Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Fyrebyrd, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Fyrebyrd, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 11
—Vamos, doble rojo —canto, cerrando los ojos y respirando hondo antes de agarrar la tarjeta. Cuando se abren, lo tiro al tablero con un resoplido—. Violeta. ¿Quién pidió violeta?
Edward se ríe, inclinándose.
—Solo hay cuatro rojos dobles —explica, tirando de un mechón de mi cabello—, y todos ellos ya han sido utilizados en esta ronda.
Estrecho los ojos.
—¿Estás contando cartas, Cullen?
Empuja el mechón de cabello sobre mi hombro y levanta una ceja desafiante.
—¿Qué pasa si lo hago?
—Esto —mascullo como un niño pequeño que hace pucheros. Lo observo a él y luego al tablero antes de darle un empujón, haciendo que las cartas y las piezas se dispersen—. No juego con tramposos.
Sus ojos se agrandan y se queda momentáneamente aturdido mientras mira el tablero antes de levantar lentamente esos ojos verdes hacia mí.
—No puedo creer que hayas hecho eso —murmura, avanzando. Sus dedos van a mi cintura, y rompo en un ataque de risa tan pronto como me toca—. Vaya que eres una mala perdedora. Nunca lo hubiera pensado.
Él avanza y yo caigo de espaldas, cualquier cosa para escapar de sus dedos que me hacen cosquillas. Mi corazón es ligero, mi mente está emocionada y mi alma está sanando. No estoy vacía y odiando como lo estaba en el camino hacia acá. Estoy exuberante y feliz.
Un minuto me estoy riendo tan fuerte que apenas puedo recuperar el aliento, y al siguiente, está atascado en mi garganta mientras miro fijamente a sus ojos profundos y hambrientos. La incertidumbre corre a través de mí, y el pánico momentáneo debe atravesar mi rostro porque parpadea, enterrando su necesidad.
Está flotando sobre mí, y levanto mis manos, anclándolas a su cintura.
—Espera —susurro, tragándome mi vacilación—. Te deseo. ¿Cómo no hacerlo? —Me río, aunque no es gracioso en absoluto—. Me temo que me arrepentiré más tarde.
—¿De qué hay que arrepentirse? —gime. Se mueve y mis muslos se abren, aceptando el peso de su mitad inferior. Todo mi ser suspira cuando coloca su larga y gruesa polla contra mí—. Somos dos adultos que disfrutan de la compañía del otro. —Empuja, y me trago un gemido—. Te han estado privando durante demasiado tiempo en mi opinión.
—Yo… —Las palabras me fallan, así que asiento en su lugar.
Reconoce mi necesidad y sus labios descienden hasta mi cuello. Sus caderas empujan contra mí en sintonía con sus succiones y mordiscos. Tomo su cabello con un puño, delirando por la sensación de su polla mientras me acaricia en un frenesí.
—Eso es —susurra, su aliento pesado contra mi cuello—, puedes dejarte ir. No hay nada que te detenga. —Me arqueo hacia él, inclinando mi pelvis—. ¿Mi polla te vuelve loca? —Mis ojos giran en mi cabeza, sus palabras me matan suavemente—. Empuja esas caderas, nena —pide con voz áspera, trabajando toda mi piel accesible con su gloriosa boca. Me tenso, al borde de la explosión—. Dámelo. Vente en mi polla, Bella.
Exploto, mi clítoris palpita mientras me retuerzo contra su dureza cubierta por pijama. Se balancea contra mí, extrayendo mi orgasmo como un hombre que conoce bien el cuerpo de una mujer. Un placer aturdidor como nunca antes había conocido fluye a través de mí en generosas oleadas.
Este hombre me ha desarmado y me ha vuelto a armar en muy poco tiempo. No estoy segura de cómo, y ya ni siquiera me importa. Solo me preocupa que no quiera dejarlo ir.
Suaves besos salpican mi rostro y abro los ojos perezosamente, demasiado feliz para preocuparme.
—Hola —digo con un suspiro de satisfacción—. Eres realmente bueno en eso.
—Debería serlo —murmura, pasándose la lengua por el labio inferior. Quiero tirar de su boca a la mía—, soy un profesional después de todo.
Levanto la mano y acuno su mejilla.
—Eres mucho más que eso, Edward.
—Quizás. —Observa su mano mientras me sube la camisa y acuna mi pecho—. Pero podemos explorar eso más tarde. En este momento, me gustaría poner a prueba mis habilidades.
Mis muslos se tensan ante la aspereza de su tono.
—Por favor.
