Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Fyrebyrd, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Fyrebyrd, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Capítulo 22
La puerta se cierra de golpe y el motor arranca, pero espero hasta que escucho el sonido distintivo de los neumáticos crujiendo contra la nieve antes de girarme hacia Edward.
—Siento haber hecho eso —musito, de repente sintiéndome cohibida—. Espero que no te importe llevarme al aeropuerto mañana.
—Yo no lo siento. —Edward sonríe, dejando caer su manta allí mismo en el suelo y abriendo mi manta para poder entrar—. Mi única pregunta es, ¿tiene que ser mañana?
Mis cejas se levantan hasta mi frente.
—¿Quieres que me quede más tiempo?
—Bella —dice, y suena un poco frustrado—, por supuesto, quiero que te quedes. ¿Por qué piensas que no lo querría?
Me encojo de hombros, de repente encuentro su cuello muy interesante.
—Me colé en tu descanso, y mi semana planeada ha terminado.
Coloca su dedo debajo de mi barbilla y la inclina hacia arriba.
—No te colaste en nada. Pero más allá de eso, no estoy listo para decir adiós.
—Yo tampoco —admito, lamiendo mis labios—. Sé que acordamos…
Sus cejas están fruncidas.
—Acordamos…
—No importa —susurro, acobardándome—. Me quedaré unos días más, pero solo si estás seguro.
Su expresión permanece pensativa, y sale de la manta, guiándome por los hombros.
—Vamos.
No lo cuestiono, sino que lo sigo a donde quiera que me guíe, que es al dormitorio. Observo mientras se pone un par de calzoncillos, pantalones cortos de baloncesto y una camiseta antes de pasar a los cajones donde está guardada mi ropa. Saca un par de bragas, pantalones de chándal y una camiseta sin mangas.
Sosteniéndolos, dice:
—Vístete.
Los tomo con cautela, sin saber adónde va esto. Una vez que estoy vestida, toma mi mano de nuevo, sin decir una palabra, y me lleva al sofá. Se sienta y palmea el espacio a su lado. Ya que nos instalamos, se gira hacia mí.
—Creo… —se detiene, sacudiendo la cabeza—. No. No creo —resopla—. La impresión que te di inicialmente estaba muy lejos de la verdad —masculla, manteniendo su expresión pensativa—. Quiero decir, en ese momento pensé que lo que estaba diciendo era la verdad, pero la realidad es que no tenía idea de en qué me estaba metiendo.
—Yo... no entiendo.
—Imagino que no. —Suelta una carcajada—. Yo apenas lo hago.
—Está bien —digo, arrastrando las palabras—. Empecemos desde el principio. ¿De qué estamos hablando aquí?
—De todo —responde, todavía siendo demasiado vago para mi gusto.
Pongo los ojos en blanco, incapaz de detenerme.
—No soy lectora de mentes, Edward —exclamo, poniéndome ansiosa—. Nuestra semana está terminando, por lo que no sería inusual comenzar a poner distancia entre nosotros. Me llevaste a nuestra habitación, me arrojaste ropa y luego me trajiste de vuelta aquí. Obviamente tienes algo que decir, así que me gustaría que lo sacaras de tu pecho.
—Nuestra —responde lentamente—. Dijiste nuestra.
—Uh… —Hago una pausa, reproduciendo mis palabras.
—Nuestra habitación. —Todavía está sonriendo como si supiera algo que yo no.
—Sí, ¿y? —Mi ansiedad se está convirtiendo en molestia. No me gustan los juegos, y de repente me siento como si estuviera siendo preparada para una gran decepción.
—Bella —dice, suspirando mientras levanta una de mis manos y la cierra entre las suyas—, te mentí ese primer día, solo que no me di cuenta de que era una mentira. De hecho, no era una mentira en la forma en que podrías pensar. No sabía que era una men…
Saco mi mano de su agarre y me pongo de pie, lista para huir, sin saber si estoy lista para que él diga esas palabras.
—Me estás volviendo loca aquí. —Lanzo mis manos en el aire—. Has estado balbuceando sin decir nada, y me estás asustando.
—¡No! —Salta, horrorizado, agarrando mi brazo—. Jesús, Bella. No le das tiempo a un hombre para encontrar sus palabras.
—¿Qué palabras? —Mi voz suena tan ansiosa como me siento.
—Ahh. —Me suelta el brazo y se pasa los dedos por el pelo alborotado mientras me mira a los ojos—. Aparentemente, no solo follo. También me enamoro.
