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Un mensaje para ti
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…
El día lunes, ambos llegaron juntos a la universidad y se separaron hacia sus clases. Iban a ser dos semanas muy complicadas, llena de evaluaciones y trabajos por entregar antes de las vacaciones de Navidad y estaba casi seguro que apenas vería a Marinette para almorzar.
Adrien buscó la sala donde iba a realizar su examen, tomó asiento y cuando abrió la mochila para tomar su estuche de lápices, notó con mucha sorpresa que dentro de su mochila estaba esa mágica cajita roja que aparecía de formas sospechosas con un brillante listón plateado.
¿Cómo rayos hacían para aparecerla de la nada? ¿Será que Plagg estaba ayudándola?
No entendía como lo hacía, pero por el momento solo podía ignorarla para poder concentrarse en su examen, ya tendría tiempo para interrogar a su Kwami al finalizarlo.
…
El rubio entregó su evaluación una vez completada y salió del salón para ir a abrir su paquete. Se sentó en una de las bancas del campus y quitó el listón plateado para encontrarse con un muffin de frutos rojos dentro. No pudo evitar volver a reír mientras le daba un mordisco al panecillo dulce porque justamente le estaba dando hambre.
—Plagg —susurró, haciendo que el Kwami se asomara por su chaqueta—, has estado muy silencioso estos días.
—Cuando estás con la maestra, me entretengo molestando a mi terroncito —respondió, tomando un poco de la miga del muffin y saboreándola—. No está mal.
—¿Tú la estás ayudando?
—¿Ayudando a qué? —preguntó, tomando otro trozo el panecillo.
—A darme los regalos a escondidas —le aclaró—. Es que no entiendo como lo hace, puedo estar con ella todo el día y de un momento a otro, ahí está el paquete rojo.
Plagg sonrió.
—No tengo idea de lo que estás hablando —Adrien entrecerró los ojos cuando escuchó como Plagg decía las mismas palabras de Marinette. Claramente, ambos estaban confabulados en esto.
—¿Con que te compró? —le dijo de mala gana, por lo que Plagg solo se rio ante sus palabras.
—La maestra no me compró con nada, Adrien —le dijo, tomándole un poco más de su muffin—. Mi lealtad está contigo.
—Haré de cuenta que te creo —dijo, dándole otro mordisco al panecillo. Estaba tan delicioso que era obvio que había salido de los Dupain-Cheng.
Cuando terminó de saborear el bocadillo, buscó la tarjeta dentro de su bolso y la encontró. Dentro del sobre la palabra «QUE» estaba escrita y el otro lado, nuevamente solo decía "Día Cinco"
Adrien quedó observando la tarjeta…
¿Por qué diría un simple "Qué"?
En eso recordó las palabras antiguas, mirando su mano derecha…
Levantó el pulgar: En
Levantó el índice: Esta
Levantó el mayor: Navidad
Levantó el anular: Quiero
Levantó el meñique: Que
¡Esas tarjetas eran partes de un mensaje!
—En esta navidad quiero que… —se dijo para si mismo, comprendiendo que su calendario de Adviento contenía un mensaje ocultó en él.
Recordó el color de las cintas, usando los dedos de su mano izquierda: Plateado, Verde, Azul y Dorado.
Hasta ahora, solo se había repetido el color plateado y en ambas había conseguido un regalo dulce, algo que se podía comer. ¿Los otros colores seguirían la misma lógica?
El sonido de su teléfono indicando que se aproximaba su siguiente materia lo hizo salir de sus pensamientos.
Tenía que concentrarse primero en sus exámenes, luego seguiría jugando a los detectives con el juego que le estaba poniendo Marinette.
