Día 5: Cobijas

Una hora después, la nube gris sobre la cabeza de Orihime se había esfumado por completo. Ambos se encontraban sentados lado a lado en el sillón frente a la televisión, y aunque Ulquiorra pensaba que Orihime estaría de humor para alguna película de temporada, la joven siempre optaba por volver a los romances de época que tanto le gustaban.

A él no le importaba en lo absoluto, podía ver la misma película una y otra vez siempre y cuando estuviera con ella, pues lo que disfrutaba, más que la trama en sí, era ver a Orihime de reojo y observar con detenimiento sus expresiones cuando algo le gustaba, escuchar los comentarios ocasionales y las risas de la joven que parecían darle años de vida y color a sus días.

Sin querer interrumpirla, Ulquiorra se estiró sobre su asiento y tomó una cobija que estaba en el canasto debajo de la mesa. Ya estaba atardeciendo y la temperatura bajaba rápidamente, así que cubrió el cuerpo de Orihime y le puso un brazo sobre los hombros para que se acurrucara con él.

Orihime sonrió al sentir el abrazo y sintió las mejillas calientes. Ulquiorra siempre tenía esa clase de detalles con ella, pero todavía no terminaba de acostumbrarse a las muestras de afecto tan repentinas. Sobre todo, teniendo en cuenta la personalidad tan fría y distante que solía mostrar hacia los demás.

Ulquiorra notó que Orihime tensó el cuerpo cuando la abrazó, como si no se lo esperara, pero se relajó casi de inmediato y se dedicaron a ver el resto de la película. La cobija encima les proporcionaba calor corporal, pero la calidez de su pecho era algo más, algo que no provenía de la tela o la calefacción, sino de sus corazones.