Día 2: Desayuno
Orihime abrió los ojos y sonrió al percibir el aroma del café recién preparado. Tuvo que parpadear un par de veces para acostumbrarse a la luz que entraba por la ventana. Al parecer ya era más de media mañana y había dormido más de lo que esperaba. Su cuerpo lo necesitaba, nadie lo negaba, pero se sentía mal porque el día anterior le había dicho a Ulquiorra que lo llevaría a desayunar a aquella nueva cafetería que había abierto recientemente en el centro de Karakura. Si la casa olía a café, significaba que el moreno se había levantado mucho antes que ella.
La joven se sentó en la cama y estiró los brazos. Era una fría mañana y se estremeció en respuesta. Si por ella fuera, se quedaría acurrucada bajo las cobijas al menos cinco minutos más, pero al parecer su apetito fue más fuerte y su estómago gruñó un par de veces.
Cuando bajó a la cocina, se encontró con Ulquiorra usando su mandil rosa de holanes y cocinando huevos revueltos. La imagen era demasiado tierna y lamentó no tener su teléfono para tomarle una foto. Había también pan en el tostador, una jarra de jugo de naranja sobre la mesa y dos platos con sus respectivos cubiertos.
-Buenos días -saludó tímidamente desde el marco de la puerta.
-Supuse que el aroma del desayuno sería una buena forma de despertarte -respondió Ulquiorra sin voltear a verla.
Orihime se sonrojó ligeramente. Después agarró dos tazas y sirvió el café.
-¿Por qué no me despertaste? Te prometí que te llevaría a desayunar al restaurante nuevo.
-No me pareció correcto. Después de todo estabas muy cansada. ¿Dormiste bien? –Ulquiorra sirvió los platos y ambos se sentaron a la mesa.
-Bastante bien, ¿y tú?
-Sí, no roncaste demasiado.
Orihime se sonrojó aún más y Ulquiorra sonrió complacido. Nunca se cansaba de los distintos tonos rosas y rojos que la chica adquiría en cuestión de segundos. Ahora que era su primer día de vacaciones, esperaba poder pasar más tiempo con ella.
