Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Fyrebyrd, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Fyrebyrd, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 2

Te ves hermosa hoy —dice, empujando un cabello detrás de mi oreja—. Tu piel brilla contra el azul de esta camisa.

Alguien tiene buen gusto —replico sonriendo. Me compró esta para Navidad el año pasado, pero debe haberlo olvidado a juzgar por la confusión en su rostro—. Tú la compraste.

Oh, guau. —Él niega con la cabeza—. No sé cómo pude haberlo olvidado. —Se acerca más, acunando mi mejilla—. Sí. Eres tú. Revuelves mi cerebro con tu perfección.

Coloco mi mano sobre la suya, inclinándome hacia su toque.

Las cosas que dices me quitan el aliento.

Tú me quitas el aliento. —Me suelta y da un paso atrás, cayendo de rodillas y sacando una caja de terciopelo negro de su bolsillo. Estoy demasiado aturdida para hablar, así que solo observo—. Eres todo para mí, Bella. Sé que todavía estamos en la universidad, pero nos graduamos en primavera y no quiero que esta parte de nuestras vidas termine sin saber que vas a ser mía. —Hace una pausa, toma mi mano y empuja el diamante en mi dedo—. ¿Te casarías conmigo, Isabella Marie Swan?

Las lágrimas brotan de mis ojos y asiento con furia.

¡Sí! —respondo, sonriendo y sollozando y tan abrumada que mi corazón late con fuerza—. Sí, E.

Mis ojos se abren de golpe, y la luz del sol que se refleja en los brillantes montículos de nieve fuera de la ventana hace que se cierren de golpe. Gimo, enterrando la cara en la almohada blanca y esponjosa mientras trato de olvidar el sueño. No se necesita mucho para alejarlo. Una sola imagen destruye el anhelo, y el dolor que me obligó a conducir nueve largas horas vuelve rugiendo.

Bella —llama la señora Cope, empujando el carrito vacío hacia el escritorio—, terminé de guardar los libros antes de lo esperado. ¿Qué te parece salir de aquí una hora antes?

¿Estás segura? —Dejo el libro que estoy leyendo a un lado, inserto el marcador y lo guardo en el cajón—. No me importa quedarme.

Ella me despide.

El campus está muerto con las vacaciones de invierno. Puedo cerrar yo sola. Además, el señor Cope estará aquí dentro de treinta minutos, como de costumbre.

Si estás segura —murmuro, ya agarrando mi abrigo.

Ve. ¡Anda! —Se ríe cuando levanto las manos y pretendo salir corriendo.

El aire de la tarde es helado, y me obliga a apretarme más el abrigo cuando salgo de la biblioteca y empiezo la corta caminata hacia nuestro apartamento. Hemos estado viviendo juntos durante más de un año en un lindo departamento a solo una cuadra del campus. Hemos hablado sobre encontrar un lugar más grande desde que nos comprometimos, pero ni siquiera estamos seguros de si nos quedaremos en Seattle en la primavera.

Mis pies golpean contra las escaleras mientras apresuro los dos tramos. La calidez del edificio finalmente comienza a asentarse cuando llego a nuestro piso.

Justo cuando paso por la puerta de Alice, se abre y ella sale al pasillo.

Hola, Bella —saluda con su habitual voz alegre—, estaba a punto de ir corriendo a la tienda, pero ¿hay alguna posibilidad de que tengas algo de azúcar?

¿De cuánto estamos hablando?

Lo suficiente para el café de la mañana.

Claro que sí. —Me muevo por el pasillo—. Sígueme.

Lo que encontramos cuando abrimos esa puerta es una imagen que nunca olvidaré por el resto de mi vida. Mi novio, mi prometido, tiene a Rosalie Hale inclinada sobre el brazo del sofá mientras la embiste por detrás. Ni siquiera se dan cuenta de que estoy allí, y es Alice quien sale de su trance para alejarme.

El sonido del agua corriendo me saca de mis recuerdos, me doy la vuelta y me siento. La manta cae hasta mi cintura mientras busco el origen del sonido. ¿Ese es el baño?, me pregunto, notando una puerta en el lado derecho de la habitación. Justo cuando lanzo la manta, lista para ponerme de pie, se abre con un crujido y un hombre vestido solo con una toalla se apoya contra el marco.

—¿No es esto una sorpresa? —comenta, sus ojos recorriendo mi cuerpo semidesnudo antes de volver a mis ojos—. Aunque no puedo decir que sea una mala.