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Un mensaje para ti
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A Adrien le gustaba cuando Marinette se quedaba con él, en la mansión, ser lo último que veía al cerrar los ojos antes de dormir, ser lo primero que veía al despertar… aunque esa última parte los últimos tres días no parecía ser algo que pudiera pasar.
Cuando despertó ese lunes, Marinette no estaba en la cama, nuevamente, pero si lo estaban Plagg y Tikki, que le informaron que Marinette se había despertado temprano para prepararle el desayuno.
Se levantó de la cama, entró a bañarse y cuando salió vestido para un nuevo día, bajó las escaleras hacia la cocina.
Marinette estaba ya sentada desayunando nuevamente arroz, pero esta vez le había agregado unas tiritas de carne, se sentía el olor en el ambiente.
—¿Puedo comer lo mismo que tú? —le preguntó, dándole un beso en la sien mientras la rodeaba con su brazo derecho para afirmarla más a él.
—Claro —dijo, dejando su pocillo en la mesa—, deja que te sirva.
—No —se separó de ella—, yo puedo servirme —buscó una cuchara, un pocillo y se sirvió una porción de arroz cubriéndolo con la carne que había preparado Marinette. Se sentó frente a ella y la observó comer, ni siquiera pensó cuando tiró la frase— ¿por qué estás comiendo arroz de desayuno?
—No me siento muy bien en las mañanas —le comentó, bajando los palillos con los que estaba comiendo el arroz—. Pero, comer arroz me sienta bien, los malestares se van. Es raro, pero me funciona.
Adrien la observó fijamente.
—¿Te has estado sintiendo muy mal?
—Solo a veces —le comentó—, me costaba un poco retener lo que comía, quizás por eso me deshidrate.
—¿Eso te pasó la semana pasada? —Marinette afirmó con un movimiento de la cabeza—. Por eso estabas rara, ¿Pescaste algún virus estomacal?
—Sí —dijo, sonriendo de lado—, pesqué algo…
Adrien volvió a mirarla como si se estuviera perdiendo algo, en eso, desvió su mirada a su celular que titilaba, llamándole la atención la hora que era.
¡Si no se apuraba iba a llegar tarde!
Terminó de comer, dejó el pocillo para lavar y tras besar a Marinette salió de la cocina hacia su habitación por su bolso e irse a dar su examen.
Mientras tomaba su mochila, encontró nuevamente el regalo rojo esperándolo en el escritorio.
Lo tomó, se colgó su bolso en el hombro y bajó las escaleras hacia su auto, apoyó el regalo en el asiento de copiloto.
Ya lo abriría, después de su examen.
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Y eso hizo, ni bien volvió a subir a su auto, tras dar el examen, tomó el paquete entre sus manos y lo abrió.
Dentro había una bolsa negra, al abrirla se encontró con una toalla de microfibra, esas que son ideales para viajes. El regalo lo hizo sonreír, recordando la vez que fueron a acampar con Nino y Alya y ellos llevaron de ese tipo de toallas y él unas normales que habían ocupado gran parte de su bolso.
El recuerdo lo había hecho reír, ojalá el próximo verano pudieran salir nuevamente los cuatro juntos.
Dejó la toalla y abrió el sobre de la tarjeta, la palabra «IMPORTANTE» escrita en mayúsculas y letra negrita lo hizo dejar todo a un lado y ponerse en marcha.
También quería ir con la persona más importante para él.
