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Un mensaje para ti

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Marinette guardó con cuidado el protector del vestido en el asiento trasero del auto de Adrien antes de subir de copiloto.

—Deberías dejar que fuera sola a clases —le comentó, abriéndose el abrigo, pues aquella mañana había amanecido muy helada—. Tú ya regresas hasta enero.

—¿Y perderme ser tu chofer? —negó con la cabeza—. Por supuesto que no —contestó poniéndose en marcha.

—¿Es que no confías en mi forma de conducir? —Adrien solo respondió con una sonrisa nerviosa—. ¡Tú me enseñaste a conducir, Adrien! —protestó—. Y si no lo recuerdas, pasé mi examen a la primera.

—Lo sé y te felicité por eso, ¿recuerdas? —Marinette afirmó, poniéndose algo sonrojada—. Y no te estoy menospreciando, solo quiero asegurarme de que llegues bien —bajó el tono de voz, pues prefirió ser sincero—. Y me preocupas, ¿qué pasa si te duele la cabeza de nuevo? ¿O te mareas mientras conduces? —Marinette apretó los labios y no dijo nada—. Estaré más tranquilo si puedo asegurarme que estás bien.

—Te amo —soltó Marinette, apoyándose en su brazo y eso fue suficiente para que Adrien soltara el aire que no sabía que contenía.

—Y yo a ti.

Como Marinette solo tenía la clase donde debía presentar el vestido en el que estaba trabajando. Adrien se quedó en el campus, dentro del auto, buscando algún lugar donde llevar a Marinette a almorzar.

—Adrien —Plagg se posó en su hombro—, ¿puedes hacerme un favor?

—¿Cuál? —preguntó, mientras leía la reseña del restaurante que había elegido.

—¿Puedes tomar la caja que dejó la guardiana para ti? —Adrien bajó el teléfono confundido y luego, miró al Kwami con una sonrisa ladeada— ¿Qué? —comentó Plagg, cruzado de brazos.

—¿Ya no lo ocultarás?

—¿Vale la pena, ya?

—Claro que no —Adrien se quitó el cinturón de seguridad y se movió hacia los asientos de atrás, ahí había una caja roja con un listón verde. Si sus teorías no fallaban, debería haber algo de ropa aquí. Quitó la cinta y abrió la tapa, sonrió cuando se dio cuenta que tenía razón, dentro había un pantalón.

Y sobre éste estaba la tarjeta correspondiente al día.

«MI»

Dentro otro lado, se sorprendió al encontrar más texto que simplemente «Día catorce»

«La primera frase del mensaje está completa, ¿estás listo para la segunda?»

Adrien sonrió y guardó todo dentro de la caja, para volver a dejarla en el asiento de atrás.

—Por supuesto que estoy listo, Marinette —se dijo a si mismo—, siento que en las próxima diez palabras voy a descubrir finalmente lo que está pasando.

—Lo harás —le confirmó Plagg, que volvió a sentarse en su hombro—. Estoy seguro de eso.

Adrien elevó la mano y acarició al Kwami, apoyando su cabeza contra él.

—Te quiero, Plagg.

—Sí, sí —lo separó de él—, no te me pongas cursi.

Adrien se río y volvió a su teléfono para confirmar si tenían cupos disponibles para ir a comer.

Cuando Marinette volvió con una enorme sonrisa en sus labios, supo que todo había ido muy bien.

—¿Vamos a festejar?

Marinette afirmó con la cabeza, emocionada.

—Festejemos que ya estamos de vacaciones… —exclamó con sus puños cerrados frente a ella.

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Con esto completamos la primera frase del mensaje, ¿empecemos la segunda?

¡De acá al sábado 24, esperen el desenlace de esta pequeña historia!

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Aquatic~