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Un mensaje para ti

──❀11❀──

Para sorpresa de Adrien, Marinette se comportó bastante bien. Había comido algo lento, pero todo lo que él le había preparado y el resto de la jornada lo había pasado acostada, trabajando en un tejido amarillo.

El día domingo, cuando Adrien despertó, si bien no estaba en la cama, estaba en la habitación, con un trozo de tela en el suelo y diversos moldes montados sobre ella con alfileres.

—¿Y eso que es? —le preguntó.

—Una de las cosas que fui a buscar a mi departamento ayer —le informó, sentándose en el suelo para mirarlo.

—¿Es un trabajo?

—Sí —afirmó con una sonrisa—. Tengo que presentarlo el miércoles —le indicó—. Pero no necesito terminarlo, el profesor nos pidió llevarlo solamente hilvanado, seguramente para poder ver detalles en la clase.

—Es un tono extraño de naranja —comentó Adrien—. Parece como mandarina.

—Es tono mandarina —dijo Marinette con una sonrisa—. Es el diseño de una compañera. Ésta es nuestra última tarea antes de nuestro último semestre —le explicó—. Hacer el diseño de una de nuestras compañeras, para ver nuestra adaptabilidad a todo tipo de situaciones y también, para salir de nuestras zonas de confort.

—Entiendo —dijo— Supongo que estarás ocupada un buen rato, ¿Quieres que preparé algo para desayunar? Haré lo que quieras.

—¿Puedes hacerme un pocillo de arroz? —le pidió.

—¿Arroz de desayuno? —preguntó confundido.

—Sí, pero blanco, sin nada más que sal —le respondió—. Tengo ganas de comer eso —le sonrió y luego, se enfrascó en seguir marcando los moldes en la tela.

Adrien se encogió de hombros y fue a preparar el desayuno. Al menos tenía ganas de comer, eso era bueno y tenía que aprovechar.

Hacía la tarde, Marinette se quedó dormida después de hilvanar un par de las piezas del vestido, Adrien le había ofrecido ayuda, pero ella no lo había dejado porque, después de todo, era su trabajo.

El joven estaba sentado en su escritorio leyendo para su examen de mañana, pero no podía evitar desviar su mirada hacia la chica que dormía junto con los dos kwamis.

Estaba muy intrigado por lo que sea que Marinette planeaba. Si bien, al inicio de mes estaba emocionado por la sorpresa, a medida que pasaba el tiempo, empezó a preocuparse por ella, a temer lo que fuera a decirle en navidad…

Pero, tenía que confiar en ella y esperar. Solo serían trece días más.

La caja roja del día 11 era un poco más grande que las demás, pero no tanto como la del sweater del día anterior, la encontró en su escritorio, mientras Marinette hacía la cena.

Quitó la cinta azul del paquete revelando un conjunto de piyama, camisa y pantalón de franela blanco y negro con un patrón de renos en el costado de su pierna derecha y en ambos brazos.

Era un piyama, sin duda, navideño.

Lo dejó nuevamente doblado dentro de la caja, cuando Plagg llegó a avisarle que estaba lista la cena.

—Dile que ya voy —respondió abriendo la tarjeta donde una simple «E» estaba dibujada junto con la frase "Día Once"

Sonrió y dejó la tarjeta dentro de la caja antes de salir de su habitación.