Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Fyrebyrd, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Fyrebyrd, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 24

El motor es tan silencioso como la cabina del auto de Edward mientras navega por el camino recién barrido. Nuestros dedos están entrelazados en la consola entre nosotros, pero hay una pesadez en el aire. Es nueva y desagradable, pero no sé qué hacer para superarla.

—Está bien —comenta Edward en voz baja, sus dedos moviéndose contra los míos—. Lo entiendo si es demasiado, pero ¿podemos no dejar que arruine nuestros últimos días?

Expulso un suspiro de alivio.

—No quiero que las cosas estén raras.

—Yo tampoco. —Él mira en mi dirección, ofreciéndome esa bonita sonrisa—. Entonces permíteme mostrarte el pueblo, señorita Swan.

Levanta mi mano y besa el dorso antes de soltarla y abrir la puerta. Ni siquiera me di cuenta de que habíamos estacionado. En lugar de observar a mi alrededor, solo puedo mirarlo mientras trota alrededor de la parte delantera del auto.

Es tan condenadamente hermoso.

—Mi señora —dice, abriendo mi puerta y tomando mi mano—. Bienvenida al Valle Vulturi.

Tomo su mano y me pongo de pie, moviendo lentamente mis ojos de su rostro feliz y sonriente hasta el pueblo que me rodea. Pintorescos edificios bordean la calle, todos decorados para la temporada navideña. Montones de nieve se alinean en las aceras y adornos de varias formas cuelgan de los postes de luz. Más adelante hay una plaza de pueblo con un enorme árbol decorado en el centro. Todo esto está enclavado entre un hermoso telón de fondo montañoso.

—Es hermoso —susurro, mis ojos volviendo a Edward.

—Está bien. —Se encoge de hombros, enganchando mis dedos alrededor de su codo—. Pero nada se compara contigo.

—Edward —respiro, el anhelo me apuñala en el estómago.

—Shh. —Presiona su dedo contra mis labios—. Me detendré. No quiero que te sientas presionada, pero necesito que entiendas lo serio que es esto para mí.

Beso su dedo y agarro su mano.

—Es serio para mí también.

—Bien. —Él asiente una vez, respirando profundamente—. Entonces, echemos un vistazo.

El siguiente rato se dedica a explorar. Comenzamos al final de la fila y nos movemos de una tienda a la siguiente. Cada una es única y ofrece una buena selección de baratijas y regalos únicos. Termino comprando algunas cosas para mis amigos y algo para mi madre.

Terminamos pidiendo una pizza en un pequeño café italiano y nos sentamos en una mesa junto a la ventana para que podamos ver el bullicio del pequeño pueblo adormecido.

—¿Quieres ir al supermercado después? —pregunta Edward, inclinando la cabeza hacia una tienda en la esquina al otro lado del camino—. Podemos comprar algunos comestibles y suministros.

—Suena bien. —Me meto el último bocado de pizza en la boca y lo trago con Pepsi—. Hoy me lo he pasado genial.

—¿De verdad? —Se hincha de orgullo—. Me alegro de que hayamos podido llegar hasta aquí. Definitivamente vale la pena la visita.

Observo las tres rebanadas de pizza sobrantes.

—¿Quieres pedir una caja para llevar?

—No —niega—. Si te parece bien, me gustaría dejárselo a Jane. —Asiente con la cabeza a la señora detrás del mostrador—. Donan la pizza extra a los necesitados cada noche.

—Vaya —susurro, conmovida—, eso es increíble.

—Realmente lo es. —Edward se pone de pie, extendiendo su mano para ayudarme a levantarme de mi asiento. Una vez que estamos listos para irnos, se gira hacia el mostrador—. Agrega nuestras sobras al botín diario.

La mujer mayor y regordeta sonríe.

—Claro que sí, Edward. Feliz Navidad.

La caminata al supermercado es rápida, ya que el sol está a punto de ponerse y el viento se está levantando. Edward coloca su brazo alrededor de mí y me jala con fuerza contra su costado. Todo en él es amable y cariñoso. Cada movimiento que hace es conmigo en mente.

Suena un tintineo cuando entramos, y un viejito se levanta de su mecedora detrás del mostrador.

—Edward, mi muchacho —saluda ruidosamente—, espero que hayas tenido suficientes provisiones. Traté de convencer a Marcus antes de Navidad, pero la nieve seguía cayendo.

—Está bien, Aro —responde Edward, frotando mis manos para calentarlas—. Todavía me queda mucha comida. Me alegro de que sugirieras que me abasteciera.

—Podría haber tenido información privilegiada. —Su mirada centelleante se desplaza hacia mí—. Y tú debes ser Bella Swan.

—Uh… —No estoy segura de qué decir—. Lo soy, pero ¿cómo sabes eso?

—Oh, eso es fácil, pequeña dama —comenta, sonriéndole a Edward, que se ve tan confundido como yo—. Alice llamó y me pidió que llenara el lugar. Dijo que venía una amiga que necesitaba espacio. Justo cuando estaba reuniendo provisiones, he aquí, entra Edward. Me pareció que era el destino, así que dejé que hiciera lo suyo. —Mueve sus ojos a nuestras manos aún conectadas—. Parece que funcionó.

Edward le devuelve la sonrisa satisfecha al viejo entrometido, mientras yo me quedo allí demasiado aturdida para responder.

—Más que funcionó, Aro. La señorita Swan bien podría ser el amor de mi vida.

—¿Supongo que te deshiciste de esos otros dos intrusos? —pregunta, levantando una ceja arrugada—. Parecían problemáticos.

—Siempre fuiste perspicaz. —Edward se ríe, asintiendo—. Sí, nos deshicimos de ellos.

—Parece que mi trabajo aquí ha terminado. —El anciano sonríe y se frota las manos—. Puedo morir como un hombre feliz.