Día 16: Historias cerca del fuego

Dos horas más tarde, Grimmjow finalmente se levantó del sillón y se estiró. Se sentía todo entumecido por haber estado en la misma posición, además de que los oídos le dolían por haber escuchado llantos y gritos aturdidores de muchos niños que se sentían intimidados por él. Otros más lo molestaban o le pegaban, otros lo llenaban de baba y algunos incluso balbuceaban más que hablar y era un problema entender lo que querían.

A pesar de todo, creía que había salido más o menos bien, aunque ahora más que nunca estaba convencido de que no quería hijos. No tenía la paciencia para lidiar con ellos.

Nelliel se acercó y le dio un abrazo por la espalda.

-Estuviste fantástico. No creí que aguantaras tanto.

-Tú y aquellos dos me deben una. Nunca en mi vida me habían golpeado tanto sin poder defenderme.

Nelliel se rió y le dio un beso en la mejilla.

-Bueno, tienes tiempo de descansar porque ahora vamos a comer y organizar algunos juegos con ellos.

El ambiente general era bastante agradable. De fondo sonaban algunos villancicos que Orihime y los niños cantaban alegremente, los tazones de dulces estaban ya a la mitad y se habían puesto a jugar muchas cosas para mantenerlos entretenidos. Grimmjow estaba sentado en el sillón viendo todo desde lejos. No quería acercarse nuevamente porque eso significaba que tenía que volver a actuar como Santa.

Ya al atardecer, Orihime y Nelliel formaron un semicírculo cerca de la chimenea y sentaron a los niños en los cojines del suelo para empezar a contar historias. Ulquiorra se acercó a Grimmjow y le dijo que se sentara con ellos.

-No, aquí estoy muy tranquilo.

-Eres Santa Claus y vamos a contar historias navideñas, tienes que estar presente e interactuar con los niños.

Grimmjow bufó molesto pero obedeció. Quería que aquel estúpido día terminara ya para poder darse un baño e irse a la cama. Ulquiorra lo detuvo del brazo antes de que se acercara a los demás.

-Esto es muy importante para Orihime y no dejaré que lo arruines. ¿Está claro?

-Agh, sí, ya, lo que sea.

Grimmjow inhaló profundamente y soltó una risa fingida al llegar con los niños.

-Ho, Ho, Ho, amiguitos. ¿Qué están haciendo?

-¡Santa está aquí! -dijo Orihime.

-Vamos a contar historias. Siéntate con nosotros -dijo Nelliel.

Algunos niños se hicieron a un lado para que Grimmjow se sentara y luego volvieron a apretujarse hasta estar casi encima de él. Una nena se sentó en medio de sus piernas cruzadas y le sonrió. Recordó que era una de las que no le entendía al hablar. Y no tuvo el valor para correrla así que la dejó ahí.

-Bien, ¿por qué no empiezo yo? -propuso Nelliel-. Había una vez, hace muchos siglos en una tierra muy lejana, una guerrera que se encontraba cumpliendo una importante misión. Ella formaba parte de una organización que se dedicaba a eliminar terribles monstruos que se comían a las personas. Pero un día, mientras se internaba en el bosque, se encontró con una hechicera. Era una mujer hermosa de cabello rubio ondulado y largo hasta la cintura. Sus ojos eran plateados y brillaban como piedras preciosas. Al principio pensó que estaba en problemas, pero luego vio que no era así. La hechicera le preguntó si era feliz, y la guerrera respondió que no lo sabía. Había pasado toda su vida combatiendo monstruos por todos lados, pero nunca se había tomado el tiempo para pensar en ella. La hechicera le entregó un tótem mágico que abrió un portal en el bosque. La guerrera sintió como si estuviera cayendo por un profundo pozo frío y oscuro, hasta que finalmente aterrizó en una acera. Cuando se levantó, vio que estaba rodeada de unas extrañas criaturas gigantes de metal, había muchas luces por todos lados y las personas usaban ropa extraña. Por suerte, todavía tenía su espada, pero las personas la miraron con miedo. Todos excepto un hombre alto y joven de cabello castaño que se acercó a ella y la ayudó a levantarse. ¿Estás bien?, le preguntó. Ella sólo pudo asentir, pues nunca antes nadie había sido amable con ella. El hombre vio que la ropa que usaba no era adecuada para el invierno, así que se quitó su chaqueta y se la puso encima. Después la invitó a tomar una taza de chocolate caliente.

-Y hablando de chocolate caliente…

Orihime y Ulquiorra empezaron a repartir las pequeñas tazas entre los niños. El líquido estaba lo suficientemente caliente como para hacerlos entrar en calor pero no tanto como para quemarse. Todos estaban ensimismados en la historia de Nelliel y le pidieron que continuara, sus ojitos atentos a cada movimiento de sus manos y cada gesto.

-La guerrera aceptó acompañar al hombre y entraron a un restaurante. La guerrera no conocía nada sobre aquella época moderna, así que tenía mucha curiosidad por todo. El hombre le explicó amablemente cada cosa que le preguntaba, y a su vez también quiso saber más sobre ella. Unas horas más tarde, al ver que no tenía a dónde más ir, la invitó a quedarse en su casa, pues tenía mucho espacio de sobra y vivía solo. Pasaron algunos días y la guerrera aprendió muchas cosas sobre aquel mundo tan extraño para ella, y la víspera de Navidad volvió a encontrarse con la hechicera, esta vez disfrazada. Ella le preguntó otra vez si era feliz, y la guerrera le respondió que no sabía. El tiempo se agotaba y pronto tenía que volver a casa. Pero se dio cuenta de que no quería. Que aquellos días en compañía del hombre humano habían sido mucho más valiosos para ella que toda una vida combatiendo monstruos. La hechicera sonrió y le dijo que, si el hombre correspondía sus sentimientos, entonces podría quedarse allí para siempre. Llegó la Navidad y la guerrera asistió a una cena que organizó el hombre para celebrar con sus amigos. No sabía qué es lo que iba a pasar y estuvo muy callada toda la noche, pero se sorprendió mucho cuando él se le acercó y le confesó que se había enamorado de ella y quería pasar el resto de sus días juntos. La guerrera conoció entonces aquel sentimiento de plenitud que se llamaba felicidad.

-¿Y se quedó a vivir con él? -preguntó una niña.

-Sí.

-¿Y qué pasó con la hechicera?

-Algunas personas dicen que todavía anda rondando por ahí, ayudando a quienes lo necesitan.

-Bueno, basta de esas cursilerías -exclamó Grimmjow-. ¿Quieren oír una verdadera historia navideña?

La historia que contó Nelliel es una mezcla de Claymore con una película que se llama "El caballero de la navidad", tengo planeado escribir una adaptación con un ship de ese manga que me encanta :)