Día 6: Chocolate caliente

Cuando la película terminó y los créditos aparecieron en pantalla, Orihime sonrió y suspiró complacida. Estaba contenta de haber podido ver su película favorita una vez más, y era aún más especial verla con Ulquiorra, quien sabía que no era un fanático, pero nunca le decía que no a nada que ella propusiera. Hizo una nota mental de dejarlo escoger la siguiente película para ser justos.

Volteó a verlo y se dio cuenta de que se había quedado dormido. Era lógico, pues se había despertado mucho más temprano que ella para sorprenderla con el desayuno. Su respiración estaba calmada, su pecho subía y bajaba lentamente, señal de que estaba en un profundo sueño. Observó también que sus pestañas eran largas y tupidas, algo que rara vez notaba sin mirarlo a detalle. En conjunto, su expresión parecía muy relajada, y le confortó saber que probablemente era la única persona en su vida que había llegado a verlo en un estado tan tranquilo y vulnerable.

Orihime levantó la mano y acarició suavemente su mejilla, que estaba fría al tacto a pesar de que las ventanas estaban cerradas y estaban tapados y acurrucados desde hacía más de una hora. Era algo a lo que todavía no se acostumbraba, a la frialdad de su cuerpo y de su persona. Entonces se le ocurrió una idea para hacerlo entrar en calor.

Se levantó con cuidado de no despertarlo y fue a la cocina a calentar un poco de leche para hacer chocolate. Mientras sacaba las cosas no pudo evitar sonreír al recordar que Sora solía hacer lo mismo para ella cuando era una niña. Un gesto de amor sin demasiadas complicaciones.

Preparó el chocolate y lo sirvió en dos tazas, entonces volvió a la sala y las dejó en la mesita de centro.

-¿Ulquiorra? -lo movió un poco para despertarlo.

Ulquiorra tenía el sueño muy ligero y abrió los ojos.

-¿Qué pasa? -preguntó en voz baja.

-Hice un poco de chocolate caliente -Orihime estaba inclinada ofreciéndole una tierna sonrisa y una taza humeante. Se sentó a su lado y empezó a dar pequeños sorbos sin dejar de mirarlo.

Ulquiorra agradeció el calor que emanaba la taza y que le permitía calentarse las manos. Acercó la taza a su nariz y aspiró el delicioso aroma del chocolate que le calentó el pecho. Pero sin duda lo mejor fue ver a Orihime sonriéndole y con las mejillas arreboladas. No podía pedir nada mejor para aquella noche perfecta.

-Está delicioso.