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Un mensaje para ti

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El día martes fue otro día agotador con exámenes y presentación de trabajos para ambos, de hecho, Adrien no se había cruzado en ningún momento con Marinette porque sus horarios el día de hoy no coincidía en lo absoluto.

Realmente la extraño el día de hoy.

Lo único que esperaba era la noche para poder salir a patrullar con Ladybug, pues era algo que hacían fijo, así sus agendas estuvieran a reventar de trabajos. Simplemente, para despejarse, sentir el frio en el rostro y, por un segundo, olvidarse de todo el peso que la vida de adultos había traído a sus ya pesadas mochilas.

Llegó a su casa, cenó con Nathalie en la habitación de la mujer y luego, se preparó en su habitación para salir hacia la noche parisina a encontrarse con su Lady.

Sonrió mientras esperaba con ella en el punto de encuentro, estaba por llamarla cuando recibió un mensaje de que no iba a poder venir.

Sin perder tiempo, se acomodó contra una chimenea para poder llamarla cuando encontró ahí, en el techo un paquete rojo con un moño color verde.

Esperen, ¿su regalo estaba ahí? ¿En un techo?

Dejó su vara y se agachó a abrirlo, quitando el listón de brillante color verde. Dentro estaba la tarjeta con la palabra «RECUERDES» y del otro lado, se sorprendió a ver más texto que solo "Día seis" «Espero que aproveches el regalo, pero no te lo pruebes con el traje» Chat Noir dejó la tarjeta a un lado y observó que dentro había un par de guantes color negros. Por el tipo de puntada estaba hecho a mano, no pudo evitar llevárselo al rostro para sentir la suavidad de la lana y de paso, reconocer el aroma de su pareja en ellos.

Guardó todo dentro de la caja nuevamente y volvió a sacar su vara para marcarle.

«Hey» sonó del otro lado.

—¿Estás bien? —le preguntó, preocupado poniéndose de pie— ¿Quieres que vaya a tu departamento?

«¡No!» aquella negativa, hizo que Chat Noir tuviera que despegar su rostro del teléfono y verlo asustado «Digo, no es necesario. Estoy bien, todo está bien. Solo que hace frío y Tikki hoy no tiene energías para salir, tú sabes, ella siempre se pone así en invierno»

—Podrías haber dejado venir a la ratoncita, mientras ella descansa…

Marinette se río del otro lado de la línea.

«No confió en la integridad de esa ratoncita en tus garras»

Ambos se quedaron en silencio un momento, y Adrien suspiró.

—Segura de que está todo bien, ¿verdad?

«Todo perfecto, no te preocupes, ¿almorzamos juntos mañana? Solo tendré clases por la tarde, puedo llegar un poco antes»

—Claro, no hay problema —respondió—. Te quiero.

«¡Y yo te amo!»

Sonrió y cortó la llamada.

Otra vez esa sensación rara se formó en su pecho, pero, todo estaba bien, ¿no? Ella estaba bien, ella lo invitó a comer y le dijo que lo amaba… Estaba haciéndole regalos a escondidas, jugando a ser Santa…

Sacudió su cabeza, acomodando la caja en su mano antes de saltar de regreso a la mansión para dejar su regalo ahí, antes de recorrer las calles heladas de París.