Si existía algo a lo que Cinder era alérgica y que ella misma te lo confirmara sin titubear, sería que odiaba la navidad como nadie en el mundo. Cuando la gente le preguntaba muchos lo tomaban de broma o le decían que el espíritu del Grinch la había poseído, pero la realidad es que nunca había pasado una navidad con la alegría que normalmente se experimenta en estas fechas.
Quizá, cuando era más pequeña ella experimentó esa sensación de júbilo y alegría que cualquier niño tenía cuando la familia se reunía, compartiendo una deliciosa cena mientras las charlas jamás se detenían en la mesa, y cuando el reloj marcaba las 12:00 en punto, todos ir bajo el árbol para comenzar a repartir los regalos.
Si, a Cinder le gustaba pensar que ella vivió esos momentos en algún punto de su vida.
Pero la realidad era que no recordaba nada de su niñez después de los 11 años, cuando su padrastro la recogió de una casa de acogida a una ciudad de distancia de donde ahora vivían. El señor Linh nunca la dejo de lado y siempre la trato como una tercera hija para él, siempre comprando lo mismo que a sus dos hijas biológicas y llevándola a los lugares que ella quería referentes a la ingeniería o los autos, ella amaba los autos y era algo que compartían ambos que los hizo demasiado unidos.
Claro que, ella no podía decir lo mismo de su madrastra. Adri Linh desde el primer momento en que piso esa casa se aseguró de hacerle ver que ella jamas perteneceria a su familia nuclear por más que su esposo esperara que ellas se llevarán bien; Cinder trato de hacer su parte intentando no importunar demasiado y ayudando en todo lo que podía a pesar de su discapacidad.
Lo único que logró con eso es que, cuando el señor Linh muriera seis meses después de que ella llegara a su hogar, que su madrastra la tomara a ella como su sirvienta personal.
No llegó a festejar la navidad con él, y quizá es por ello que Cinder jamás podría disfrutar de la festividad. No estaba hecha para tanta alegría.
Pensaba en eso mientras veía los adornos demasiado llamativos y demasiado caros que la directora de la Preparatoria había mandado a hacer exclusivamente para estas fechas. Su obsesión por la navidad era algo que seguía sin entender.
O tal vez si. El festival navideño que organiza la escuela preparatoria Luna era algo que le encantaba a todas las personas de la ciudad, iniciando siempre con un baile de Invierno para terminar con la coronación del rey y la reina de la cosecha; nunca había asistido a la festividad y -siendo sincera consigo misma-, estaba algo entusiasmada de poder participar.
Varios de sus profesores de primer año ya habían amenazado a todos los estudiantes que, mínimo tienen que estar en tres actividades extracurriculares si deseaban pasar el semestre. Y Cinder no tenía más opción que buscar dos actividades más antes de que la semana terminará.
Como presidenta del club de ingeniería de la escuela, había ofrecido a su club para reparar toda y cada una de las máquinas que necesitaran para los efectos especiales. Al menos a la profesora de Cibernética, la señora Sybil le había gustado la propuesta; genial, había matado dos pájaros de un tiro.
—Vaya.— Cinder se sobresaltó cuando una voz masculina salida de su lado izquierdo apareció sin haberlo visto, estaba tan distraída en sus pensamientos y la falta de visión de su ojo izquierdo le habían jugado una mala pasada junto al chico que ella conocía muy bien.— Si alguien te viera con esa cara, pensaría que odias la navidad.
—Eso es porque odio la navidad, Thorne.— Thorne Crasswell era, lo que ella podía llamar, su mejor amigo mujeriego y con una vanidad que muy pocos tenían sobre sí mismo. Ella lo conoció después de que ambos habían sido enviados a un campamento de corrección para chicos problemáticos hace cinco años. Adri la envió porque no soportaba tener un verano entero compartiendo el mismo aire que Cinder; Thorne nunca le contó porque sus padres lo enviaron en ese entonces, y ella tampoco se lo preguntó porque sabía que, si a él no le importara se lo hubiera dicho.
Después de un encuentro algo desastroso donde ambos se llevaron como perros y gatos en el comedor, descubrieron que ambos no eran tan diferentes como se lo imaginaron. Saliendo del campamento se vieron más veces convirtiendo su amistad en lo que era ahora: se podría decir que eran mejores amigos uno del otro.
El primer amigo que Cinder había hecho en la vida.
—Eso es imposible.— ambos estaban en uno de los corredores principales de la escuela, en camino a sus casilleros que estaban en el mismo pasillo; se sorprendieron la primera vez que se dieron cuenta pero ahora, era su rutina de cada dia ir juntos por sus cosas.— Nadie odia la navidad, es la época donde el amor vibra y las chicas buscan una pareja para besar bajo el muérdago.
—Claro, debí suponer que por eso te gustan esas fechas.
Habían llegado primero al casillero de Cinder, puso la contraseña casi por instinto antes de abrirlo y ver todo el desastre que se encontraba dentro. La chica no era alguien con demasiado orden, pero le gustaba como era porque, en su propio desorden, ella encontraba un orden.
Dejó los libros de ciencia debajo de los de matemáticas antes de agarrar su material del equipo de ingeniería: una pequeña caja de herramientas para la cual había ahorrado cuando se enteró que en Lunar High existía un club de mecánica.
—No me digas que te tienes que quedar para después de clases.— la voz de Thorne la hizo levantar una ceja como pidiendo una explicación.— Apenas es lunes, y los lunes son para el café y la reflexión.
—Dirás para que tu vagues hasta que recuerdes que tienes cosas más importantes que hacer, ¿no?
—Si lo dices de esa forma…
Cinder puso los ojos en blanco antes de cerrar su casillero y volver a ponerle el candado. Ella no estaba entusiasmada de volver a casa, en especial porque sabía que Adri tendría una visita demasiado importante por lo que, la castaña de tenia de dos: o se quedaba en su sótano muriendo de hambre e intentando hacer el menor ruido posible hasta que la visita se fuera o, aprovechaba el tiempo y terminaba las pocas máquinas que ya le habían dejado para el festival.
—No quiero volver a casa temprano. Adri tendrá visitas y lo que menos quiero es estar encerrada en mi habitación esperando a que me den permiso de cenar.
El chico castaño hizo un ruido de frustración y volteo los ojos. Claro que Thorne ya conocía a la madrastra de Cinder después de que él, en un intento de visitar a su amiga directo a su casa para pasar el rato, la acusara frente a él de estar ofrecida con chicos mayores que ella.
Desde ese día, Cinder le contó todo lo que su madrastra le había hecho a través de los años, y él no hizo más que odiar a esa mujer.
—¿Y no puedes hacer algo más productivo en vez de estar en el taller de mecánica?
—¿Cómo que?
—¿Qué tal… ir de paseo al parque con tu candente y demasiado sexy mejor amigo?
La chica casi se echa a reír por los exagerados y poco atractivos movimientos que Thorne había hecho. Su dinámica se basaba en eso, algo a lo que Cinder ya se había acostumbrado.
—Te recuerdo que tu cita con Darla es hoy a las cinco. No me digas que lo has olvidado.
Por la cara de pánico que puso el castaño después de lo dicho, Cinder no necesitó más respuesta.
—Mierda. ¡OH MIERDA! LO HABÍA OLVIDADO POR COMPLETO.
—¿Y así quieres ser madera para novio? Qué los astros te ayuden entonces.
—OH MIERDA, NO HICE LA RESERVACIÓN PARA EL RESTAURANTE.— tomo su mochila del suelo, por suerte él ya había dejado todo -o no había cargado nada en todo el dia-, asi que solo se acercó a besar la mejilla de Cinder, cosa que ella repudio y comenzó a limpiarse la mejilla con cara de asco.— Me has salvado. Aun estoy a tiempo de no cagarla.— y salió disparado a la salida de la escuela.
—VUELVE A BESARME Y TE CLAVÓ UN DESTORNILLADOR EN EL CULO.
—YO TAMBIEN TE AMO, CINDER.
Ella solo necesito verlo desaparecer a través de la calle para comenzar su camino hacia el salón donde era el club de mecánica.
Si tu vieras por primera vez a Cinder, te darías cuenta que ella no era una persona demasiado romántica o con un carácter por demás dulce como cualquier chica de 16 años que le encanta las películas románticas y las novelas rosa; tampoco pensarías que el pop o las estrellas de Hollywood son su especialidad. Y estarás cavando tu tumba si pensaras lo contrario.
La música de Artic Monkys salía de la bocina del pequeño MP3 que Cinder cargaba en todo momento; fue uno de los pocos regalos que su padrastro le dio antes de morir y que ella atesoraba mucho, pues Adri jamas se habia dado cuenta de este y esperaba seguir manteniéndolo en secreto.
Con ayuda de su pequeña hermanastra Peony y de su mejor amiga Iko, ella había conseguido descargar varias canciones; sus favoritas siempre puestas en una playlist que le gustaba reproducir cuando se encontraba trabajando en algún proyecto, y normalmente la escuchaba con auriculares para no molestar a otros. Sin embargo y para su sorpresa, hoy la escuela estaba vacía después de clases, al parecer los clubes habían decidido tener su día de descanso antes de que las semanas siguientes se convirtieran en un caos por los preparativos del festival de navidad.
Así que ella era la única que estaba y no tenía porqué avergonzarse de sus gustos musicales, su tendencia a cantar y bailar mientras trabajaba, ni de que su pierna y mano de metal se mostraran a la luz del sol.
Si, Cinder resultaba ser más especial de lo que se imaginaban.
Resulta que ella no había llegado al orfanato donde creció solamente porque si; ella había tenido de pequeña un accidente automovilístico donde sus padres fallecieron al instante y, después de que el auto se haya incendiado con ella dentro, Cinder perdiera su pierna y mano izquierda, siendo reemplazadas por metal y cables.
No había demasiada ciencia en ello: cuando los padres que deseaban adoptar veían a Cinder en ese estado, automáticamente comenzaban a poner excusas después de que a ella la habían ilusionado de que finalmente podría estar en una familia que la quisiera tal como era. Poco a poco comenzó a odiarse a sí misma, y desear que el accidente también se la hubiera llevado a ella en vez de estar viva, dañada y sin nadie que la quisiera.
El señor Linh le había demostrado que no por ser diferente tenía que ser un monstruo, pero estos avances eran destruidos tan fácil como llegaban por su madrastra, quien la desprecia aun más por su falta de partes en el cuerpo llegando a llamarla adefesio.
Nadie de la escuela sabía de su condición a excepción de Thorne. Lo ocultaba demasiado bien siempre llevando pantalones y guantes de mecánica en clases, nadie le preguntaba de esto así que ella no lo decía, tampoco nadie sabía que su ojo izquierdo había perdido casi por completo la vista, pero para no perderlo su padrastro le pagó un tratamiento antes de fallecer que poco a poco la hacían recuperarla, claro que si no seguía las instrucciones al pie de la letra, estaba en riesgo de perderla.
Decidió que sus pensamientos estaban yendo por mal camino cuando casi se picaba ella misma con el destornillador que estaba dentro de una máquina de humo que alguien del club de teatro le había dejado para repararlo. Se supone que una chica tendría que venir a recogerlo mañana temprano, y no iba a desperdiciar sus horas de sueño si bien podría empezar ahora.
De un momento a otro, Do I wanna Know terminó y se cambió a canciones de Taylor Swift que a Cinder pudieron hacerla sonrojar si alguien estuviera a su alrededor.
—Excelente gusto musical.
Pero claro, otra vez su ojo izquierdo le había fallado.
Asustada, levantó la cabeza para encontrar a un chico que tenía puesta la capucha de su sudadera gris, unos pantalones cortos de deporte hasta las rodillas y unos tenis blancos que parecían, eran nuevos.
Cinder no necesitó más que ver sus brillantes ojos cafes y el cabello negro pegado a su frente para reconocerlo de inmediato.
Kaito Delour. Presidente estudiantil, representante del club de baile contemporáneo y deportista estrella en fútbol soccer y basquetbol.
Y puede que, probablemente el amor platónico de Cinder.
Ella lo había visto en bastantes ocasiones en los pasillos de la escuela, asistía a todos los partidos a escondidas solo para verlo anotar el gol ganador mientras ella festejaba en silencio bajo las gradas; estaba con él en Cibernética avanzada a pesar de ella estar en primer año y él en tercero. Nunca habían cruzado palabra y eso a Cinder no le molestaba.
Pues sabía que él no se fijaría en alguien como ella, ni por todas las estrellas del planeta.
Pero la vida es curiosa, porque tampoco se imaginó que él en algún momento viniera a su club para algo en especifico.
—G-Gracias.— deseaba quitar Enchanted antes de que fuera demasiado tarde, pero Cinder no podía arriesgarse a que Kai descubriera sus prótesis de metal por nada del mundo. Sabía que de él no podría aceptar una mueca de desprecio o de asco.
No podía soportar que la viera como un monstruo.
—La verdad es que Taylor Swift tiene buenas canciones. No soy muy fan pero es pegadiza a la hora de escucharla en la estación de radio de la escuela.
Si, por esa misma razón Cinder había caído en la tentación y había descargado varias canciones de la rubia que le habían gustado. Cuando Iko la descubrió, ella solo gritó y dijo: "Nadie se resiste al encanto de esta mujer".
—Lo mismo digo.— por dentro, la castaña de coleta solo quería desaparecer.
Kai debió percibir su incomodidad, así que dejó el tema por la paz con una sonrisa que le hicieron gelatina las rodillas a Cinder. Intento parecer lo más serena posible y modular su voz antes de hablar.
—¿En qué puedo ayudarte, Kai?
El chico por supuesto, pareció sorprendido de que conociera su nombre.
—¿Cómo es que…-?
—Oh vamos, ¿quién no te reconoce como el emperador del colegio?— pareció avergonzada de decirlo después de que Kai la miró con los ojos abiertos y la quijada a punto de caerse al suelo.— E-Es decir, eres famoso. Hasta los de primero sabemos eso.
—¿Eres de primero?
—Auch, eso dolió. ¿Pues de cuantos años crees que me veo?— intento que sonara a broma, pero al parecer no lo logró por lo avergonzado que ahora estaba Kai.
—E-Es decir, te he visto en clase de Cibernética conmigo el otro día.— eso sí pareció sorprender a Cinder, al parecer no era tan invisible como ella aparentaba.— He visto como la profesora Sybil te festeja por tus exámenes, y creí que te habías transferido este año.
—Me gusta mucho la cibernética y la mecánica. Cuando ingrese la coordinadora Maha me recomendó ingresar a Cibernética Avanzada y entrar en el club de mecánica.
—Vaya, aleluya sea Maha entonces.— y volvió a sonreír mostrando sus hoyuelos en ambas mejillas que Cinder encontraba adorables. No había entendido qué quiso decir con esto último, pues se había dado cuenta que traía una laptop en el brazo y su bolso de ejercicio en el otro.
—¿Vienes a dejar eso para repararlo?— señaló con su mano derecha el aparato. La izquierda aun seguía dentro de la máquina de humo y por nada del mundo planeaba sacarla de ahí.
Afortunadamente su prótesis de la pierna estaba siendo ocultada por la pata de la mesa de metal, fácil podría confundirla como parte del mueble. Y no, no quiso pensar en eso último.
—Oh, si. El club de baile lo necesita para la presentación de navidad.— Agh, otra vez con lo mismo. Como odiaba esto.
—Claro, yo la arregló. Puedes dejarla aquí a un lado si gustas.
—Por lo que veo, no estas tan entusiasmada por esto como los demás.— Kai lo dijo mientras dejaba el aparato junto a ella en la mesa. Cinder pudo haberle mentido sobre que la mueca era por el cansancio, pero ya ni para eso estaba su mente.
—Nunca me ha gustado la navidad.— confesó más el chico no pareció sorprendido u ofendido como a la mayoría que se los decía; Kai siguió con una expresión neutra que le dio a Cinder la pauta de continuar.— Se puede decir que no he pasado las mejores fiestas decembrinas en mi casa, y por esa razón la navidad es solo una fecha más para mi.
Espero que él dijera algo, pero jamás pensó que Kai compartiera su opinión.
—Bueno Cinder, al parecer tenemos el mismo sentimiento.
La chica castaña estaba tan sorprendida que ni siquiera se dio cuenta de que él la había llamado por su nombre de pila.
—¿Qué tú… que?
—Mi madre falleció unos días antes de navidad. Yo debí haber tenido 11 años, y mi papá y yo no pudimos celebrar esas fechas desde entonces sin ella.— vaya, Cinder sabía que el padre de Kai era uno de los alcaldes más jóvenes y con mejor prestigio que tenía la ciudad. Ella aún no había llegado a la Comunidad pero, debió ser demasiado difícil para ambos.
—Lo siento mucho.
Kai le hizo un gesto con la mano para quitarle peso. Volvió a sonreír como hace rato aunque la alegría no había llegado a sus ojos.
—Fue hace mucho… Aún me duele pero he sido capaz de celebrar y unirme a este evento de euforia y optimismo.— quizá era una opinión errada de Cinder pero, eso no debería ser motivo para que Kai no quisiera aprovechar estas fechas para pensar en su madre, honrarla e inclusive vivir un momento padre-hijo en vez de estar metido en las trivialidades de lo que resulta la navidad.
—La tendré lista para mañana a la misma hora. ¿Habrá algún problema?
—Eh…— al parecer Kai no sabía que Cinder entendía un poco esa apatía de seguir hablando de cosas que no le entusiasmaba en ningún sentido, por consiguiente sabía cuando debía cambiar de tema o llevar la conversación a otro rumbo.— Ah, a esa hora estaré ensayando para el baile para nuestra presentación del club. No se si pueda venir por ella.
—Yo puedo llevarla, si gustas.— antes de pensarlo, Cinder ya se había comprometido.— Se que estarán en el salón D del edificio 3. Es donde siempre ensayan ¿no?
Kai imagino que conocía ese lugar por el ruido que salían de los parlantes cada de ponían la música para ensayar. Lo que nunca se imaginó es que Cinder más de una vez lo había seguido hasta allí sin que él se diera cuenta; era un secreto más que iba a ir directo a su tumba con referente a Kai.
—Claro, me harias un gran favor.— el comenzó a caminar de espaldas sonriendo a la joven que, no sabía porque no podía apartar la mirada de la joven, ya estaba en el pasillo principal cuando volvió a hablar.— Entonces, supongo que te veré mañana.
—S-Si, hasta mañana.
Puede que Cinder se haya quedado un poco de piedra después de que Kai desapareció por el pasillo; puede que hubiera dejado de lado el proyector para dedicarse al 100% en la laptop de Kai y que, resultara que tenía una seguridad y un virus demasiado raro que se la tuvo que llevar a su casa para poder repararla ahí.
Y puede que de camino a casa. Jamás se dejó de reproducir Enchanted ya que Cinder seguía reproduciendo el momento en que su crush cruzó palabras con ella, y no se sentía capaz todavía de abandonar ese sentimiento que tenía en el pecho.
