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Un mensaje para ti
──❀10❀──
…
Adrien ya no sabía que pensar.
Si bien Marinette quería darle un diciembre que no pudiera olvidar, estaba camino a conseguirlo, pero no estaba seguro si era de la forma en que ella esperaba originalmente, o como había empezado el mes.
Marinette no estaba a su lado cuando despertó ese sábado. Pero, si lo hizo esas benditas cajas rojas con moños de distintos colores. Como era esperarse, el tono verdoso de la cinta indicaba que nuevamente recibiría algo para vestir. De hecho, la caja era más grande que las otras. La abrió y se encontró un suave sweater de lana rojo con detalles en negro.
Era hermoso, no lo iba a negar.
Venía acompañado de la palabra «VALIOSO» y «Día 10» del otro lado.
Suspiró.
Si era valioso para ella, no debería estar haciéndole pasar esas rabias. Porque, lo bonito de sweater se convirtió en angustia al no verla en el baño, ni con Nathalie, ni en la cocina.
Es decir, no estaba en la mansión y no había sido capaz de avisarle, siquiera que se había ido.
Entró con molestia a su habitación cuando observó a la superheroina moteada frente a él, ingresando por la ventana con un bolso.
—Pensé que todavía estarías durmiendo —comentó, dejando el bolso en el suelo, en cuanto Adrien se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
—¿Por qué me haces esto?
—¿Qué cosa?
—Irte sin avisar —protestó—. No dejaste ni una nota —le reclamó, separándose de Ladybug.
—Solo fui a casa por ropa, si me quedaré aquí una semana necesitaba ropa para la universidad.
—Podría haber ido contigo —le dijo.
—Tranquilo —le pidió—. Soy bastante independiente para poder hacer mis cosas.
—Lo sé —se alejó de ella, retrocediendo un par de pasos—, pero, ayer caíste al hospital Marinette, no es como siempre.
—Lo sé, lo siento —dijo, destranformándose—. No pensé demorarme tanto, pero Alya me entretuvo porque Alice le contó que estuve en el hospital y estaba preocupada, pero aliviada de que estuviera contigo.
—Tú —la señaló y luego apretó el puño en el aire—, te aprovechas de mí porque te quiero demasiado —protestó.
—Lo siento —dijo, acercándose a él para abrazarlo—, de verdad, no quiero discutir contigo, te prometo que desde navidad todo será felicidad.
Él la miró con desconfianza, pero igualmente la rodeó con sus brazos.
—¿Segura que para navidad?
—Sí —afirmó, antes de apoyar su mejilla contra el pecho de su pareja—, estoy planeando una gran fiesta navideña. Será la mejor navidad de tu vida, hasta el momento.
Aquellas palabras lo sorprendieron. Porque si estaba planeando una gran fiesta navideña, seguramente todo lo que le ha estado regalando tenía una función para ese día, bueno, al menos no la comida porque ya eso había pasado a mejor vida.
—¿Desayunaste con Alya? —le preguntó.
—Solo tomé un jugo de naranja, así que puedo desayunar contigo.
—Bien —se separó de ella y le tomó la mano—, ¿Quieres panqueques?
—¡Si! —exclamó emocionada.
—Vamos entonces…
