Día 12: Nevada

Orihime bajó a la sala y sintió el agradable calor proveniente de la chimenea. Ulquiorra estaba sentado en el sofá de siempre leyendo un libro, tan ensimismado que ni siquiera notó cuando la joven se acercó a la ventana que había a su lado para ver al exterior. De fondo sonaba una de las playlists de música instrumental que le gustaba poner para ambientar la casa, un sonido suave y relajante de piano con toques ocasionales de violines.

Apenas iba a dar vuelta a la página cuando sintió una mano arrebatándole el libro.

-¿Qué estás…?

-¡Vamos afuera! -exclamó Orihime jalándolo del brazo para levantarlo del sofá.

-¿Afuera? Está nevando -observó Ulquiorra mirando por la ventana. El cielo estaba muy gris, pero alcanzaba a distinguir los copos de nieve estrellándose contra el cristal y cubriendo la acera.

-Oh vamos, sólo será un momento.

Ulquiorra no podía decirle que no a Orihime, no estaba en su naturaleza, así que se levantó y se puso su abrigo. Orihime abrió la puerta de par en par y antes de dar un paso afuera Ulquiorra la jaló de los hombros.

-No tan rápido, señorita -dijo poniéndole la bufanda alrededor del cuello y el gorrito que estaba sobre la mesa.

-Cierto, lo olvidé -Orihime se rascó la cabeza nerviosa. Estaba tan entusiasmada por salir a la nieve que ni siquiera pensaba en esas nimiedades.

Una vez que Ulquiorra se aseguró de que estaba bien abrigada, ambos salieron al exterior y cerraron la puerta. Orihime bajó corriendo las escaleras del porche y brincó sobre un montón de nieve como una niña pequeña. Le gustaba la sensación en sus pies, como una alfombra blanca que se extendía por todos lados.

Ulquiorra la observó desde la puerta con una sonrisa apenas perceptible. A pesar del frío que hacía afuera, por dentro sentía una calidez en el pecho que sólo ocurría cuando estaba con Orihime y se detenía un momento a pensar en todo lo que le transmitía su compañía.

Una bola de nieve le dio de lleno en la frente y lo hizo retroceder un paso. La carcajada de Orihime lo trajo de vuelta y vio cómo la chica se agachaba para recoger otra y lanzársela. Ulquiorra sonrió de lado y pensó que dos podían jugar ese juego. Se tiró de rodillas en la nieve y empezó a hacer una bola gigante con sus manos. Orihime no paraba de reír al verlo y ella también se puso a formar sus municiones.

-¿En verdad creíste que me vencerías en esto? -Ulquiorra tomó la bola con ambas manos y se la lanzó a Orihime, que se cayó de espaldas al recibirla justo en la cabeza.

Entre risas y forcejeos, Ulquiorra se puso de rodillas encima de ella, una a cada lado de su cuerpo, y se inclinó para besarla tiernamente. Sus labios estaban fríos al igual que su nariz, que había adquirido un lindo tono rosado.

-¿Quieres hacer un muñeco de nieve? -preguntó Orihime.