Día 3: Frío

Orihime creía que lo único malo que tenía la época navideña era que transcurría durante el mes de diciembre, y eso significaba las más bajas temperaturas de todo el año. El frío era algo que no soportaba, ella amaba el calor de la primavera y el verano, cuando podía usar sus vestidos florales, comer helado y dar largos paseos por el parque. El verdor de los árboles le transmitía una tranquilidad absoluta, era una época ideal para un nuevo comienzo; y tanto las risas de los niños, los perros corriendo por los jardines como el aroma de las flores, eran cosas que no podían compararse.

El invierno, en cambio, se sentía como un momento decadente, como un cierre que no terminaba de completarse, a paso de tortuga. La blancura de la nieve a su alrededor podía llegar a ser abrumadora, y el clima la aletargaba y le quitaba la energía. Su cuerpo rígido todo el tiempo, con varios suéteres por encima, no le permitía moverse como quería.

-¿Estás bien? -preguntó Ulquiorra levantando la vista de su lectura.

Había notado la seriedad de la joven y el prolongado silencio y la miró confundido. Orihime era una persona muy activa, todo el tiempo iba de aquí para allá y rara vez estaba quieta y callada por largo rato. Estaba sentada en el sillón cerca de la puerta y sus ojos cafés estaban fijos en la ventana, el ceño fruncido y sus brazos alrededor de su cuerpo, ligeramente encorvado, como a la defensiva. Ni siquiera había escuchado la pregunta.

Ulquiorra siguió mirándola por unos segundos y entonces percibió el ligero temblor de la chica. Se levantó sin hacer ruido y se sentó a su lado, le pasó el brazo por encima de los hombros y la atrajo hacia su cuerpo para abrazarla.

Orihime se sorprendió por el contacto, estaba tan ensimismada que no se había dado cuenta de que Ulquiorra la estaba envolviendo en sus brazos. Sintió su mano acariciando su cabello y se permitió acurrucase en su pecho. El calor corporal fue bien recibido y en cuestión de minutos la temperatura se volvió soportable. Tal vez, después de todo, el invierno no era tan malo. Mucho menos con la certeza de que tendría más momentos así.