Día 4: Juegos de mesa

Orihime levantó la vista de sus cartas para evaluar la cara de su oponente. Si tan sólo hubiera algún atisbo de duda que pudiera captar, alguna señal acerca de la jugada que tenía en mente, pero el rostro de Ulquiorra permanecía impasible como siempre. Sus ojos verdes estaban fijos en sus propias cartas, al parecer tan ensimismado que no se daba cuenta de que estaba siendo observado.

Sin embargo, el moreno sí que percibía la mirada intensa de Orihime. La joven era demasiado obvia y eso casi lo hizo sonreír, pero se recordó que tenía que mantener la fachada seria. Si su expresión se alteraba un poco, lo descubriría.

Ulquiorra sacó una carta del mazo y vio que era justo la que necesitaba. Una victoria más a su cuenta. Ya había perdido la cuenta de las veces que había ganado. No sólo jugando cartas, sino también en ajedrez, damas y Turista. No era su culpa ser tan bueno en juegos de ese tipo, simplemente era buen observador y estratega. Orihime, en cambio era impulsiva y transparente, no podía ocultar sus jugadas ni la sonrisa de satisfacción cuando le tocaba una buena jugada.

Lo primero que pensó fue perder a propósito para que Orihime tuviera, aunque sea una victoria, pero desechó la idea al darse cuenta del impacto que tendría en ella. Dejarla ganar no era correcto, y sin duda se sentiría ofendida. Seguro sería peor que simplemente ganarle otra vez.

Ulquiorra puso la carta en la mesa y bajó sus cartas, triunfante. Orihime suspiró derrotada y apoyó la frente en la mesa.

-¿Cómo lo haces? No he podido ganar ni una sola vez -exclamó haciendo un puchero.

-Parece que estoy teniendo una buena racha –dijo Ulquiorra.

Orihime no respondió y Ulquiorra acarició su cabeza suavemente, entrelazando sus pálidos dedos entre las finas hebras rojizas. En realidad, no había mucho que pudiera hacer para que se sintiera bien. Así eran los juegos de azar, a veces ganabas y a veces perdías. Sin embargo, otra idea cruzó su mente y se inclinó hacia la oreja de Orihime.

-¿Qué te parece si vemos una película? Yo hago las palomitas.