Me inspiré en un episodio de Futurama, no me juzguen xD

Advertencia: algunas groserías por parte de Grimmjow PERO ES QUE YA CONOCEN LO MALHABLADO QUE ES EL GATO. Lo siento jaja.

Día 15: El taller de Santa

El timbre de la casa sonó un par de veces.

-¡Ah! Ya están aquí -Orihime corrió a abrir la puerta y se encontró con una sonriente Nelliel que le extendió los brazos para darle un caluroso abrazo. Estaba usando un suéter rojo con un pantalón negro y su hermoso cabello iba suelto. Detrás de ella estaba Grimmjow con cara de pocos amigos, pero conociéndolo, no era nada nuevo.

-Nell, Grimmjow, me alegra que hayan podido venir -Orihime les ofreció una sonrisa y se hizo a un lado para que entraran.

-Por supuesto, Orihime, estamos contentos de poder ayudar -exclamó Nelliel.

-De hecho…

-¡Grimmjow! Dije que estamos contentos de poder ayudar -la mirada asesina que le lanzó Nelliel al peliazul no pasó desapercibida para Orihime, pero prefirió no comentar nada.

-Vengan por aquí.

Orihime los condujo hasta el comedor, donde vieron que la mesa estaba llena de juguetes. Peluches, carritos, muñecas, bloques de construcción, dinosaurios, casitas de madera y animales de plástico. Del otro extremo había muchas cajas de cartón y papel para envolver con adornos navideños como arbolitos, muñecos de nieve, renos y galletas de jengibre.

Cada año, la ciudad de Karakura organizaba un evento navideño para los niños del orfanato. Era principalmente una cena con pan dulce y chocolate caliente de postre, pero también les daban dulces, hacían juegos, cantaban villancicos, contaban historias y veían la atracción principal que era un hombre disfrazado de Santa Claus, a quien le pedían sus deseos. También recibían de regalo un juguete, razón por la cual Grimmjow y Nelliel se encontraban aquella tarde en casa de Orihime, pues la joven se había ofrecido como voluntaria para envolver los juguetes que llevarían allá, pero eran tantos y tan poco tiempo de anticipación que sólo era posible terminar con otros dos pares de manos.

Ulquiorra sabía que el motivo para haberse ofrecido de voluntaria era muy personal y emotivo, pues Orihime recordaba muy bien lo mal que la había pasado en sus navidades cuando era niña hasta antes de marcharse con Sora y no quería que los niños del orfanato sufrieran lo mismo. Quería que se divirtieran, que compartieran una linda noche y que conocieran lo que era el verdadero espíritu navideño: la caridad.

-Wow, sí que son muchos juguetes -observó Nelliel tomando un par de animalitos de peluche.

-¡Sí! ¿No es increíble? Ya me imagino sus caritas de sorpresa cuando los abran -exclamó Orihime ilusionada.

-¿Y tenemos que envolver todo esto para mañana? -preguntó Grimmjow.

-Sí.

-¿Y cuánto nos pagarán?

Nelliel le dio un jalón en la oreja.

-No nos pagarán, estamos haciendo esto de corazón.

-¿En serio esperan que trabajemos de gratis para un montón de mocosos malcriados?

-Grimmjow, tú eres el mocoso más malcriado que he visto en mi vida -intervino Ulquiorra-. Ahora deja de hablar y ponte a trabajar. Esos regalos no se van a envolver solos.

Grimmjow gruñó por lo bajo pero no dijo nada. Nunca había podido contradecir a Ulquiorra y ese día no sería la excepción.


A la mañana siguiente, después de desayunar, Grimmjow y Ulquiorra empezaron a cargar los regalos en un par de bolsas negras que metieron en la cajuela de la camioneta de Grimmjow. Metieron otra más en el asiento de atrás y esperaron a que Orihime y Nelliel salieran de la casa. La idea era quedarse hasta que el evento terminara, y aunque Grimmjow prefería dejar los regalos e irse, Nelliel y Ulquiorra lo habían convencido de aceptar como un gesto de amabilidad hacia Orihime.

Alrededor del mediodía llegaron al orfanato y Orihime se reunió con Kukaku Shiba, familiar directo de los Kurosaki y directora del orfanato de Karakura.

-¡Kukaku! Qué bueno verte de nuevo -exclamó Orihime dándole un caluroso abrazo.

-Hola, Orihime. Te ves espectacular. Me alegra que hayan podido venir.

-Por supuesto. Traje los regalos y un par de manos extra para que nos ayuden por acá.

Ulquiorra, Nelliel y Grimmjow saludaron a Kukaku.

-Los niños se encuentran ahora en el patio de juegos -explicó Kukaku-, lo que nos dará tiempo suficiente para terminar de organizar todo. Pueden dejar los regalos por allá cerca del árbol. Hay mucho que hacer así que no perdamos el tiempo.

El salón principal del orfanato estaba decorado con motivos navideños por todos lados. Había un enorme árbol en el centro lleno de esferitas y adornos que los niños habían hecho en sus cursos de manualidades, luces de colores y una linda estrella dorada en la punta. Había un sillón verde muy grande justo al lado, en donde se sentaría Santa Claus a recibir a los niños. A su alrededor había muñecos de nieve sintéticos, alfombras rojas y cojines en el suelo para que se sentaran, varias mesas con aperitivos, tazones de dulces, y en general muchos adornos y tiras de escarcha colgados en las ventanas y del techo. Olía a menta y a chocolate, y al pasar por la cocina vieron que los encargados ya estaban preparando las cosas para la cena.

Orihime y Ulquiorra empezaron a acomodar los platos y cubiertos sobre las mesas, Nelliel trajo las ollas de ponche recién hecho y Grimmjow se dedicó a poner más adornos aquí y allá. Un rato después Kukaku se acercó a Orihime.

-Tengo malas noticias.

-Oh no, ¿qué pasó?

-El hombre que contratamos para que se disfrazara de Santa Claus me acaba de cancelar.

-No puede ser.

-Al parecer tuvo un accidente en su casa y tuvo que ir al hospital porque se fracturó una pierna. Me acaba de llamar su esposa para decirme.

-Es terrible, espero que no sea muy grave.

-¿Qué sucede? -preguntó Ulquiorra acercándose.

-Creo que no tendremos Santa Claus este año -dijo Kukaku-. Me acaba de cancelar porque tuvo un accidente.

-¿Y no hay nadie que pueda reemplazarlo?

-No creo poder conseguir a alguien en menos de veinte minutos.

Ulquiorra miró a través de la ventana de la cocina y vio a Grimmjow acomodando los adornos en el árbol, ensimismado en su tarea. Tal vez…con un disfraz…

-Creo que encontré tu reemplazo -anunció.

-¿Qué? ¿Quién?

-Grimmjow.

Orihime lo miró sorprendida y Ulquiorra se encogió de hombros.

-Lo haría yo pero…Grimmjow es más alto y corpulento que yo. Y le encanta el sonido de su propia voz, creo que lo hará bien.

-¿En serio? Me pareció que era bastante gruñón cuando lo saludé -observó Kukaku-. No creo que sea un buen Santa Claus, y además no creo que quiera.

Orihime vio a Nelliel y sonrió.

-Sé de alguien que puede convencerlo.

Kukaku sonrió satisfecha.

-Excelente. El disfraz completo está en el clóset. Dile que se cambie, tienen quince minutos hasta que los niños terminen de jugar.

Orihime y Ulquiorra se acercaron a Nelliel y le contaron lo que tramaban. Nelliel no pudo reprimir una sonrisa. Parecía que aquella tarde iba a ser muy divertida.


-¿Terminaste con eso?

Grimmjow se giró al escuchar la voz de Nelliel. Arrojó los adornos que tenía en las manos a la caja y suspiró.

-Bueno, el árbol está más relleno que un estúpido pavo en Navidad, no le cabe ni un adorno más.

-Bien, necesito que vengas conmigo.

-¿A dónde?

-Tú sígueme.

Grimmjow sonrió de lado. ¿Acaso Nelliel estaba en plan coqueto con él? ¿Quería escabullirse lejos de las miradas de los curiosos para hacer otra cosa? No se oponía, pero tenía que admitir que lo había tomado por sorpresa. La siguió hasta el clóset que estaba en el pasillo y la emoción abandonó su cuerpo cuando vio que Orihime y Ulquiorra estaban ahí dentro también.

-Eh…¿qué es esto? -preguntó Grimmjow.

-No hay tiempo para explicar -dijo Ulquiorra-. Ten, ponte esto.

Le arrojó el disfraz de Santa Claus y Grimmjow lo miró como si se hubiera vuelto loco.

-¿Ahora jugamos a los disfraces? Paso.

-El hombre que iba a ser Santa Claus en el evento de hoy no va a poder venir, y necesitamos que seas su reemplazo -dijo Nelliel.

Grimmjow soltó una carcajada.

-Tiene que ser una puta broma. ¿Ustedes quieren que me disfrace de Santa Claus y pase toda la tarde con esos mocosos? No, gracias. Les ayudé a envolver los regalos y a adornar este lugar, pero disfrazarme de ese viejo es cruzar mi límite.

-Necesitamos tu ayuda -dijo Orihime con voz suplicante-. No hay nadie más que lo haga.

-Ni de chiste.

-Sólo será por un par de horas. A los niños les emociona mucho, no puede haber un evento navideño sin Santa Claus.

-¿Estás sorda? Dije que no.

-No nos dejas otra opción. Sujétenlo -ordenó Nelliel.

-¿Qué? ¿Qué están…? N-No, esperen…¡Agh, suéltenme!


Orihime, Ulquiorra y Nelliel observaron el resultado, satisfechos. Grimmjow estaba cruzado de brazos con el disfraz rojo de Santa, habían logrado calzarle las botas pero se había rehusado a usar el relleno de la panza. Nelliel le acomodó la barba y bigote falsos y le dio un beso en la mejilla.

-Deberías dejarte crecer la barba, te queda bien.

-No me sale -se quejó Grimmjow.

-¡Te ves increíble! Un Santa Claus muy apuesto -sonrió Orihime.

-Uno muy estúpido y arrogante -completó Ulquiorra.

-¿Qué dijis…?

-¡Bien! Basta. Ya no hay tiempo -los cortó Nelliel-. Tienes que salir y recibir a los niños. Recuerda no decir groserías y ser amable.

-Tch, pues lo intentaré. Siempre y cuando esos mocosos no me saquen de quicio.

La puerta se abrió y se asomó Kukaku.

-¿Están listos?

-¡Sí! -respondió Orihime emocionada.

Kukaku miró a Grimmjow de pies a cabeza.

Era bastante más alto que el prototipo que tenían de Santa, que solía ser un viejo bajito y regordete. Grimmjow parecía sacado de un calendario para adultos, el cabello azul sobresalía un poco debajo del gorro, pero nada que los niños notaran demasiado. Sus brazos eran musculosos y el traje le ceñía un poco. La barba blanca se veía ridícula en ese apuesto rostro con el ceño fruncido y mirada asesina. Además, no se había puesto el relleno de la panza.

-Bueno…creo que es lo mejor que podemos hacer -suspiró-. Andando.

Los cuatro la siguieron de vuelta al salón principal. Orihime había encontrado otros gorritos y orejas de duende que le dio a Ulquiorra y Nelliel para que se las pusieran. Ahora parecían los ayudantes de Santa.

Finalmente, los niños entraron y se quedaron asombrados viendo las hermosas decoraciones, el aroma de la cena y el chocolate caliente y finalmente el hombre disfrazado de Santa Claus que estaba junto al enorme árbol. Todos corrieron en manada hasta donde estaba y Grimmjow dio un paso atrás al sentirse acorralado. Nelliel le dio un pellizco en el brazo y le susurró:

-Diles algo amable.

-Ho, Ho, Ho. Feliz Navidad, mocosos.

-¡Grimm…Santa! -lo regañó Nelliel.

-¿Tú eres Santa Claus? -preguntó un niño en voz bajita viéndolo aterrado.

Grimmjow se agachó para hablarle directo a la cara y sonrió de lado.

-El único e inigualable.

-Santa no tiene cabello azul -observó una niña con el ceño fruncido.

Grimmjow se escondió el cabello debajo del gorro.

-¿Qué nunca has oído del tinte para cabello? Estaba harto de las canas, niña.

-¿Y por qué no estás gordo? -preguntó otro más.

-Santa entrena seis días a la semana en el gimnasio para mantenerse en forma. Mira estos músculos -Grimmjow flexionó sus brazos y se ganó otro pellizco por parte de Nelliel.

-Compórtate.

-Bueno, ¿por qué no forman una fila para pedirle sus deseos a Santa? -propuso Orihime con una tierna sonrisa.

-¡Sí! ¡Sí!

Los niños emocionados empezaron a moverse y Ulquiorra les ayudó a formar una fila al lado del sillón. Nelliel y Orihime se pusieron al otro lado con un tazón de dulces para darles cuando terminaran. Grimmjow suspiró y se sentó, esperando al primero.

Era una niña pequeña de cabello negro peinado en dos coletas y ojos azules. Tenía no más de seis o siete años. Su expresión era triste. Grimmjow la sentó en sus piernas y compuso una sonrisa.

-¿Cuál es tu nombre, enana?

-Ururu.

-¿Y qué deseas para Navidad?

Ururu lo miró fijamente.

-Nada que tú puedas darme.

-¿Eso crees? Soy Santa Claus, el ser más poderoso de este universo, puedo hacer tus deseos realidad.

-¡No! ¡Eres un fraude!

Ururu se bajó de sus piernas y le dio una patada en la pierna. Luego se echó a correr.

-¡Agh! ¡Ven aquí! ¡No he terminado contigo!

-¡Santa! -gritó Orihime.

Grimmjow carraspeó y se aguantó el dolor de la pierna para recibir al siguiente niño.

-¿Y tú cómo te llamas?

Era un niño de dos años que lo miraba con los ojos muy abiertos. Se estaba metiendo los dedos a la boca y tenía la mano llena de saliva. Grimmjow sintió asco pero no dijo nada, mientras no lo tocara no había problema.

-¿Y bien?

Silencio, parecía que el niño ni siquiera entendía lo que le preguntaba.

-Oye, no tengo todo el día. Si no vas a decir nada, largo de aquí.

Los ojitos del niño se llenaron de lágrimas y rompió a llorar. Grimmjow se tensó y miró a Nelliel en busca de ayuda.

-¡Yo no le hice nada!

-¡Eres muy rudo con él, es sólo un bebé! Ven aquí, dulzura.

Nelliel cargó al niño en sus brazos y le dio una paleta. El niño dejó de llorar y finalmente lo bajó para que se fuera a jugar.

-Ugh, como sea. Siguiente.

Era otro niño pequeño con la carita llena de tierra por haber estado jugando afuera. Grimmjow se lo sentó en la pierna y trató con todas sus fuerzas ser amable.

-Hola, amiguito. ¿Cómo te llamas?

El niño le dio un manotazo en la cara y le jaló la barba postiza. Grimmjow se la acomodó deprisa antes de que los demás lo vieran.

-¿Qué haces, mocoso? Eso no se toca.

Entonces sintió algo caliente en su pierna derecha. ¿Acaso…?

-¡Maldición! ¡Me orinó encima!

Orihime levantó al niño y vio que, en efecto, había una gran mancha oscura de orina en la pierna de Grimmjow. Aquello estaba saliendo peor de lo que esperaba y sabía que tarde o temprano Santa Claus iba a explotar de ira.

Naaaaah qué pecadito con mi Grimmy XD me encanta hacerlo enojar en mis historias, me da AÑOS de vida.