Un mensaje para ti

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Adrien no tenía universidad ese día, así que pasó todo el día en su habitación, sin poder dejar de planear una y mil formas de pedirle matrimonio a Marinette, una vez que se graduara.

Pensaba en como pedírselo, en que palabras usar, que anillos comprar…

Plagg lo miraba ilusionado con una sonrisa, mientras comía de sus quesos, preguntándose que sentiría el chico al momento de que los veinticuatro paquetes fueran entregados.

En un inicio, él, el Kwami de la destrucción, no estaba muy seguro del plan de la guardiana. De hecho, encontraba ridículo entregar tantos presentes, cuando podía darle solo uno, el último.

La respuesta de la chica, sobre cambiar la perspectiva que Adrien tenía sobre diciembre y la navidad, lo convenció; claro, después de que la chica le mostrara todo lo que tenía preparado para los regalos.

Sí, tranquilamente podría spoilearle todos los obsequios a su portador, pero no lo iba a hacer, porque esperar los paquetes se había convertido en parte de la rutina de Adrien, una rutina que lo hacía feliz, contra tantas otras que solo lo han agobiado desde el tiempo en que se conocieron.

Terminó de comer su trozo de queso y flotó hacia su portador.

—¿Adrien?

—Dime, Plagg —dijo sin mirarlo, aun con la mirada en el techo planificando su propuesta de ensueño.

—Es hora de la patrulla.

—Es cierto —dijo con una enorme sonrisa, sentándose en la cama—. Marinette me prometió que hoy vería a una vieja conocida.

—No hagas tonteras con el traje chico —le advirtió y Adrien sonrió.

—No prometo nada…

—¡Adrien! —protestó, pero Adrien volvió a reírse antes de pedir la transformación.

Con un movimiento de la vara, salió de su habitación hacia el atardecer, para patrullar con…

—¡Multimouse! —exclamó cuando la vio, la heroína de traje plomizo se giró al verlo con una sonrisa—. Wow, realmente viniste.

—Lo prometí, ¿no? —le recordó—. Pero, solo será un rato, quiero volver con Tikki pronto.

—Claro, Mininette —dijo el chico, observando muy bien a su compañera. Le encantaba el tono rojo de Ladybug, pero el traje plomo con detalles rosados era tan Marinette que le fascinaba aún más.

Estaba tan perdido en sus pensamientos, que cuando se dio cuenta, había sido apoyado contra una chimenea y besado como si no hubiera mañana.

—No me quejo —susurró, cuando la superheroina se separó de él—, pero, ¿eso que fue?

—No sé —dijo, encogiéndose de hombros—, simplemente se me antojo…

Chat Noir sonrió ante las palabras de Multimouse.

—¿Estás tentando tu suerte? —preguntó, mientras la chica justamente mantenía sus labios muy cerca de los del superhéroe.

—Tal vez si me atrapas… —dijo divertida, alejándose con un rápido movimiento de su soga.

—Oh, espera que te atrape —contestó, saliendo tras ella.

Adrien despertó encontrándose en su habitación a oscuras, giró sobre su lado izquierdo, pero estaba solo con un papel pegado a la almohada.

«Parece que el ejercicio te agotó, no logré despertarte. Tengo que volver, no puedo dejar a Tikki sola en el departamento. ¡Nos vemos mañana en la universidad!»

Dejó la nota a un lado y miró hacia el techo.

Marinette parecía estar tan escurridiza como un verdadero ratón estos días.

De pronto, Adrien sintió un golpe en su pecho, al notar que Plagg hacía dejado caer la caja roja con un listón dorado.

—Oye…

—Eso te pasa por no hacerme caso —protestó—. Te juro que mañana me comeré todo lo de la caja y no te dejaré nada.

—¿Sabes lo que hay en la próxima caja? —Plagg lo ignoró y se fue a comer queso.

Adrien dejó al pequeño disfrutar de su queso y el abrió la caja. La palabra «ERES» lo recibió en la tarjeta, del otro lado, solo había un mensaje impreso que decía de "Semana 2 – Día 8"

Revisó dentro de la caja y encontró un paquete con un cepillo de dientes. Igual al que usaba él, pero este claramente era nuevo. Confundido, vio que no había nada más dentro de la caja. ¿Qué estaba tratando de decirle con eso?

Se rio y recordó el estuche que obtuvo en el anterior listón dorado. Quizás podría usarlo como un neceser y poner el cepillo de dientes ahí dentro.