Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Fyrebyrd, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Fyrebyrd, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 10
—Mira —dice Edward, levantando una media roja peluda de la caja—. Es mía. —Se agacha y vuelve a salir con otra—. Y aquí está la de Alice. ¿Tal vez podamos cambiarlo a Bella de alguna manera? —Sus cejas oscuras se fruncen mientras escanea la habitación.
Sospecho que está buscando algo para reorganizar mágicamente las brillantes letras. Bufo mientras niego con la cabeza.
—Detente. —Miro en la caja y veo dos más dentro—. Estas deben pertenecer a tus padres.
Mira hacia arriba, moviendo la cabeza.
—Eso parece.
—Creo que deberíamos colgarlas —sugiero, caminando hacia la repisa de la chimenea y sosteniendo el que dice Carlisle en su lugar—. Le añadirá a la atmósfera aquí.
—Funciona para mí. —Se encoge de hombros—. Déjame ir a revisar el cobertizo y ver si hay un martillo y clavos.
Se abriga y se dirige hacia la nieve recién caída, las otras dos medias metidas dentro de su chaqueta. Sonrío mientras observo la habitación, inhalando el fresco aroma verde. El árbol parpadea hacia el lado izquierdo de la chimenea. Guirnaldas cubren la repisa, una cadena de luces adorna cada marco de ventana y se han colocado varios cobertores navideños a lo largo de los muebles. No es mucho, pero con la adición de medias que cuelguen de la pesada viga de madera que ancla la chimenea, este lugar gritará Navidad.
Salgo de mis cavilaciones un tiempo después cuando la puerta se abre y Edward entra corriendo, cerrándola de golpe y presionando su espalda contra ella.
—Cristo —masculla, sacudiéndose la nieve—, realmente está nevando.
Me acerco a él, sacudiendo los copos de su chaqueta.
—Entonces, tal vez, deberías quedarte aquí. Podemos preocuparnos por las medias cuando amaine.
Él sonríe entonces, sus ojos brillando.
—Gracias por la preocupación, pero viviré. Esto, sin embargo… —se desabrocha la chaqueta y se saca las medias de adentro, levantándolas con orgullo—… valió la pena.
Mis ojos se mueven a sus manos, y allí está la media de Alice. Excepto que ya no dice Alice, más o menos. Sobre el brillo rojo hay un BELLA escrito a mano. No solo ha profanado su calceta, sino que parece que usó grasa para hacerlo. Estoy horrorizada, pero también estoy conmovida, muy conmovida.
Vuelvo mi mirada de regreso a la suya, preparándome para amonestarlo, pero el brillo esperanzado y juvenil en sus ojos me detiene en seco.
—Me encanta —digo en su lugar—. Te regañaré por tu hermana más tarde.
—A ella no le importará. —Me hace un gesto con la mano, moviéndose hacia la repisa—. Si le agradas lo suficiente como para invitarte aquí, entonces no le va a importar una media de veinte dólares.
—Somos vecinas —informo, pensando en la facilidad con la que Alice cedió su cabaña a una chica que solo es una conocida amigable—. Llegó a pedir prestado un poco de azúcar y terminó siendo testigo de todo el desastre.
—Siempre ha tenido un buen corazón —confiesa, sonriendo—. Tu ex tiene suerte de que ella no entró y le metió su diminuto pie en el culo.
Me río del cuadro que pinta.
—Ella se enfocó en mí.
—Parece que tomó la decisión correcta. —Sus ojos me recorren de una manera que hace que cada parte de mí se estremezca.
Suspiro, cálida y acogedora por su mirada.
—Supongo que eso es cierto. —Se vuelve hacia la repisa y sostiene mi media, una grapadora en la otra mano. Admiro su trasero firme por un momento antes de salir del humor empalagoso—. ¿Puedo ayudar?
—¿Me alcanzas las otras? —lanza por encima del hombro.
Pasamos los siguientes minutos colocándolas en la repisa. Sus padres terminan a la izquierda, mientras que las nuestras cuelgan a la derecha. La mía no es muy atractiva a la vista, pero lo que cuenta es la idea, y Edward ha demostrado ser un hombre considerado.
—¿Quieres hacer un palé y disfrutar del ambiente navideño? —pregunta una vez que hemos terminado—. ¿Podríamos tomar algunos bocadillos, hacer más bebida de chocolate y tal vez jugar un juego de mesa? —Se mueve hacia el gabinete de entretenimiento y se agacha para abrir las puertas—. No estoy seguro de lo que tenemos, pero debería haber algunas opciones aquí.
Mi primer pensamiento es que no es una muy buena idea, pero su actitud relajada hace que mis dudas disminuyan.
—Suena divertido —accedo, empujando la mesa de café contra el sofá para hacer un gran espacio vacío frente al fuego—. Haré el chocolate y los bocadillos, y tú conviertes esto en un lugar acogedor para anidar.
Saca un par de cajas y se pone de pie, girándose hacia mí con una sonrisa.
—Entonces es una cita.
Un escalofrío me recorre, y no estoy segura si es por miedo o emoción, así que hago lo que haría cualquier mujer racional. Corro y me escondo en la cocina mientras trato de darle sentido a mis locas hormonas.
Edward Cullen me está volviendo loca.
