mientras hablaban.
—La verdad es que solo estamos aquí porque Kanon nos obliga.
Explicó Shura, señalando al mencionado con el pulgar izquierdo. Kanon de inmediato se defendió ante las acusaciones, recordándole a los demás que todos habían aceptado participar a cambio de un favor personal que podría ocurrir en cualquier momento; Aldebarán, por ejemplo, ya se había cobrado, al pedirle a Kanon que se inscribiera con él en enero al gimnasio, para aprovechar las ofertas de dos por uno en inscripciones. Al recordar ese detalle, todos asintieron felices y comenzaron a hablar sobre sus planes del día, planes que se vieron ensombrecidos cuando Kanon les dijo que lo primero que harían sería esperar a que Mitusmasa Kido saliera de las propiedades del orfanato para siempre.
—... así tengamos que quedarnos parados aquí todo el día como un montón de idiotas —terminó el mayor, con los brazos cruzados.
—¡Eres un dictador! —se quejó Celintha, que llevaba con ellos desde antes de que el orfanato abriera sus puertas a los visitantes.
—Sí —se quejó Aioria mientras miraba a su alrededor—... Oigan, ¿dónde está Milo?
Todos miraron a su alrededor, buscando al mencionado, fue en ese momento cuando las chicas se percataron de que Xiaoling tampoco estaba con ellas. La verdad era que Xiaoling sí había planeado quedarse con sus amigas y conocer a sus particulares nuevos amigos, pero al percatarse de que Pharaoh estaba cerca de ellos no pudo evitar correr hacia él, curiosa; había pasado demasiado tiempo con el guitarrista para saber que el hombre no era adepto a ese tipo de cosas, él prefería ayudar de forma física en lugar de dar donativos que no sabía si serían utilizados para lo que se decía que serían utilizados.
—¡Pharaoh! ¿El grupo se está reuniendo? —preguntó en cuanto estuvieron frente a frente— Y si es así, ¿por qué no me dijeron?
—Tranquila Xiao, sólo estabamos viendo como se manejan estos eventos, Dio quiere saber si podemos expandirnos, según él tiene conexiones con estos millonarios —explicó Pharaoh, pasando un brazo sobre los hombros de la chica para guiarla con el resto del grupo—. Dijiste que estarías con tus amigas.
—¡Cierto! —Xiaoling detuvo sus pasos, sus preocupaciones sobre su trabajo habían sido suficientes para olvidar sus planes de relajación—... bueno, supongo que podría pasar a saludar a los chicos y después buscar a las chicas—. Terminó por resolver, sin esperar a que Mime se acercara a ellos y atrasara su búsqueda.
Mientras escuchaba a Mime hablar sobre cómo había pasado su tiempo de receso, Xiaoling pensó que en cuanto tuviera oportunidad le avisaría a Kyoko sobre su paradero y le prometería regresar a ellas más tarde. No creía que las chicas se molestaran con ella por ese pequeño, y necesario, contratiempo.
Y no estaba equivocada, poco después de que Xiaoling y Milo desaparecieran, Kanon y Katya comenzaron a discutir sobre lo aburrido que él era por obligarlos a quedarse en ese lugar, ignorando toda la diversión que estaba a su alrededor, sin que ninguno de los dos notara que poco a poco los chicos se iban alejando, ignorando las órdenes.
—Vamos a subirnos a los juegos —le dijo Shura a Afrodita juntos cuando la discusión de Kanon y Katya comenzaba.
—Bien, vámonos Deathmask, Helena, mocoso, necesito que alguien me ayude a buscar a Shaka.
—Muero por ver como intentas quitarle la ropa, llegarás más lejos que cualquier otra persona —dijo Deathmask, burlón, dándole un codazo amistoso a su medio hermano, que acababa de reunirse con ellos—. Vamos a los juegos altos, a los que al parecer sólo los valientes se suben —continuó mientras miraba de reojo a Erda.
Un par de minutos antes Erda le había dicho a su amigas que no quería subirse a ningún juego, ella estaba ahí por los juegos de habilidad, principalmente para ganarle a Lithos en dichos juegos, cosa que Deathmask había escuchado y aprovechado para burlarse de ella y su aparente temor a las alturas. Erda no le tenía miedo a nada y al escuchar la indirecta olvidó todos sus planes de relajación, empujó a Afrodita y se paró a un lado de Deathmask, retándolo con la mirada a volver a repetirlo.
Shoko y Kyoko intercambiaron una mirada cuando vieron a Erda irse con el grupo, discutiendo con Deathmask por un lado mientras sonreía y hablaba con naturalidad con el medio hermano. Al lado de ellas, Celintha y Lithos sólo negaron con la cabeza y les sugirieron también irse con ellas, aprovechando que Kanon todavía estaba distraído.
Otra de las cosas que le agradaba a Kyoko de esos chicos eran las hermanas menores, Celintha y Lithos sabían manejarlos, además de que ellas por sí mismas eran inteligentes, vivaces, valientes, todavía algo temerosas de la vida diaria, como si todavía estuvieran aprendiendo a ser adultas. Tal vez no había mucha diferencia de edad, pero Kyoko podía sentir que la diferencia de experiencias era exorbitante, incluso en ocasiones las jóvenes se escandalizaban cuando alguien sugería ir a comprar cervezas.
Con un ligero cambio de planes, Kyoko y Shoko acompañaron a las jóvenes en un pequeño paseo por el lugar, mientras intentaban sacarle información a Celintha sobre su novio.
—¡No es mi novio! —negaba la joven botánica, con las mejillas rojas.
—Pero le gustaría —afirmó Lithos, sonriendo inocentemente.
—No te avergüences, Celintha, yo también salí con muchos chicos a tu edad, eso no tiene nada de malo, ¿o acaso no te gusta de esa forma?
—¿O tú no le gustas de esa forma? —preguntó Shoko, también mirando a la joven ponerse más roja ante las preguntas.
Celitnha negó varias veces, exhalando escandalosamente para intentar relajarse y sacarse toda la vergüenza que sentía ante el interrogatorio. A pesar de eso, estaba dispuesta a continuar con la charla, le gustaba poder compartir sus experiencias con alguien más, a menudo Lithos no podía darle el consejo adecuado ya que en temas amorosos ambas tenían la misma experiencia: ninguna.
—Creo que sí le gusto de esa forma —declaró con voz aguda, intentando no mirar a ninguna de sus amigas—. Y a mí también me gusta de esa forma… pero no sé… cómo dar el siguiente paso, o si debería hacerlo, debo concentrarme en la universidad y mi padre piensa que no debería alejarme de los estudios mientras todavía continue…
—Celintha, no digas eso —interrumpió Kyoko, sosteniendo a la joven peliazul de los hombros mientras Lithos y Shoko las observaban—. Puedes hacer todo eso, el amor es un distractor pero también es la mayor de las motivaciones, no estás perdiendo el tiempo, estás disfrutando de tu juventud, piensa que dentro de un par de años podrás mirar atrás y saber que no te arrepientes de nada, incluso si no funciona.
—Eso es muy motivados, ¿te impronta si te robo tu discurso? —preguntó Lithos.
—Cópialo todo, no tiene derechos de autor.
Shoko rió por lo bajo al escuchar a su hermana y Lithos intercambiar consejos de conquista para Celintha, algunos útiles y otros algo vergonzosos, pero todos destinados a ayudarla. Sin poder evitarlo, la joven pensó en Milo y cómo le había confiado que se escaparía para tener una cita; el recuerdo de ese momento le dió un sabor amargo y un leve pinchazo que la entristeció un poco. Sin embargo, no tuvo tiempo de reponerse o confirmar que era lo que le molestaba de toda esa situación con Milo, al igual que en la mañana, Shoko sintió que alguien se lanzaba contra su espalda y comenzaba a gritar en su oído, sacándole una carcajada.
—¡Rumi!
—¡Shoko! ¡No me dijiste que vendrías! ¡Mala, mala Shoko!
Shoko le explicó rápidamente a su amiga de la infancia sobre su cambio de planes, presentó a Celintha y Lithos y se mantuvieron charlando por unos minutos, hasta que Rumi recordó que no había asistido sola al lugar, Shinato y Mirai también estaban ahí, seguramente buscándola debido a que Rumi sólo se había separado para buscar un baño.
—Es bueno saber que todos están en este evento de caridad, probablemente las cosas salgan bien.
—... ¿Evento de caridad? —Rumi miró a Celintha confundida— Yo creí que estábamos celebrando algo, una fiesta o el preludio de la Navidad.
—¿No lo sabías? —Lithos la miró también confundida, ella había creído que todos los presentes sabían la razón por la que estaban congregados.
—No… ¿y a qué se supone que estamos donando?
—Al enorme edificio que está detrás de tí, tonta —le dijo Shoko, golepando juguetonamente a su amiga distríada con el codo—. Kyoko, voy a ir a saludar a Shinato y Minai, seguramente si dejo a Rumi sola va a perderse por ahí.
—¡Oye! ¡No hables de mí como si no estuviera!
—Claro, Shoko, cuida a Rumi, no olvides que la última vez que salieron se perdió en el cine, llévala de la mano si es necesario.
Shoko asintió ante las indicaciones de su hermana, se despidió de dos divertidas Lithos y Celintha y comenzó a caminar con Rumi por el lugar, hablando sobre sus carreras, sus planes de invierno, la posibilidad de verse más días para salir o simplemente pasar el día en casa de alguna de ellas.
Se encontraron a Minai y Shinato cerca de las golosinas; Minai se veía nervioso y ligeramente sonrojado, a su lado, Shinato parecía intentar aparentar normalidad. Toda su tensión se debía a que Shinato se había puesto un vestido para asistir al evento formal, un bonito vestido floral que acentuaba su figura y le congelaba las piernas.
—Odio esto de las modas —le respondió a Shoko su muda pregunta —. Mamá insistió, no quiero continuar hablando sobre eso.
—De acuerdo —aceptó Shoko, compartiendo una sonrisa con Rumi—. Vayamos a divertirnos entonces.
Sus dos amigas, y amigo, se mostraron emocionados con la idea y pronto todos estuvieron moviéndose por todo el lugar, disfrutando de su momento de juventud e intentando ignorar los problemas diarios que los aquejaban. Mientras Shoko y Rumi se habían subido al carrusel, Rumi se encargó de señalar a cada chico pelirrojo que pasaba cerca de ellas, preguntándole en voz alta si ese era el chico que había preguntando por ella en el restaurante, cosa que puso a Shoko nerviosa y expectante; reflexionando sobre lo que había escuchado de su hermana y Lithos, pensó que tal vez era el momento de abrirse ante nuevas posibilidades, con cualquiera que no pareciera seguir las modas capilares de los ochentas. Era el momento de avanzar.
A pesar de que todas las amigas se vieron separadas por distintas razones, algunas escapaban de ellas y otras por decisiones propias, todas acordaron rápidamente que aún así debían reunirse en algún punto y hacer alguna actividad que las hiciera sentir que estaban de nuevo en ese grupo de chicas que sólo se tenía entre sí. El espectáculo final sonaba prometedor y Kyoko acordó para sí misma que para la próxima invitaría a Lithos y Celintha a una tarde de chicas, incluso hasta podrían llevar al resto de chicas que conocía, y así todas podrían tener un momento propio de diversión, sin chicos que las estuvieran interrumpiendo. Por el momento, cuando Lithos la llevó con Aioria, Aioros y Hilda, se concentraría en disfrutar del tiempo con sus nuevos amigos y en decirle a Afrodita que Celintha estaba con sus amigos de carrera y no aceptando el amor eterno de su futuro novio.
