Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Fyrebyrd, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Fyrebyrd, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 16

El silencio de la mañana de Navidad me rodea cuando tomo consciencia. El reloj de rayas azules del reproductor marca las seis y dieciocho. Edward duerme pacíficamente a mi lado, su brazo me acuna mientras apoyo mi cabeza en su pecho. Levanto la mano y me limpio los ojos, las luces del árbol parpadean en los diamantes de mi pulsera.

Mi regalo.

Suspiro, deslizándome con cuidado de su agarre y caminando de puntillas hacia el dormitorio. Agarro una pijama, bragas y una camiseta limpia de mi cajón antes de ir al baño para empezar a ducharme. Después de ocuparme de los asuntos, me meto bajo el cálido rocío, pensando en todo lo que ha ocurrido desde mi llegada.

Edward es algo que no pude ni imaginar en el camino hacia aquí. Mi corazón estaba hecho pedazos, y todo lo que quería era poner distancia entre Emmett y yo. Esperaba que una semana sola, llorando y comiendo helado, me preparara para regresar y enfrentarlo. Y ahora, no podría importarme menos.

Mi relación de tres años y medio ya no importa.

Es casi como si nunca hubiera existido.

El brazalete brilla bajo la brillante luz fluorescente del techo, lo que me hace pensar profundamente y se forma un plan. Me apresuro en la ducha, me seco el pelo con una toalla y me lavo los dientes. Con nada más que los diamantes alrededor de mi muñeca, regreso a la sala de estar.

Mientras me arrastro junto a Edward, retiro la manta y empiezo a salpicar besos a lo largo de su pecho. Un gemido ronco señala su conciencia, y doblo mis esfuerzos. Este es su regalo después de todo. Sus manos se deslizan en mi cabello cerca de mi nuca, y jala, acercando mi boca a la suya para besarme.

—Buenos días —susurra antes de cerrar sus labios sobre los míos.

Su lengua traza la comisura, y abro, dándole la bienvenida dentro. Mi aliento es de menta fresca, mientras que el suyo es cálido y especiado. Nos enredamos en un baile lento y lánguido de tomar y dar mientras me monto a horcajadas sobre sus caderas y empiezo a embestir contra su polla siempre lista.

—Mmm —tararea mientras nuestras bocas se abren, agarrando mis caderas con fuerza—. Qué manera de empezar mi día.

No respondo con palabras, sino que elijo mostrárselo. Agarro un condón de la caja vacía que hay cerca y me deslizo sobre sus muslos. Su polla se contrae cuando hago rodar el látex por su grueso eje. Mis ojos se mueven del impresionante miembro al hombre que lo empuña, y cubro su cuerpo con el mío.

Enjaulando su cabeza con mis brazos, presiono un beso en sus labios. Mientras me alejo, murmuro:

—Feliz Navidad, Edward.

Poniéndome de rodillas, guío su pene hacia mi entrada y lentamente bajo. Mis paredes se estiran para acomodar su circunferencia, y gimo cuando él empuja contra lo más profundo de mi interior. Es un dolor lleno de placer que me vuelve loca de necesidad. Agarrando sus manos, entrelazo nuestros dedos y los uso como palanca mientras empiezo a mecerme contra su monstruoso miembro.

—Tan bueno —jadeo mientras me deslizo arriba y abajo de su eje—. Espero que este... —me interrumpo, incapaz de reprimir un gemido—, regalo te agrade.

Se levanta, su boca se aferra a mi pezón, y me balanceo contra él, agarrando su cabello con un puño.

—Tan caliente, nena —gruñe con voz ronca, raspando sus dientes contra mi carne tierna—. Monta mi polla.

Sus palabras alimentan mi fuego y echo la cabeza hacia atrás, mi cuerpo entero se arquea hacia donde emana el placer. Se siente como si hubiera una cuerda atada a mi pecho y cada ministración le sigue hasta la médula. Más y más fuerte me tenso, hasta que empiezo a volar.

Me corro encima de él, y me da la vuelta sobre mi espalda y empuja su polla más profundamente.

—El mejor regalo de todos —murmura, empujando sus caderas con furia—. Feliz Navidad, Bella.

Ola tras ola de éxtasis golpea contra mí, y me estoy ahogando en todas las formas mágicas en que me posee. Mientras recupero el aliento después del sexo más reconfortante de mi vida, en esta temprana mañana de Navidad, una nueva verdad me golpea como una camioneta.

Estoy enamorada de Edward Cullen.