Día 7: Patinar sobre hielo

-¡Vamos, es muy sencillo! -exclamó Orihime con una sonrisa mientras daba un giro con la pierna levantada hacia atrás.

Ulquiorra sintió las piernas temblorosas y maldijo en su mente. ¿Por qué había accedido a ir a la pista de patinaje sobre hielo si no sabía patinar? Supuso que no tenía tanta ciencia, sólo deslizar un pie delante del otro y mantener el equilibrio, pero las personas, en especial Orihime, lo hacían parecer más fácil de lo que en realidad era. Probó avanzar un poco y casi fue un alivio que su pierna no se derrapara hacia adelante.

-¿Necesitas ayuda? -Orihime llegó a su lado y se detuvo.

Ulquiorra mantenía la expresión seria de siempre, como si tuviera todo bajo control.

-Sólo necesito acostumbrarme a estos patines.

Orihime contuvo una risita. No muy seguido tenía la oportunidad de verlo tan fuera de su elemento. Era adorable. Estiró la mano y tomó la de Ulquiorra, sintiendo el frío de su piel aun a través de la tela de sus guantes.

-Vamos a dar un par de vueltas. Algo tranquilo, ¿sí?

Pero en ese momento se acercó un ex compañero de la preparatoria de Karakura a invitarlos a un partido de hockey. Era Mizuiro, Orihime se alegró de verlo después de tanto tiempo.

-Sólo será un partido amistoso, pero nos falta un integrante para completar el equipo. ¿Alguno de ustedes quiere jugar? -preguntó Mizuiro con una sonrisa.

Orihime casi saltó de emoción.

-¡Ulquiorra! Debes jugar con ellos.

-Pero…

-Vamos, sólo es un partido, será divertido.

Ulquiorra suspiró y no le quedó de otra más que aceptar. Reuniendo todas las fuerzas de su cuerpo, se deslizó junto con Orihime y el otro chico hacia la cancha de hockey que estaba del otro lado de la pista de patinaje. ¿Por qué tenía el presentimiento de que todo iba a salir mal?

Le dejó sus cosas a Orihime, que tomó asiento en las gradas junto al resto de las familias, y acompañó a Mizuiro con el resto del equipo, que eran niños en su mayoría. Del otro lado también había un par de adultos para equilibrar las cosas.

-Bueno, la idea es divertirnos, pero no estaría mal hacer unos cuantos puntos -exclamó Mizuiro con un guiño. Los chicos se mostraron de acuerdo-. Ulquiorra, tú estarás en la portería, asegúrate de dejar que metan unos cuantos goles, ¿de acuerdo? No seas tan rígido, son niños después de todo.

-De acuerdo -respondió Ulquiorra dubitativo, pues, aunque eran niños, seguramente sabían patinar y jugar mucho mejor que él, así que lo de "dejarlos meter unos cuantos goles" no sería necesario.

-Bien, ¡andando!

Ulquiorra tomó su palo de hockey, la careta para protegerse la cara y se colocó frente a la portería. Volteó a las gradas y sonrió cuando Orihime levantó la mano para saludarlo efusivamente. El partido inició al sonido de un silbato y el disco empezó a moverse entre los patines y los palos de los jugadores de ambos equipos. Las familias gritaban animadas y de pronto Ulquiorra dejó de escucharlos para concentrarse. Uno de los niños se acercaba con el disco, era un pequeñín de unos ocho o nueve años, pero vaya que sabía moverse. Ulquiorra estaba listo para el tiro, pero su cuerpo no respondió y el disco pasó entre sus piernas sin que pudiera detenerlo.

El árbitro marcó un punto y Ulquiorra suspiró. Bueno, no había sido el mejor comienzo, pero ahora que les había dado la ventaja podía jugar en serio. El partido continuó y su equipo fue capaz de marcar dos goles, lamentablemente los únicos en los próximos veinte minutos, durante los cuales el otro equipo marcó doce goles y él no pudo detener ninguno. Se cayó más veces de las que pudo contar y en otra ocasión el disco le dio de lleno en la cara, que de no haber sido por la careta habría sido un golpe horrible. Le dolía todo el cuerpo y suspiró de alivio cuando el árbitro hizo sonar el silbato que indicaba que el partido había terminado.

Se quitó la careta y retrocedió un poco cuando vio la turba furiosa de niños que le gritaban que era un pésimo jugador y que por su culpa habían perdido. Mizuiro llegó para calmarlos y le pidió disculpas con una sonrisa nerviosa.

-Vamos, chicos, Ulquiorra hizo un buen trabajo, pero esos patines no ayudaron mucho, ¿cierto? -le guiñó un ojo y Ulquiorra sintió las orejas calientes de vergüenza.

Por suerte en ese momento llegó Orihime y los niños y Mizuiro se marcharon. La joven lo tomó de las manos y lo jaló hacia su cuerpo para darle un beso en la mejilla. Sus labios estaban cálidos y suaves y fue reconfortante.

-Creo que estuviste maravilloso.

Ulquiorra sonrió un poco, esperaba que ella lo hubiera pasado mejor desde las gradas que él en la pista de hielo.

-¿Quieres dar una vuelta? Podemos practicar un poco más hasta que te acostumbres -sugirió Orihime.

-No, mejor volvamos a casa. Creo que es suficiente patinaje por un día.


Ay, no sé nada de hockey xD ¿sí se llaman goles? Para este drabble me inspiré en una escena de la película "Sólo amigos", una comedia romántica de navidad que me encanta.

Ulquiorra soy yo cuando estaba aprendiendo a patinar, je. Las caídas no faltaron.