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Un mensaje para ti

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Era típico de los días domingos que Marinette visitara a Nathalie, ahora que se había quedado a pasar el fin de semana en la mansión, las dos mujeres habían pasado la mayor parte del rato juntas en la habitación de Nathalie, según ellas hablando de negocios, pues Nathalie aún estaba a la cabeza de la compañía mientras él terminaba de estudiar, y Marinette la asesoraba en cuanto a las colecciones y diseños.

Adrien no había tomado la magnitud de las personas que dependían de su padre, hasta que éste cayó en coma.

No era algo simple, si él dejaba morir todo lo que su padre y madre habían conseguido era impresionante la cantidad de gente que quedaría sin trabajo alrededor del mundo; la gente que vivía y dependía de que Gabriel siguiera funcionando con o sin su padre, le habían metido una presión extra a todo lo que él hacía.

Por suerte, antes de irse a dormir por tiempo indefinido, Gabriel había dejado una amplia variedad de diseños que fueron liberándose cada cierto tiempo para mantener la imagen viva.

Golpeó la puerta y esperó que le dieran el pase para entrar. Sonrió cuando vio a Marinette sentada al lado de Nathalie en la cama rodeada de papeles y diseños de vestidos.

—¿Aun trabajando?

—Sí —afirmó Nathalie—, pero ya casi terminamos —le informó—. Ya elegimos cuales de los diseños, que dejó tu padre, se usaran en la colección primavera, agregaremos uno de los que Marinette confeccionó también.

—¡Eso es estupendo! —exclamó, haciendo que Marinette se sonrojara completamente.

—Es lo mínimo que puedo hacer por todo el apoyo que me ha dado estos años —afirmó Nathalie, mirando a Marinette y luego, a Adrien—, bueno, supongo que no has venido por mí, ¿verdad?

Ante sus palabras, Adrien se puso completamente rojo, pero Nathalie solo pudo reírse.

—Anda, ve con él —le dijo a Marinette—, y felicitaciones de nuevo —dijo, con una sonrisa tan genuina que Marinette solo se sonrojó ferozmente, mientras se levantaba y corría a Adrien que la esperaba con la mano extendida.

—¡No puedo creer que finalmente vas a tener uno de tus diseños cerrando una semana de la moda! —exclamó Adrien, una vez fuera de la habitación, abrazándola con fuerza.

—¡Lo sé! —dijo mirándolo—. Es una locura. Porque hasta ahora, he ayudado con detalles en prendas o con accesorios, pero en esta ocasión, le darán prioridad a mi vestido, no puedo creerlo…

—Mira, vas a tener más ingresos, podrás mudarte sola —le dijo, con un poco de diversión en sus palabras.

—Me tientas, pero no puedo hacerle eso a Alya —Adrien afirmó y la volvió a rodear con sus brazos más fuerte.

—¿Cenarás conmigo o te irás a tu departamento?

—Qué tal si me llevas mañana a la universidad, tengo examen temprano —le dijo con un leve movimiento de sus cejas que Adrien no tardó en reconocer.

—La navidad te pone alegre… —comentó el rubio, que ni tonto ni perezoso, la elevó en sus brazos. Marinette se aferró a su cuello y ocultó la nariz bajo la oreja del rubio y aspiró profundamente.

—La navidad es mi época favorita del año —respondió.

Marinette se estaba bañando cuando Adrien se dio cuenta de que un nuevo paquete rojo esperaba por él en la mesa de centro, frente al televisor. Éste al igual que los otros, tenía una cinta diferente decorándolo, en un brillante color dorado.

Dentro del sobre solo estaba escrita la palabra "QUIERO" y del otro lado, solo decía "Día cuatro"

Abrió el paquete y dentro encontró un estuche negro, con las líneas de colores que solía usar en su adolescencia.

Lo tomó para revisarlo, pero estaba vacío, lo volvió a guardar dentro de la caja cuando sintió que Marinette salía del baño secándose el cabello.

—¿Todo bien? —le preguntó cuando lo vio tan sobresaltado.

—Sí, todo bien —respondió él— ¿Vamos a cenar?

—Claro, estoy hambrienta —le dijo, haciendo que Adrien sonriera y dejara la caja antes de acercarse a ella.

—¿Sigues recibiendo paquetes? —le preguntó, en cuanto salieron de la habitación.

—Sí —afirmó entrelazando sus dedos con los de ella—. No puedo negar que tu presencia y ese calendario están dándome un buen diciembre.

Marinette sonrió.

—Hay que agradecerle a la persona que está detrás de eso —comentó, haciendo que Adrien la mirara con los ojos entrecerrados.

—Sí —afirmó—. Tendré que comprarle un gran regalo cuando descubra quien es.