Día 8: Hornear

Una hora después estaban sentados lado a lado frente a la chimenea para calentarse un poco después del partido de hockey. Ulquiorra sentía que le dolía todo el cuerpo por tantas caídas y golpes que había recibido. Había retomado su lectura del otro día y sus planes consistían en relajarse por el resto de la tarde, pero al parecer los de Orihime no.

-Tengo una idea, ¡vamos a hornear pan! -exclamó con una sonrisa.

Ulquiorra había oído que la cocina no era el fuerte de Orihime. Él hubiera preferido ir a dar un paseo rumbo a la panadería y comprar algunas piezas para la cena, de esa forma podrían respirar aire fresco y estirar las piernas un rato, pero la chica se veía tan emocionada que se le estrujó el corazón al pensar en darle una negativa. Ni hablar, todo lo que hacía y decía era por ella, para verla feliz. Y si quería hornear pan, entonces eso iban a hacer, independientemente del resultado.

-Está bien. ¿Tienes algo en mente? -Ulquiorra dejó su libro en la mesita de centro y acompañó a Orihime a la cocina.

-Bueno, recuerdo que cuando vivía con mi tía solía preparar un panqué de plátano con chispas de chocolate. Era mi favorito.

A Ulquiorra no le gustaban las cosas dulces, pero no sonaba mal. Podía comer aunque sea una rebanada. Orihime empezó a remover los cajones en busca de algo y finalmente encontró un recetario viejo que parecía que no se había abierto en años. Las hojas estaban amarillas y crujió cuando Orihime lo abrió.

-A lo mejor podríamos buscar una receta en internet -sugirió Ulquiorra.

-Prefiero usar la receta familiar… ¡Ajá! Aquí está. Mmm, sí, ya veo. Entiendo –Orihime asintió mientras leía la receta. Después se volvió con una sonrisa-. Es más sencilla de lo que recuerdo, y por suerte tenemos todos los ingredientes.

Unos momentos más tarde, Orihime y Ulquiorra estaban poniendo todo sobre la mesa, midiendo las tazas de harina, separando los huevos y echando todo a la batidora. Prepararon el molde y pusieron a precalentar el horno, lo cual sirvió para calentar también la casa.

Finalmente vertieron la mezcla en el molde, agregaron las chispas de chocolate para que quedaran hasta arriba, mediaron la temperatura del horno y metieron el pan, que estaría listo en 35 minutos según la receta.

Mientras tanto, Ulquiorra empezó a recoger y limpiar todo lo que habían ensuciado. Cuando terminó, se sentaron nuevamente frente a la chimenea a esperar a que el pan estuviera listo. El aroma era muy agradable y además estaban muy cómodos y calentitos, acurrucados en el sillón, simplemente haciendo tiempo. Ulquiorra cerró los ojos por un momento y abrazó a Orihime contra su cuerpo, muy seguro de que aquel momento era la definición de felicidad y de que no preferiría estar en ningún otro lugar.

Se quedó dormido sin darse cuenta y después de lo que le parecieron horas, se despertó al escuchar el grito de Orihime proveniente de la cocina.

-¡Ulquiorra, ven rápido!

El joven se levantó de un salto y corrió a la cocina pensando que algo había salido mal, que el pan estaba crudo o quemado o que Orihime se había lastimado, pues estaba inclinada sobre la mesa dándole la espalda.

-¿Qué pasó? ¿Estás bien?

Orihime se giró hacia él con el pan recién cortado y las rebanadas perfectamente acomodadas en una charola. Su cara estaba radiante.

-¡Está delicioso! -lágrimas de felicidad caían por su rostro.

Ulquiorra sintió que el alma le volvía al cuerpo y suspiró de alivio. El aroma del pan de plátano con chispas de chocolate era delicioso, las rebanadas todavía estaban humeantes y el color era precioso, perfectamente horneado. Se acercó a tomar un pedazo y lo probó, saboreando el sabor del plátano en su lengua y el toque especial del chocolate amargo. Estaba muy rico.

-Creo que ya podemos abrir nuestra propia panadería -exclamó con una sonrisa de lado.

Orihime también sonrió y lo abrazó, tan feliz por su éxito en la cocina como por tenerlo a su lado.