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Un mensaje para ti
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Adrien observaba a Marinette dormir a su lado, preguntándose que era lo que estaba pasándole.
Sabía perfectamente que no tenía problemas de dinero; él cubría todos sus gastos por toda la ayuda que estaba dándole a Nathalie para mantener a flote la empresa de su familia, que no era un trabajo menor.
Tampoco le iba mal en la universidad; era incluso una estudiante excepcional, los profesores siempre estaban abalándola y estaba a pasos de la graduación.
Y por más que había tratado de descubrir que pasaba de camino a la mansión, ella solo se apoyó junto a él y le prometió que estaba bien, que todo estaría bien y que confiara en ella.
Y él confiaba en ella con su vida.
Elevó un poco su mano para despejarle el rostro de cabellos y darle una suave caricia en su mejilla derecha.
Quizás simplemente había discutido con Alya y quería volver a su antigua casa. No sería la primera vez, desde que ambas empezaron a convivir al inicio de la universidad, de hecho, recordaba que la primera vez que Marinette se había quedado a dormir en la mansión fue debido a la primera pelea que tuvo con Alya por sus distintos estilos de vida.
Se levantó de la cama a preparar algo para que desayunaran.
Cuando regresó a la habitación con una bandeja con hot-cakes y fruta, se sorprendió al encontrar una caja roja sobre su escritorio. Desvió su mirada hacia Marinette, pero ella estaba dormida, o al menos fingiéndolo muy bien.
Observó que ésta tenía una cinta azul, ¿Serían todas distintas?
Dejó el carrito que traía con el desayuno y abrió la caja, dentro encontró el último cd de Jagged Stone autografiado, un cd que aun no salía al mercado. Negó con la cabeza, era imposible negar que Marinette era quien estaba detrás de ese calendario de regalos, esto lo confirmaba.
Dejó el cd en el escritorio y observó la tarjetita. Como los últimos días, solo tenía una palabra en ella "NAVIDAD"
Frunció el ceño confundido, pero dejó la tarjeta a un lado cuando Marinette se estiró en la cama desperezándose. Sonrió y se acercó a ella.
—Buenos días, M'lady…
—Buenos días, Minou —dijo con una sonrisa, sin abrir los ojos.
—Te traje desayuno —le informó, acostándose a su lado para envolverla en sus brazos.
—Amo cuando me traes el desayuno a la cama —confesó, acomodándose contra el pecho de Adrien.
—¿Y cómo te sientes? —le preguntó, pero ella se tensó entre sus brazos.
—Bien —respondió, tratando de relajarse, pero era imposible.
—¿Por qué me mientes?
—No te miento —dijo separándose de ella—, de verdad estoy bien…
Adrien se separó de ella y buscó su teléfono celular.
—Si no me dices tú, creo que llamaré a Alya —le comentó, pero Marinette no hizo amague de pararlo, simplemente se quedó ahí sentada.
Alya respondió al segundo sonido de llamada.
Adrien escuchó un suspiro del otro lado de la línea antes de que la estudiante de periodismo lo saludara. El rubio miró a Marinette que le evadía la mirada mientras Alya soltaba una explicación bastante convincente.
Una nueva discusión entre ellas por algunos experimentos que Marinette estaba haciendo justo cuando Alya tenía visitas.
—Ya, entiendo —afirmó el chico con la cabeza caminando hacia la bandeja con el desayuno y destapando una bandeja para tomarla y dársela a Marinette—. Si, no te preocupes, ella estará conmigo este fin de semana. Adiós, salúdame a Nino.
Adrien cortó la llamada sin quitar su vista de Marinette que había pinchado una frutilla y se la había llevado a la boca.
—¿Por qué te cuesta tanto decirme cuando te peleas con Alya?
—Es que fue una niñería —respondió frunciendo sus labios—. Estaba preparando una de las pócimas del Grimorio cuando Alya llegó con amigos de su universidad, el ruido me sorprendió y pues generé un poco de humo y nos llamaron de conserjería.
—¿Por eso hablabas con tus papás?
—Sí —afirmó—, quería volver a casa, Adrien, allá podía experimentar sin problemas y si explotaba mi habitación, ellos no me decían nada.
Adrien no pudo evitar preocuparse por eso. ¿Cuántas veces lo había hecho cuando eran adolescentes?
—Siempre puedes experimentar aquí —le informó sin poder evitar mirar sus labios, que por la frutilla se veían brillantes—. Hay mucho espacio, nada pasaría… —susurró acercando sus labios a los de ella, para saborear los restos de fruta de ellos.
Marinette amplió su sonrisa al ver como Adrien se relamía los labios, tomando otra fresa de su plato para llevarla a sus labios de manera muy tentadora, le dijo:
—Me gusta esa idea, de experimentar, tú sabes… —y cuando Marinette mordió la fresa, Adrien quitó el plato de la cama antes de lanzarse contra ella.
