Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Fyrebyrd, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Fyrebyrd, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 4
La tensión entre nosotros se expande y llena la habitación, pero no me molesta como creo que debería. Es increíblemente sexi y también tranquilo, coqueto y extremadamente confiado. Es una combinación interesante que me atrae inesperadamente.
—Bueno, Edward —le digo, tomando una respiración profunda y levantándome de la cama—. Dado que eres tan amable de compartir este espacio, entonces probablemente debería hacer mi parte. —Sus ojos están trazando un camino a través de mi piel, e ignoro la forma en que me hace sentir un hormigueo—. El desayuno estará listo en treinta.
Doy la vuelta y salgo pavoneándome de la habitación, conteniéndome de echar a correr. La cocina no es difícil de encontrar, y lo dejo fuera de mi mente cuando me pongo a trabajar en waffles de arándanos y huevos mientras todavía estoy vestida solo con mi ropa interior. Alice tenía razón, el lugar está abastecido, así que Edward y yo no deberíamos tener problemas para quedarnos atrapados aquí por unos días.
Bueno, no hay problema con la comida.
El resto, supongo que ya veremos.
—Mmm. —Un zumbido retumbante viene detrás de mí, y casi salto fuera del poco encaje que me cubre—. Un hombre podría acostumbrarse a esto.
Actúo fresca, tranquila y serena.
—Es liberador —indico, rompiendo huevos en una sartén—. Mi maleta todavía está en mi auto. Estaba muerta de cansancio anoche.
Él se ríe.
—Puedo ver eso. —No se ha movido a donde pueda verlo, pero su voz está más cerca—. Parece que no te diste cuenta de que te habías arrastrado a la cama junto a un depredador. —Él está aún más cerca.
—No lo hice. —Finjo que no tiene ningún efecto, pero se me pone la piel de gallina, exhibiéndome—. Me aseguraré de tener más cuidado en el futuro.
Sus manos aterrizan en mis caderas y las agarra con fuerza. No me alejo, disfrutando demasiado el ardor de su toque. Su respiración es tan pesada que puedo sentirla alborotando mi cabello y, sin embargo, no hace más. No estoy segura de si quiero que lo haga o no.
—Bella —murmura, su voz áspera—, dame tus llaves, y tomaré tus cosas.
Me suelta y se aleja. Me giro para enfrentarlo, incrédula. Está completamente vestido con vaqueros y una franela. Un par de botas gruesas adornan sus pies y un gorro cubre su cabello desenfrenado. Su sonrisa es conocedora, y sus largas pestañas revolotean mientras parpadea inocentemente.
—Están en la mesa junto a la puerta. —Me doy la vuelta y vuelvo al trabajo, inquieta porque disfruto demasiado de que me provoque.
El desayuno transcurre sin contratiempos, ambos completamente vestidos. Resulta que Edward es más que un depredador. También es divertido e inteligente, capaz de mantener una conversación inteligente sin la menor vacilación.
—¿Cuántos años tienes? —pregunta.
La tarde casi termina, y estamos sentados en el porche en un par de mecedoras, bebiendo chocolate caliente. El sol se está hundiendo en el horizonte y él me arrastró hasta aquí para disfrutar del cielo mientras se ilumina en tonos púrpura y naranja a través de los árboles.
—Cumplí veintidós años en septiembre —informo, bebiendo la bondad del chocolate—. ¿Tú?
Me mira como si estuviera calculando si debería responder.
—Veintiséis —responde finalmente, mirando hacia otro lado—, sin embargo, me siento mucho mayor.
Ese comentario me da curiosidad, pero decido no profundizar en él… todavía, de todos modos.
—¿De qué vives?
Una risa abrupta hace eco a través de la extensión nevada.
—No quieres saber.
—¿Eres un mocoso con fondo fiduciario? —inquiero, solo medio en broma—. ¿Vives de la fortuna familiar y pasas la vida coqueteando con una mujer a la vez?
—Oh, Bella —musita, suspirando mientras mira por encima de los árboles—, tengo la sensación de que no lo vas a aprobar.
—Pruébame.
—Soy una estrella porno. —Sus ojos vuelven a los míos, y están oscuros y tormentosos—. Al menos lo era hasta la semana pasada.
