Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.


Aioria miró a Kanon con una mortal seriedad mientras el aludido le arrojaba un saco y una camisa, diciéndole que tenía cinco minutos para vestirse. Eran las ocho de la mañana de un sábado que prometía ser frío, Aioria quería quedarse en casa, acostado en su cama, tal vez en la tarde salir a ver a Sasha para molestar a su horrible gato. Pero ahí estaba, siendo despertado en un horario obsceno para tratarse de un fin de semana, frustrado y molesto porque Kanon fuera personalmente a despertarlo y sacarlo de su sueño donde era un caballero de dorada armadura que luchaba contra un gato gigante acompañado por Milo, su fiel escudero. Aioria arrojó la ropa que Kanon le dió al suelo y fue a buscar el elegante traje hecho a la medida que se había mandado a hacer cuando fue a Inglaterra.

Mantuvo su expresión de fastidio cuando salió de su habitación, cuando se subió al auto donde lo esperaba su hermano, los gemelos y Mū, cuando él auto arrancó y cuando se quedaron atrapados en el tráfico matutino de una mañana de sábado en una de las ciudades más visitadas del mundo.

—Aioria, deja de intentar matarme con la mirada —dijo Kanon, mirándolo por el retrovisor—. Si me muero nos estrellamos.

—¿Por qué YO tengo que participar en resolver los problemas de tus amigos millonarios?

—Ya te lo dije, es un favor para mí, ahora yo te debo uno.

—La próxima vez que termines en la cárcel con Milo y Mū eso podría sacarte de apuros —intervino Saga, sin despegar la mirada de su teléfono celular.

—Ya tengo un abogado, gracias —respondió Aioria, ofendido por la insinuación de que volvería a meterse en grandes problemas cuando la última vez había quedado claro que él había sido el héroe de la historia y no un villano.

—Yo sólo quiero decir que esa ocasión fue involuntaria de mi parte y nunca, jamás, volverá a pasar —agregó Mū, aclarando que no volvería a meterse en problemas.

—Aioria, no lo veas sólo como un favor para Kanon, Shaka también quiere que vayamos.

Aioria borró su expresión de molestia y de inmediato sacó su teléfono para bombardear a su amigo con preguntas, emocionado ante la idea de que al fin los doce iban a encontrarse, sólo ellos, para un evento del que sabía poco o nada.

Cuando el grupo llegó a su destino, Aioria miró por la ventana las rejas del orfanato en el que trabajaba Shaka, el mismo en el que trabajaba Marín. Aunque estaba sorprendido, no tardó en notar que ya no se encontraba tan nervioso por la perspectiva de ver a la pelirroja que lo había cautivado desde la adolescencia. Tal vez al fin estaba madurando, como Dysnomia y Milo solían decir para burlarse de él.

Pensar en esos dos lo hizo preguntarse en dónde estarían y qué cosas malvadas estarían planeando en su contra.

Ambos en realidad estaban con el resto de sus amigos, viendo como se habían construido los puestos y juegos previo a la gran inauguración, todos siendo brillantemente guiados por Hysminai, que explicaba todos los procesos con detalle, incluyendo la ocasión en la que los trabajadores detuvieron su producción cuando Shijima apareció siendo cargado en una silla de manos por un grupo numeroso de mujeres fornidas que estaban vestidas como si vinieran de oriente.

—Eso me suena muy sexista —se quejó Erda, cruzando los brazos.

—El señor S. es defensor de la igualdad de género, por eso al día siguiente un grupo de hombres lo cargó —mencionó Hysminai, sin darle importancia a las quejas—. Además, el grupo de mujeres del gimnasio "Las amazonas" se ofrecieron a cargarlo, al igual que el grupo de fornidos muchachos, al parecer estaban compitiendo entre sí.

Dicho eso, Hysminai continuó explicando y explicando hasta que llegaron al edificio, omitiendo contar todos los planes que su jefe tenía para el lugar.

—Aun no puedo creer que Shaka, a quien conocemos desde la niñez, sea multimillonario —señaló Aldebarán después de que Hysminai los dejara solos en la entrada para que se acomodaran.

—Millonario y tacaño, todavía recuerdo que no quiso poner esos cinco euros para nuestro proyecto de inglés en el Lykeio —se quejó Milo, comenzando a curiosear por el lugar.

—Milo, te lo dije en ese momento, el proyecto no valía la pena, ni siquiera yo hubiera puesto esos cinco euros —dijo de inmediato Shura, parándose a su lado para también ver qué era lo que había en esa estancia.

Algunos papeles aburridos, adornos de cerámica que estaban pegados en sus estantes y la desolada sensación de que no había nadie más ahí, a excepción de ellos, esperando a que Kanon apareciera para contarles la última parte de su proyecto, la parte que los contaba a ellos, así como al resto de la ciudad, al menos. Para su suerte, Kanon y el resto llegaron antes de que las puertas del lugar se abrieran, y mientras el gemelo menor comenzaba a explicar y explicar, Aldebarán se tomó un momento para observar a su alrededor.

Sus amigos estaban ahí, quejándose, pero estaban, y habían logrado incluir de forma completamente natural a más personas dentro de su círculo sin que eso significara una separación interna. Aldebarán no podía definir si estaba orgulloso o solo feliz ante la idea de que el barco que significaba su amistad continuara flotando, aunque aún faltaba una parte importante de él.

—... No, no, no, esto no está bien, mira esta factura, no tenemos todo ese dinero.

Además de Aldebarán, Afrodita tampoco estaba poniendo mucha atención a los planes de Kanon, en especial porque creía que esencialmente ya lo conocía todo y sabía que en realidad no era tan difícil, sólo pararse ahí y verse tan maravilloso como siempre. Así que en lugar de eso, estaba más concentrado en esa voz femenina que escuchó a su derecha y que parecía que nadie más había captado, al menos hasta que notó que Camus también miraba hacia el lugar de donde provenía. Ambos no tardaron en compartir una mirada y después de un asentamiento lentamente se alejaron del grupo, yendo al lugar misterioso. Camus no era entrometido, pero había identificado esas quejas como las de Marín, y si Marín se estaba quejando era porque Shaka estaba cerca, discutiendo con ella.

Camus comprobó su teoría cuando vió a ambos en una habitación que parecía más oficina, y a pesar de que quiso quedarse en el pasillo, sintiendo que era como un niño presenciando la pelea de sus padres, Afrodita lo sostuvo de los hombros y lo empujó adentro, deteniendo la discusión, o más bien las quejas de Marín.

—... Lamento interrumpir —dijo cuando Marín y Shaka lo voltearon a ver.

—Sí, Camus, ¿por qué lo hiciste? Yo le dije que no viniera pero él no me hizo caso, ya sabes cómo es —dijo Afrodita, entrando a la habitación y observando todo a su alrededor— ¿por qué no estás con los demás escuchando las absurdas reglas de Kanon?

—Porque estoy atrapado aquí escuchando absurdas quejas.

—¡Oye! ¡No creas que hemos terminados! —dijo de inmediato Marín, preocupada por que las cosas no salieran bien con la planeación del evento.

A pesar de las razones válidas de Marín para estar molesta y quejarse, volvió a verse interrumpida cuando Afrodita se acercó a ella para hacerla a un lado y acercarse a Shaka, que estaba recargado contra el escritorio, sosteniendo varios papeles. Todos miraron en silencio como el botánico observaba de arriba a abajo a Shaka, con una especial atención que nunca antes se le había visto ponerle a otra persona.

—¿Qué estás usando? —dijo Afrodita después de un rato, poniendo sus manos sobre la chaqueta gris de Shaka, acariciando la tela, poniendo especial atención en la pequeña "S" atravesada en la parte baja por una "H", como el sello de una marca, que se encontraba en la parte superior izquierda, casi escondida, discreta para que no fuera fácilmente vista.

—...Es un regalo… —respondió Shaka, pidiendole a Camus con la mirada que le quitara a Afrodita de encima.

—Afrodita, esta es una institución pública, ten algo de decoro, podrían denunciarte por acoso sexual —dijo Camus, acercándose para intentar mover a Afrodita.

Sin embargo, Afrodita no respondió, sólo dió un paso más al frente y continuó pasando las manos por la chaqueta. No podía decir nada, si sus conjeturas eran ciertas, esa no era cualquier chaqueta; Afrodita conocía esas costuras, ese estilo sencillo pero delicado y elegante, el tipo de tela, las iniciales que marcan el sello del fabricador. Él era un gran seguidor de los diseñadores de moda, veía los grandes desfiles y observaba con ojo crítico cuando algún famoso aparecía en las grandes galas con increíbles, o terribles atuendos.

—¿Regalo? —preguntó— ¿De quién? ¿Tienes idea de quién hizo esta chaqueta?

—Sí, ella misma me la regaló, Hatter dijo que la había hecho en su tiempo libre.

—¡¿Hatter?! ¡¿Estás hablando de S. Hatter?! ¡¿La mejor diseñadora de moda de la actualidad?! ¡¿Dueña de su propia casa de modas?! —cuando Shaka asintió a todas sus preguntas, Afrodita sólo pudo pensar en una sola cosa:— Quítate la ropa.

—¡Oye! ¡Hay una mujer presente! —se quejó Marín, sonrojándose al escuchar la propuesta.

—Nada que no se resuelva si sales de la habitación —Afrodita se alejó de Shaka y miró a Marín, que lo miraba sorprendida—. S. Hatter es la mujer que más admiro en el mundo, he seguido su trabajo desde que inició en la mítica firma Burberry, cuando era tan joven como yo, ella ha logrado tanto en tan poco y nunca había tenido la oportunidad de apreciar alguno de sus trabajos de cerca, por eso, Shaka, debes quitarte la ropa.

Afrodita regresó su mirada hacia su izquierda, notando que Shaka ya no estaba ahí, o siquiera en la habitación. Camus, detrás de él, sólo negó con la cabeza, negándose a decir cuándo o hacia dónde se había ido.

Afrodita no dejó las cosas así, rápidamente se acercó a sus amigos y preguntó por el rubio, obteniendo respuestas negativas y el ceño fruncido de Kanon debido a que se suponía que todos estaban en la habitación. Kanon tenía un plan, un plan que se había estado gestando desde hacía mucho, no podía darse el lujo de arruinarlo o dejar que se arruinara, además de eso, también le agradaba la idea de fastidiar a alguien antes de que el año terminase, para poder cumplir toda su lista de propósitos de ese año.

El evento no tardó en iniciar después de eso, la gente llegó, todos comenzaron a divertirse y las cosas comenzaron a pintar de buena manera, al menos para Milo fue así. Apenas el lugar abrió, y el público comenzó a entrar, el comunicólogo logró alejarse de sus amigos después de que Camus distrajera a Kanon agarrando a Katya de la mano, y sin perder el tiempo fue a buscar a Valentine, ligeramente nervioso ante la perspectiva de lo que podía considerarse una cita, otra cita en realidad. Milo había determinado que ese día dejaría de pensar tanto y se concentraría en disfrutar del momento, de las personas que lo rodeaban, de lo mucho que sentía que le gustaba Valentine, en especial cuando lo vió acercarse a él con una sonrisa tímida. Ese podría ser el inicio de algo, ambos lo supieron cuando se miraron a los ojos.

Con Milo alejado, probablemente teniendo una cita, Aioria se despidió de Aioros con una sonrisa cuando su hermano dijo que se reuniría con Hilda y buscaría a Regulus, y abrazó a Mu y Camus por los hombros.

—Bien, somos nosotros tres ahora, el trío… de hielo porque la personalidad de Camus es la más arrolladora —dijo cuando vió que Deathmask, Shura, Afrodita, Helena, Erda y Mei se fueron a los juegos—. Cuatro, Alde, ¿te unes?

—Yo no he dicho que voy a ir de paseo contigo —se quejó Camus.

—¿Quieres quedarte aquí y ver a esos dos pelear? —Aioria alzó una ceja y señaló hacia dónde Kanon discutía con Katya sobre sus planes de manejo, cosa que Camus respondió al arrugar la nariz, disgustado ante la perspectiva— Bien, ¿Alde? Serás el cuarto mosquetero.

—Claro Aioria, huyamos antes de que Kanon se percate de que ya ninguno está aquí.

—¡Excelente! ¿Saga? ¿Que dices? ¿El quinto Beatle?

—Alguien tiene que asegurarse de que esos dos en algún momento dejen de pelear.

Saga señaló con la cabeza a su gemelo y Katya, quienes ya habían bajado la intensidad de su discusión y ahora parecían estar molestándose en plan de amigos. Cuando el resto de chicos se fueron, Saga se quedó en su lugar, mirando de vez en cuando su teléfono y en otras ocasiones a su gemelo y Katya; él sabía que era demasiado pronto para hacer algo, de la misma forma que sabía que Kanon no estaba interesado, pero estaba Camus, sin embargo era difícil saber si el interés de Camus era real o sólo pretendía pasar el tiempo…

Había tantas cosas que pensar que no sabía por dónde iniciar… tal vez por finalmente obtener su título y un trabajo decente relacionado con lo que estaba estudiando, eso sería lo más adecuado.

—Saga, ¿a dónde fueron los demás?

La voz de Kanon lo sacó de sus pensamientos. Parecía que su hermano al fin se había dado cuenta. Sin decir nada, Saga sólo alzó una ceja y mantuvo su mirada en Kanon, quien no tardó en gruñir por lo bajo.

—No tienen respeto por nada —se quejó Kanon, negando con la cabeza—. De acuerdo, me voy, los veré en el evento final, Shijima me dijo que había contratado a alguien cuyo nombre ya no recuerdo pero debe ser importante porque ya saben cómo es.

—¿Qué? Kanon… ¿a dónde vas? —Katya intentó no entrar en pánico, ya había notado que ellos eran las únicas personas en el lugar, lo que indicaba que si Kanon se iba ella se quedaría sólo con Saga, que no parecía querer moverse.

—Voy a ver a Julián, preguntarle que tal salieron las cosas, comprarme algo de comer porque todo lo que desayuné fue un gyro duro y café caliente, y me despediré de mi sobrenombre —Kanon alzó los hombros, sonrió malignamente y le susurró a Katya—. Y tú te quedas con él.

Kanon se alejó de ella sin dejar de sonreír, incluso cuando miró a su gemelo de manera inocente, y caminó lejos de ellos, silbando. Saga entrecerró los ojos al ver a su gemelo irse, no había nada de inocencia en todo eso, pero no era el momento de concentrarse en Kanon. Algo incómodo, Saga puso las manos en los bolsillos de su chaqueta y miró a Katya de reojo mientras ella sostenía su cabello, nerviosa.

—Yo… —inició ella— escuché que ya no estás saliendo con Atë…

—Uhh, sí, fue… lo correcto —respondió Saga, preguntándose por qué ella iniciaba la conversación con un tema tan escabroso—. ¿Cómo van las clases? Danza, ¿cierto?

Katya asintió e intentó no emocionarse demasiado por hablar de las cosas que le gustaban con un chico por el que se sentía atraída y que probablemente sólo estaba siendo amable con ella. Al menos así fue hasta que Salga mencionó que iría a buscar a sus tíos, donde probablemente estaría Dégel y por lo tanto su esposa, Seraphina, Seraphina Ilyn, la gran Seraphina Ilyn. Aunque lo intentó, Katya terminó caminando con Saga, emocionada por hablar con Seraphina, de nuevo, o por primera vez porque en su primer encuentro sólo pudo balbucear su admiración.

Ese era un momento muy especial para Katya, también le serviría como prueba para sus emociones, para saber si al fin lo había superado.

El largo camino de superar el loco enamoramiento era complicado, pero superable, y una vez que se superaba sólo había dos opciones: o lo olvidabas o tus emociones estaban listas para comprender lo que es el verdadero amor, el amor que lo conoce todo y lo acepta todo del otro, lo que nos gusta y lo que no.

Dysnomia había pasado una buena tarde en compañía de sus hermanos, hasta que estos desaparecieron en medio de la gente. Entonces, en medio de su caminata, se encontró con Celintha, que estaba escondiéndose de Afrodita, y después ambas encontraron a Shaka haciendo lo mismo que Celintha, huyendo de Afrodita. Posterior a eso los tres pasaron un largo tiempo huyendo de Afrodita, junto con Minos (que se había unido al creer que era divertido estar en medio de una persecución), hasta que Celintha y Minos huyeron por su lado, dejándola a ella y Shaka solo.

—¿Cuánto tiempo estaremos detrás del puesto de gyros? Comienzo a morir de hambre.

—No tienes que quedarte conmigo, Lawless, sólo dile a Afrodita que no me has visto si te lo encuentras.

—Pero quiero saber por qué estás huyendo de él —Dysnomia se sentó en suelo con una sonrisa—. Después de que me lo digas prometo que iré a buscar a mis hermanos.

—No quiero hablar sobre eso.

Shaka se sentó a su lado y negó con la cabeza, nunca hablaría de eso, y dejaría de usar la ropa que le regalaban, solo por si acaso.

—Que aburrido eres.

A pesar de que sus quejas, Dysnomia se mantuvo en su lugar e inició una corta charla casual con Shaka sobre los últimos días, sobre el evento, sobre cuando volvería a llevarla a ese lugar paradisíaco llamado sala de música donde estaba toda la discografía de sus grupos favoritos, sobre los chismes más interesantes que involucraban a la gente que conocía, y finalmente sobre el trabajo de ella, en un giro que Dysnomia no supo cómo dió, terminó hablando por bastante tiempo sobre sus problemas en el trabajo.

—... Creo que tal vez si sonriera más la gente en el hospital sería más amable y tendrían mis muestras a tiempo, ¿no crees? Tal vez cambiar un poco, ser más positiva, así le agradaría a la gente y no sólo a Andreas, ¿o tú qué opinas?

—... —Shaka frunció el ceño levemente y mantuvo su vista al frente— Es bueno, cambiar es bueno —afirmó—. Aunque… —Shaka negó con la cabeza y rectificó— sólo debes hacerlo si es por ti, la gente es muy voluble, nunca podrás estar en paz con todos, por eso solo debes hacer las cosas por ti, porque es lo correcto para ti.

—Porque mi opinión debe ser la única que me importa —agregó Dysnomia sonriendo—. Eso ya lo sé, pero creo que podría intentar adaptarme al ambiente, intentar sacar ventaja, de día ser una y de noche otra…

Shaka sonrió de lado. Sin pensarlo, agregó:

—Si sirve de algo a mi me gustas tal y cómo eres.

Dysnomia, que hasta ese momento había estado jugando con una rama que estaba a su lado, dibujando cosas en la tierra, levantó la cabeza y lo miró con sorpresa.

—¿Qué? —preguntó en un susurro ahogado, creyendo que tal vez había escuchado mal.

Entonces él volteó a mirarla, justo a los ojos, haciéndola sentir un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.

—Me gustas justo como eres.

—...Eso implica muchas cosas —logró formular Dysnomia, sintiendo la garganta seca y que en cualquier momento su corazón saldría por su pecho, o su boca— ¿No crees?

—Lo sé. Me gustas justo como eres —repitió él, con un tono ligeramente más alto y fuerte, reafirmando tanto sus palabras que hasta él sintió el peso de las mismas.

Tal vez no había sido el momento de decirlo, pero no se arrepentía. Vió como Dysnomia parpadeaba varias veces, como si estuviera decodificando y procesando sus palabras, hasta que el entendimiento la golpeó y su rostro se sonrojó ligeramente. Shaka creyó que debía de agregar algo más, como que estaba seguro de que muchos de sus amigos también la querían justo como ella era, pero no quería hacerlo, quería guardar ese sentimiento para sí, sin compartirlo, y dárselo sólo a ella.

—¡Shaka! ¡Llevo toda la tarde buscándote!

La voz detrás de ellos los hizo separarse rápidamente y mirar alertados, olvidando el pequeño momento que habían compartido.

Shiva se inclinó como saludo cuando estuvo frente a Shaka y pronto se agachó para estar a la par. Cumpliendo con su trabajo, se acercó al rubio y le susurró en el oído un par de cosas que hicieron que Shaka se levantara de inmediato, alertado.

—Debo ir de inmediato —le dijo a nadie en particular. Dió un par de pasos al frente antes de dar la vuelta y mirar a Dysnomia. Temeroso, se agachó frente a ella y la sostuvo de los hombros, sintiendo que su contacto le quemaba la piel—. Ocurrió algo… debo irme, es algo importante pero yo… —quería quedarse con ella, pero no iba a decírselo— Te contaré después, ve al final del evento, donde está el escenario, hay una presentación final, te gustará.

Shaka le besó la frente y se fue rápidamente.

No podía creer lo que Shiva le había dicho y no lo creyó hasta que llegó al patio trasero del orfanato y vió a su padre, a su correcto y centrado padre bebiendo con algunos de sus amigos. Podría no haber nada malo en eso, era completamente normal, pero Shaka sabía que lo que los hombres tomaban no era precisamente café.

—¡Shaka! ¡El hijo pródigo ha regresado a casa! —gritó Defteros en cuanto lo vio, acercándose para recibirlo con un abrazo.

—¡Uff! Por un momento creí que estaba viendo triple —señaló Manigoldo—. ¡Salud por los dobles!

—¡Salud!

Shaka reconoció a Alone, su esposo Tenma, al amigo de Aiacos, Radamanthys, y le sorprendió ver a Manigoldo dentro del particular grupo de borrachos que se había colado a su evento de beneficencia libre de alcohol. Comenzó a sopesar si debía avisarle a alguien más de lo ocurrido o simplemente enviar al alegre grupo a sus casa cuando Defteros se alejó de él para abrazar s Radamanthys mientras lo llamaba hijo.

—…Shiva, ¿alguien más…?

—Solo tú, lo hubiera controlado, pero como tu padre está aquí, creí que debías saberlo.

—Bien, sólo vigilalos, y comienza a enviarlos a sus casas, sin hacer mucho escándalo, por favor.

Shiva asintió, feliz de al fin recibir una orden, o petición, mientras que Shaka regresó de vuelta al evento. Con todo lo que había pasado olvidó por completo su plan de ocultamiento y se encontró justo frente a Afrodita, que tuvo que correrearlo por unos minutos hasta que Saga los detuvo y obligó a Afrodita a comportarse civilizadamente. Sin embargo, no tardaron en aparecer los defensores de Afrodita, que lo apoyaban y buscaban fastidiar si rubio, mientras que otros más lo apoyaron a él y su libertad de usar ropa de diseñador sin que sus amigos lo estén acosando. Después la discusión se fue hacia otros terrenos, Aioria no poniéndose nervioso ante Marín, Milo aún desaparecido, el peluche de pingüino que se ganó Camus, el mareo de Eres y Deathmask después de subirse a todos los juegos tres veces seguidas…

Jóvenes siendo jóvenes, disfrutando de su momento, pelando y bromeando, ansiosos por lo que les depara el futuro.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

Quería tenerlo listo antes de que terminara enero, pero el tiempo me ganó la partida, de nuevo.

Antes de que lo olvide, el espectáculo final, Javier Camarena es un tenor mexicano reconocido como el mejor cantante de ópera en el 2018 (más o menos). Es uno de los mejores actualmente, muy solicitado.

No exploramos a todos nuestros héroes dorados, pero sí algunos de los temas principales, todos amorosos, ya saben que el amor es lo que nos mueve aquí. Ya que ellos son nuestros protagonistas principales tengo muchas, muchas cosas planeadas para ellos, para todos, y quiero enfocarme en quienes casi no he escrito. Este es el final de la especial, y no tan especial, entrada número 100, aún no puedo creer que llegara tan lejos. Quiero agradecerle a todos aquellos que me han leído ocasionalmente, desde el principio o que son nuevos; gracias por acompañarme y pasar un rato divertido conmigo, lo agradezco profundamente. Siempre lo he dicho, pueden sentirse libres de escribirme, preguntarme, sugerirme, o incluso decirme "yo quisiera hacer algo sobre este universo también", esto no sólo es mío, es de todos quienes lo leen y disfrutan de lo que ocurre, de las pequeñas cosas, la vida diaria, la banalidad del día al día. Muchas gracias a todas y todos.

Y espero que puedan continuar acompañándome, por otras 100 entradas.