Día 13: Dedos congelados
Ulquiorra se quitó de encima y le tendió la mano para ayudarla a levantarse. Se sacudieron la nieve de la ropa y empezaron a apilarla para formar el cuerpo del muñeco. Ninguno de los dos sabía muy bien lo que hacía, pero igual se esforzaban al máximo.
-¿Sabes? Cuando era niña, nunca pude hacer muñecos de nieve -confesó Orihime mientras esculpía la panza con sus manos y le daba palmaditas.
Ulquiorra no dijo nada por un momento. Era raro que Orihime hablara de su infancia, y el comentario había sido tan repentino que lo tomó desprevenido. Sabía que, si estaba hablando de eso, era porque se sentía en confianza para hacerlo. Quería compartir con él alguna anécdota o recuerdo, hacerlo partícipe de esa parte de su vida que no salía a la luz tan a menudo. Sabía de manera muy general que ella y Sora habían vivido un infierno con sus padres, pero nunca se había atrevido a indagar más. Y si ahora estaba hablando, lo correcto era que la escuchara y le diera su espacio sin verse demasiado entrometido.
-¿En serio?
-Sí. La Navidad no existía para nosotros, era sólo un día más. Desde luego que no cenábamos nada especial, ni convivíamos, tampoco había abrazos, dulces, regalos ni decoraciones. Cuando Sora me sacó de casa de mis padres, fue la primera vez que festejamos. Sólo nosotros dos. Preparamos gyozas y té de jazmín, su favorito. Esa fue nuestra cena. No hubo intercambio de regalos, porque no podíamos permitirnos ese gasto; simplemente me abrazó y me dijo que las cosas serían distintas de ahora en adelante. Eso era todo lo que necesitaba oír, nada podía hacerme más feliz.
Los ojos de Orihime se llenaron de lágrimas y se apresuró a limpiarlas con el dorso de la mano. Ulquiorra la observaba en silencio. Su mente no alcanzaba a asimilar cómo es que una niña pequeña había podido soportar todo eso y crecer para convertirse en alguien como Orihime, que siempre era bondadosa con los demás, optimista, altruista y llena de alegría. Ulquiorra no conocía lo que era la fuerza y valentía hasta que la conoció. Amaba cada cosa de ella y se alegraba de poder estar a su lado.
Dejó el muñeco de nieve y la abrazó fuertemente contra su cuerpo. Orihime enterró su rostro en el pecho de Ulquiorra y empezó a sollozar. De vez en cuando la asaltaban esos pensamientos, esos recuerdos desagradables que prefería dejar atrás, pero lo mejor era que dejara salir todo para poder estar tranquila.
Cuando rompió el abrazo, Ulquiorra le limpió las lágrimas con sus manos y Orihime se estremeció.
-Tienes los dedos helados -dijo con una risita.
Tomó sus manos entre las suyas y se las llevó a la boca para exhalar su aliento un par de veces y calentarlas un poco. Luego frotó los dedos de Ulquiorra entre sus manos hasta que poco a poco sintió que volvían a la normalidad. Lo mejor sería que se dieran prisa y volvieran adentro.
Un rato después contemplaron su obra maestra. El muñeco de nieve se erguía medio deforme enfrente de ellos. Llevaba puesta la bufanda de Orihime y sus brazos y nariz estaban hechos de ramas. La boca fue un conjunto de piedritas que lograron encontrar a su alrededor y los ojos los hicieron con un par de hojas secas que se habían caído del fresno.
-¡Es hermoso! -exclamó Orihime.
-Creo que quedó bastante bien.
-Ojalá pudiéramos llevarlo adentro.
-Creo que al señor Piedritas le gusta más estar aquí en la nieve.
-¿Señor Piedritas? -repitió Orihime con una sonrisa.
Ulquiorra sintió un ligero sonrojo en sus mejillas y carraspeó.
-S-Sí. Necesita un nombre, ¿no?
-Tienes razón. Señor Piedritas, nosotros dos vamos a volver adentro. Fue un gusto conocerlo -Orihime hizo una pequeña reverencia y Ulquiorra la imitó.
Le echó un último vistazo antes de cerrar la puerta y se preguntó si Orihime había pasado un buen rato construyendo el muñeco de nieve. Tal vez era muy tarde para devolverle un poco de su infancia perdida, pero si estaba en sus manos hacerla feliz aunque fuera por un momento, entonces estaba dispuesto a hacerlo.
Bueno creo que este capítulo fue un poquito más dramático que los otros pero me gustó que Orihime le contara cosas de su vida a Ulquiorra. Y al final igual fue muy tierno, me parece.
