Día 10: Árbol de Navidad

Aquella mañana Orihime estaba de muy buen humor y Ulquiorra tenía una ligera sospecha de a qué se debía.

-¡Hora de decorar la casa! -canturreó la pelirroja cargando una caja llena de adornos navideños rumbo a la sala.

Ulquiorra se unió a ella con su taza de café en la mano y se recargó en la columna para observarla. Era una mañana fría como las otras, pero al menos no estaba nevando y según el pronóstico del clima habría algo de sol durante el día. Recién acababan de desayunar y ni bien habían terminado Orihime corrió al ático para bajar las cajas de adornos y el árbol de navidad.

Se encontraba arrodillada en medio de la sala, todavía con la pijama puesta y el cabello recogido en un moño alto. Parecía una niña con juguetes nuevos, lo cual era bastante acertado. Ulquiorra terminó su café y se sentó en el sillón detrás de ella, divertido con la escena.

-Esta es mi parte favorita de la Navidad, decorar la casa. Este año tendremos compañía así que quiero que todo esté perfecto.

Ulquiorra se sorprendió por las palabras de Orihime. Ciertamente no era una perfeccionista, pero entendía que quisiera tener todo en orden. Ella era más del tipo impulsivo y desordenado, las palabras "minimalismo" y "austeridad" no existían en su vocabulario.

Orihime empezó a pasearse por todos lados, colgando tiras de escarcha y esferas brillantes, sacando las cajitas musicales para ponerlas aquí y allá, los ramos de nochebuenas y los globos de nieve con figuritas temáticas que se agitaban. La colección de arbolitos de colores quedó encima de la chimenea, justo encima de sus botas de tela con sus nombres decoradas con hojitas de muérdago. El resto de los muebles quedó cubierto de luces de colores y manteles con figuritas de monos de nieve, renos y galletas de jengibre.

Ulquiorra sacó la corona para la puerta de la entrada y al volver se encontró a Orihime inclinada sobre la caja del árbol. Parecía…decepcionada.

-¿Estás bien?

-Sí, es…no es nada…

-¿Qué sucede?

Orihime sacó el árbol y Ulquiorra vio con asombro que se estaba cayendo a pedazos. Las ramas se rompían, estaban dobladas y la nieve falsa estaba al fondo de la caja. Supuso que podían tratar de arreglarlo, tal vez con la escarcha y las esferas podría disimularse, pero sabía lo mucho que le importaba a Orihime que todo se viera perfecto. Era un árbol viejo, probablemente lo tenía desde hacía más de una década. Con el paso de los años, el pobre se había deteriorado. A fin de cuentas, nada era para siempre.

-Tengo una idea -dijo Ulquiorra-. ¿Por qué no ponemos un árbol natural este año?

Los ojos de Orihime se iluminaron.

-¿Un árbol natural? ¿Quieres decir que cortemos un pino y lo pongamos aquí dentro?

Ulquiorra se encogió de hombros.

-¿Por qué no? Estoy seguro de que se verá bien. ¿No te gustaría?

Orihime se puso de pie de un salto y abrazó a Ulquiorra.

-¡Me encanta la idea! ¡Sí! Hagamos eso.

Ulquiorra no pudo evitar sonreír por la efusividad de Orihime.

-De acuerdo. Entonces ve a alistarte para ir. Creo que sé dónde podemos encontrar uno a buen precio.

Una hora más tarde estaban en camino rumbo al bosque de pinos navideños. Cada año, cientos de personas se dirigían a ese lugar, por lo que solía tener un gran número de ventas especialmente durante diciembre. La idea era que cada familia cortara el pino para su casa, pero siempre podían pedir ayuda a las personas que trabajaban ahí.

Bajaron del coche y llegaron al mostrador para pedir un par de hachas. Ulquiorra estornudó y sacudió la cabeza. ¿Era su imaginación o había demasiado polvo en el ambiente? El aroma a pino era muy fuerte y deseó haber llevado un cubrebocas para no sentir la picazón en la nariz.

-¿Es la primera vez que vienen? -la chica castaña que atendía los recibió con una sonrisa mientras les entregaba un par de guantes y hachas.

-Sí, ¿alguna sugerencia? -pidió Orihime.

-Bueno depende de qué clase de pino tengan en mente. Si buscan uno grande, mediano, delgado, grueso…

-Creo que…¿uno mediano? -Orihime volteó a ver a Ulquiorra como pidiendo que la ayudara a escoger.

-Sí, uno mediano quedaría bien en…¡achú!

-Ay, ¿estás bien?

Ulquiorra sacó un pañuelo de su bolsillo y se limpió la nariz.

-Estoy bien. Decía que uno mediano quedaría bien en la sala de estar.

-Excelente, por aquí -la chica los guió hacia un apartado de pinos de tamaño mediano. La hojarasca no era muy gruesa pero las ramas se veían resistentes. Sin duda se vería lindo una vez que estuviera decorado.

-Es hermoso -dijo Orihime acercándose a olfatearlo.

-Muy bien, adelante. Corten cerca de la raíz para que tengan cómo sujetarlo en la base. Cuidado con las manos y asegúrense de no estar frente al pino cuando caiga. Cuando terminen enviaré a alguien para que los ayude a cargarlo.

-¡Gracias! -Orihime le ofreció una sonrisa y se quedó a solas con Ulquiorra.

A su alrededor había más personas cortando los pinos, cada quien sumido en sus conversaciones. Incluso alcanzó a ver algunos niños corriendo por el pequeño bosque y jugueteando entre la plantación. Se respiraba un ambiente agradable, y aunque había nieve por todas partes no hacía tanto frío.

Ulquiorra estornudó otra vez y sintió un escalofrío. Ahora pensaba que había sido mala idea ir a ese lugar, pero no se podía echar para atrás. Orihime estaba muy contenta y lo mejor era que terminaran pronto para poder regresar.

Se pusieron los guantes y empezaron a cortar el tronco, un hachazo a la vez. No era tan difícil como parecía, pero después de un rato el esfuerzo los tenía exhaustos. Ulquiorra se la pasaba estornudando y Orihime notó que tenía la nariz muy roja. Podía ser por el aire frío, pero sospechaba que era algo más.

-Ulquiorra…¿estás bien?

Ulquiorra asintió y se limpió la nariz una vez más. Entonces le dio un par de hachazos más al pino y este crujió en respuesta, cayendo cuan largo era al lado de Orihime.

-¡Pensé que nunca lo lograríamos! -exclamó la joven-. Lo he visto en las películas, pero no pensé que el tronco fuera tan resistente.

Ulquiorra puso la punta del hacha en el suelo y se recargó para tomar aire. Sentía los ojos llorosos y la nariz congestionada.

Un momento después Orihime le habló a la chica para decirle que habían terminado. Un hombre alto y fornido cargó el pino en el hombro y lo llevó hasta el coche, después lo puso en el techado y lo amarró firmemente con una soga. Ulquiorra pagó por el pino, dieron las gracias y se despidieron.

De camino a casa, Ulquiorra estornudó una vez más. Orihime ya empezaba a preocuparse, no era normal. Además, tenía el cuello y las manos enrojecidas, lo cual contrastaba enormemente con su blanca piel. Vio que se rascó el cuello y entonces notó que tenía una especie de sarpullido.

-Ulquiorra, ¿eres alérgico a algo?

Ulquiorra la miró de reojo antes de responder.

-No que yo sepa. ¿Por…? ¡Achú! ¿Por qué?

-Porque has estado estornudando todo el rato desde que llegamos al bosque de pinos, tienes sarpullido en la piel y los ojos llorosos.

-Estoy bien, en serio. Nada que no…¡achú!

-De acuerdo, cambio de planes. Iremos al hospital -exclamó Orihime con un tinte más serio y preocupado en su voz.

-¿Qué?

-Esto no es normal. Vamos al hospital.

Ulquiorra suspiró, pero no dijo nada más. En parte pensaba que era una exageración, pero en parte también estaba de acuerdo con ella. Se sentía terriblemente mal y no sabía cuánto más podía aguantar.

El médico que los atendió le hizo las preguntas rutinarias para el historial clínico. Le preguntó sobre alimentos que había ingerido durante el día, productos que usaba en su cuerpo como cremas y lociones y finalmente si había sido picado por algún animal. Ulquiorra respondió sin despertar ninguna alarma, pero al hablar sobre el bosque de pinos, el doctor sonrió de lado. Le hizo un par de pruebas y le extendió la hoja con los resultados unos minutos después.

-Eres alérgico al polen de los pinos navideños.

Ulquiorra y Orihime se voltearon a ver sin poder creerlo. Ahora todo tenía sentido.

-No es mortal, pero es una alergia muy molesta, especialmente en esta época del año -explicó el doctor. Luego le puso una inyección en el brazo y le recetó un medicamento para los próximos siete días-. Creo que no necesito decir que tienen que deshacerse del pino, ¿cierto?

Orihime suspiró con tristeza, pero asintió. Desde luego, la salud de Ulquiorra era mucho más importante. El doctor le dio una palmada en la espalda a Ulquiorra y los acompañó a la salida.

-Ánimo, estarás bien. Felices fiestas.

-Gracias -respondieron al mismo tiempo.

De regreso en el carro, Ulquiorra apretó la mano de Orihime.

-Lamento mucho lo que pasó -comenzó.

-¡¿Qué dices?! No tienes de qué disculparte.

-Estabas tan emocionada por el pino…

-No te preocupes por eso. Podemos comprar uno artificial.

-¿Estás segura? No se verá tan bien como el otro…

-Cuando termine de decorarlo ni siquiera notarás la diferencia -sonrió Orihime-. Además, lo que más me importa de estas fechas no es el árbol de Navidad ni los adornos, sino estar contigo.

Ulquiorra le sonrió y le dio un beso en la mano. Él pensaba exactamente lo mismo.

Este capítulo surgió de una experiencia familiar. Hace muchos años en mi casa decidieron comprar un pino natural y mi abuela se puso muy mal porque resultó ser alérgica igual que Ulqui.