.
Un mensaje para ti
──❀13❀──
…
Abrir los ojos y por fin poder ver a Marinette dormir a su lado, fue algo que esperaba disfrutar, pero no había sido así. Marinette había pasado una mala noche.
La había sentido levantarse un par de veces en la noche, pero ya a la tercera se levantó con ella, encontrándola lavándose la cara.
—¿Estás bien? —le preguntó.
—Me duele mucho la cabeza —le respondió, tomándosela con ambas manos. Adrien caminó hacia ella cuando la vio marearse levemente.
—Ven, ven conmigo —le dijo, agachándose un poco, para tomarla por debajo de la rodilla y elevarla de forma nupcial. Ella se acomodó contra su pecho y cerró los ojos.
Adrien se sentó en la cama, aun en la misma posición, y la arrulló en sus brazos hasta que sintió que se quedó finalmente dormida.
.
Por suerte, ninguno de los dos tenía clases ese día, así que, transformándose en Chat Noir, salió con rapidez de la habitación hacia la panadería de sus suegros, se destranformó en el callejón cercano y corrió hacia ella. Alegre de que ellos abrieran temprano en la mañana.
Cuando lo vieron entrar lo saludaron amablemente, pero algo en el semblante de él hizo que ambos se preocuparan.
—¿Pasó algo con Marinette?
—Ha pasado toda la noche con dolor de cabeza —comentó.
Tom y Sabine se miraron y suspiraron, Adrien se preguntó si ellos sabían algo que él no. De hecho, ni siquiera sabía si ellos se habían arreglado después de la última discusión.
—Tranquilo, no es nada grave —comentó Sabine—, solo significa que necesita descansar. ¿Ella está quedándose contigo?
—Sí —afirmó—, después de que terminó en el hospital, no la voy a dejar sola.
—¿En el hospital? —exclamó Tom, acercándose lo suficiente para poner sus grandes manos en los hombros de Adrien— ¿Cómo que mi chouquette estuvo en el hospital?
—Ella dice que pescó algo, supongo que debe ser algún virus estomacal o algo, que terminó deshidratada.
Tom y Sabine se volvieron a mirar con preocupación y Sabine se retiró hacia el departamento.
—¿Pasó algo?
—No, solo va a ir a prepararle algo para que le lleves para desayunar —respondió, rascándose la nuca. Adrien conocía ese gesto, Tom hacía lo mismo que él cuando estaba nervioso.
—¿Quiere decirme algo? —le preguntó, impaciente. Tom se sobresaltó ante aquella pregunta.
—Tú quieres a mi Marinette, ¿verdad?
Pero, ¿qué clase de pregunta era esa? ¡Por supuesto que sí! Pero no contestó de mala manera. Aspiró profundamente.
—Por supuesto que sí —afirmó—. Marinette es parte de mi vida, no me imagino sin ella a mi lado. ¿Por qué la pregunta?
—No es nada grave, hijo, relájate —él ni siquiera se había dado cuenta que estaba tan tenso, hasta que se lo dijo, dejó caer los hombros—. Sinceramente, estoy preocupado de que la terquedad de ella de alguna forma te haga sentir mal. Es mi hija y la adoro, pero a veces no estoy de acuerdo en las cosas que hace.
—¿Cómo en qué?
—Haberse ido con Alya, por ejemplo —comentó—. Porque, aun así, todavía hay noches que duerme aquí o en la mansión contigo. Y lo sé, es su decisión, ella quería experimentar la vida fuera de casa, pero siempre termina volviendo. Hubiera deseado que saliera de esta casa de la mano contigo.
Y Adrien también esperaba eso, pero Marinette era así, impredecible y él había aprendido a vivir con eso, después de todo, era un rasgo de Marinette que hacía a Ladybug quien era. Y fue una de las cosas que le hizo amarla en primer lugar.
—No sé preocupe por eso —dijo Adrien con una sonrisa—. Conozco muy bien a Marinette, es como ahora, sé que algo tiene planeado, pero estoy confiando en que pronto pueda contarme que trama. Sin importar qué, lo entenderé.
Tom suspiró.
—No sé que hizo mi hija para merecerte —exclamó emocionado—, no puedo desear nadie mejor para ella.
Adrien sonrió.
—Creo que es, al contrario, yo no sé que hice para merecer el amor que ella me entrega.
Ambos se miraron con una sonrisa satisfactoria de las palabras entregadas y permanecieron en silencio hasta que sabine bajo con una tupper y sobre éste, una caja roja con un listón plateado que él conocía muy bien.
—Siento que Marinette es un poco bruja a veces —comentó Sabine, mientras el paquete para que Sabine echara el tupper en una bolsa de papel—. No sé por qué me dijo que, si Adrien venía hoy, prepara esa caja.
Adrien sonrió.
—Marinette es mágica —respondió, con una sonrisa se despidió de ambos y salió de la panadería para transformarse. Se agachó sobre un techo y abrió la caja, dentro había tres croissants y la nota tenía la palabra «PARA»
Guardó la tarjeta dentro, volvió a poner el lazo y con mucho cuidado, se encaminó de regreso a casa.
Llegó a la ventana de su habitación y cuando ingresó, la encontró sentada, hilvanando las piezas del vestido para mañana.
Ambos se miraron y sonrieron.
Adrien amaba tenerla en casa.
