Un mensaje para ti
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El rostro de Adrien se iluminó cuando la vio llegar, elevando su mano derecha haciendo que su cabello suelto cubierto por una boina rosada bailara junto a su movimiento. La capa blanca que usaba de abrigo tenía una doble hilera de botones en rosa pastel y el joven no pudo evitar soñar despierto cada vez que la veía en ese color.
Ansiaba tanto casarse con ella, estar juntos para siempre y no tener que despedirse todos los días porque ambos tenían diferentes residencias.
Suspiró, aun perdido en sus pensamientos cuando Marinette se detuvo frente a él en la mesa.
—¿Ya pediste algo? —le preguntó, quitándose los guantes para dejarlos sobre la mesa y sacarse el abrigo para colocarlo en el respaldo de la silla. Adrien perdió el aliento al ver el hermoso vestido rosa que llevaba puesto. De cuello alto. Ajustado hasta la cintura marcando perfectamente sus curvas para terminar en una falda acampanada.
Era tan afortunado de tener una pareja tan hermosa.
—¿Adrien? —volvió a llamarlo cuando se sentó finalmente frente a él— ¿Estás bien?
—Perfecto —dijo sonriéndole—. Es que te ves tan hermosa… —le dijo haciendo que Marinette sintiera sus mejillas sonrojarse—… y verte de blanco siempre hace que mis ideas vuelen hacia donde te niegas a venir conmigo —terminó entrecerrando los ojos, pero Marinette no se sintió atacada con sus palabras.
—Bueno, podrías probar preguntándomelo nuevamente —comentó antes de levantar la mano para que el mesero llegara a entregarles un menú a ambos. Adrien estuvo todo ese momento mirándola en silencio, analizando si quiso decir lo que él entendió.
—Tú… —dijo, pero no le salían las palabras de su boca, ¡estaba completamente en shock! — ¿De verdad?
—Tal vez —comentó sin mirarlo—, estaría dispuesta a conversarlo el próximo año.
Eso fue suficiente para que Adrien recobrara toda la ilusión. Solo una vez había tocado el tema del casamiento, pero ella había insistido que aun eran muy jóvenes y tenían mucha presión sobre ellos. Que podría ser mucha carga y podría dañar su relación… Que ahora que lo estuviera replanteando, significaba que algo cambio, quizás la terminación de sus estudios fuera suficiente para darle el "sí"
Hablaron de todo un poco mientras comían, de Nathalie, de sus exámenes, de Tikki y las disculpas por fallar a la patrulla, prometiéndole que la ratoncita aceptó estar ahí mañana.
Adrien tenía una enorme sonrisa en su cara cuando se despidió de Marinette, cerca de su salón de clases.
Ella movió su mano en señal de despedida antes de entrar.
Adrien suspiró, pero esta vez de forma enamorada, ya tenía un par de ideas en que gastar su tiempo en cuanto las vacaciones de navidad llegaran a Paris.
Giró sobre sus pies y se dirigió a su auto, abrió la puerta del piloto, encontrándose sobre el asiento, la cajita roja que lo ha acompañado toda la semana, lo tomó con la mano derecha para poder entrar y sentarse.
Observó el moño de color azul y luego, abrió el paquete. Dentro encontró una caja de videojuegos. Era el último juego que Max había sacado a la venta, donde podías elegir a Ladybug o a Chat Noir y enfrentar distintos akumatizados. Marinette le había contado que había jugado la beta con sus padres cuando estaban en el College, pero ahora, Max finalmente había cumplido su sueño de conseguir los permisos para ser distribuidos a nivel nacional e internacional para todas las plataformas.
Estaba alegre por su amigo, pero también feliz de tener una copia para él.
Tomó la tarjeta y se encontró con la palabra «QUE» una vez más. Del otro lado decía: «No hay nada mejor para descargar tensiones pos exámenes, que una buena ronda de videojuegos. Disfrútalo. (Si es en compañía, mejor»
El comentario entre paréntesis lo hizo reír, dejó las cajas a un lado y se puso a conducir de regreso a la mansión.
Quizás, invitaría a su novia ese fin de semana para jugar juntos.
