Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

5

—¿Tiene alguna pregunta?

Mientras Gaara hacia la pregunta, se sentó de nuevo en la silla de su oficina y volvió a mirar el dedo anular de su entrevistada. Sin anillo. Sugiriendo que Matsuri Lewis era tan soltera como lo había sido al comienzo de su reunión.

Sí, vaya. Qué manera de ser profesional MacAllan.

—¿Va a necesitar que me quede tarde con frecuencia? —Matsuri apartó las palmas— Quiero decir, el candidato. ¿El candidato lo hará? No es porque tenga miedo de trabajar. Pero cuido de mi madre y tendré que cuidarla después de las cinco. Puedo arreglarlo, solo necesito una pequeña notificación.

—Lo siento mucho por ella, ya sabe, alguien esta… —No estaba seguro sobre la política de recursos humanos, pero tenía la certeza que no podía preguntar mucho sobre su vida personal— Su madre esta...

—Tuvo un accidente de coche hace dos años. Estuvo con respiración asistida durante meses y tiene un montón de problemas cognitivos ahora. Me mudé a su casa para cuidarla y ya sabe, lo hacemos funcionar. Pero necesito un trabajo para apoyarnos y...

—Estas contratada.

Matsuri retrocedió, sus cejas oscuras se alzaron. Luego se echó a reír.

—¿Qué? Quiero decir, bien. No esperaba…

—Tienes cuatro años de experiencia al frente de una compañía de bienes raíces. Eres agradable, educada y profesional. No hay nada más que esté buscando realmente.

—¿No quiere comprobar mis referencias?

Él miró el currículum que le había dado.

—Sí. Por supuesto.

—Espere, eso suena como si estuviera tratando de convencerle de no hacerlo, pero estoy muy emocionada. Gracias. No le defraudaré.

Cuando ella se puso de pie, él hizo lo mismo y forzó a sus ojos a mantenerse en los suyos, porque de dejarlos a su suerte, estaban propensos a perderse. Hombre, era alta, y eso era muy atractivo. Y ese cabello era tan largo. Y esos ojos que eran… Mierda. Probablemente le gustaba demasiado la idea de contratarla. Sin embargo, era muy cualificada.

Él extendió la mano a través del escritorio y dijo.

—Bienvenida a la fiesta.

Ella se aferró a su palma.

—Gracias —suspiró— No se arrepentirá.

Dios, él esperaba que eso fuera cierto. Estaba soltero, ella podía ser soltera, ambos eran adultos... pero sí, probablemente no era una gran idea agregar la "relación sexual entre jefe y empleada" a esa mezcla.

—La acompaño —recorrió el camino hasta la puerta de su oficina, luego cruzaron la zona de recepción y abrió la puerta de salida para ella— ¿Puedes empezar…?

—Mañana. Sí, Puedo.

—Bien.

El coche que había estacionado en el pequeño garaje de grava era un Kia que tenía muchos años, pero mientras la escoltaba hasta él, vio que estaba limpio tanto dentro como en el exterior, y sin golpes ni arañazos en su carrocería plateada.

Justo antes de que Matsuri se pusiera detrás del volante, ella lo miró.

—¿Por qué esta todo tan tranquilo hoy? Quiero decir, he estado aquí como turista... el año pasado, de hecho. Había mucha gente caminando incluso en los días laborables.

—Estamos de luto. Estoy seguro de que lo ha oído.

—¿Sobre? —Ella se sacudió— Oh, espere, sí, estoy avergonzada. Por supuesto. La muerte de Madara Otsutsuki. Lo siento mucho.

—Como yo. ¿Nos vemos mañana a las nueve?

—A las nueve. Y gracias de nuevo.

Gaara quería verla irse, pero eso era algo que solo se hacía en las citas, la había contratado y no era de esos tipos espeluznantes. Volviendo alrededor, estaba a medio camino de su destino cuando decidió que no necesitaba más tiempo en la oficina. Cambiando de dirección, entró a una dependencia que tenía un alto seto a su alrededor, sin ventanas y revestimiento que eran paneles de acero moderno, sin madera ni argamasa. Sacó una tarjeta de pase, pasó la tarjeta por el lector y escuchó la liberación del cierre de vapor. En el interior, había una antesala con algún equipo de protección, pero no se molestó con él. Nunca lo había hecho, aunque todos los demás lo hicieran. Por los dioses. Siempre había pensado que cuando los primeros Uchihas habían estado haciendo su bourbon, no habían necesitado "equipamiento". Lo habían hecho en el bosque, y todo funcionaba bien.

Una segunda puerta de cristal también dejó salir un silbido y la habitación poco profunda más allá era un laboratorio como algo que encontrarías en los Centros para el Control de Enfermedades. Pero ellos no estaban siguiendo ni tratando de curar enfermedades aquí. Estaba haciendo crecer cosas ahí. Cosas secretas que nadie más conocería. El quid de la cuestión era que todos los ingredientes en bourbon eran necesarios e importantes, pero sólo había un elemento que no era verdaderamente fungible. Asumiendo que mantuvieras los porcentajes en la mezcla igual, el maíz era maíz, la cebada era cebada y el centeno era centeno. La fuente de agua alimentada con piedra caliza que utilizaban era única en esta parte de Kentucky, pero su rendimiento permanecía año tras año, la roca subterránea no cambió en absoluto. Incluso los barriles, hechos de árboles separados, todavía se construían de la misma especie de roble. Sin embargo, la levadura era una historia diferente.

Aunque la levadura de todos los destiladores provenía de una especie llamada Saccharomyces cerevisiae37, había muchas variedades diferentes en esa familia, y dependiendo de cuál utilizabas para fermentar tu puré, el sabor de tu bourbon podría variar enormemente. Sí, el etanol fue siempre un subproducto del proceso metabólico, pero había otros innumerables compuestos liberados como los azúcares en el puré que eran consumidos por la levadura. Llámalo alquimia, llámalo magia, llámalo el toque de los ángeles; dependiendo de la tensión que utilizaste, tu producto podría variar de lo bueno a lo espectacular... a lo puramente épico.

La COU había estado usando las mismas cepas en su reserva familiar Número Quince, Montaña Negra y marcas de Uchiha I por siempre. Pero a veces el cambio no era una mala cosa.

Cuando su padre había muerto, Gaara había estado trabajando en nuevas cepas de levadura, pelando moldes de nueces, corteza y suelos de todo el sur, haciendo crecer preciosos organismos en este laboratorio y analizando su ADN entre otras cosas. Aislando la especie apropiada, entonces había jugado con fermentaciones de la pequeña hornada para probar todas las clases de resultados finales. Había existido un retraso prolongado en el proyecto cuando se había tomado el trabajo de Maestro Destilador, pero en los últimos tres meses había tenido un gran avance, finalmente después de todo este tiempo, había quedado satisfecho con uno de los resultados. Mientras miraba todos los recipientes de vidrio con sus tapas de papel de aluminio, las placas de Petri, las muestras, los microscopios y las computadoras, le resultaba difícil imaginar que tal belleza pudiera salir de un lugar tan duro. Por otra parte, era como un laboratorio de FIV, donde los milagros humanos recibieron un poco de ayuda de la ciencia.

Gaara se acercó al mostrador y se paró frente a su bebé, la única botella con la primera cepa nueva que iba a ser introducida en un proceso de fermentación de bourbon de Uchiha en doscientos años. Era tan bueno, tan especial, que produjo una suavidad sin precedentes con absolutamente nada de azufre sobre el gusto. Y nadie más, ningún otro fabricante de bourbon, lo había reclamado todavía. Él iba a patentarlo.

Esta era la otra razón por la que la COU no podía fallar ahora. La maldita compañía tenía que permanecer viva lo suficiente como para conseguir esto en el mercado.

Su pequeño descubrimiento de levaduras iba a cambiarlo todo.


—Necesitas comer algo.

Eran más de las cinco de la tarde cuando la policía se marchó, y el primer pensamiento de Sasuke al entrar en la cocina de Easterly, era que necesitaba una bebida. Sin embargo, la señorita Chiyo tenía otras ideas.

Cuando colocó su fuerte cuerpo en su camino y sus ojos negros lo miraron, retrocedió en un instante de vuelta a los cinco años de edad. Y era gracioso, parecía exactamente igual que siempre, con el pelo trenzado firmemente en la cabeza, el delantal rojo en forma de U atado a la cintura alrededor de los blancos de su chef, su actitud de asumir nada con que jugar. Dada su enfermedad, la inmortalidad era una ilusión, pero por el momento, se aferró a la ficción. Y cuando lo puso en el pasillo del personal, no luchó contra ella. No porque estaba cansado, aunque lo estaba, y no porque quisiera comer nada, porque no lo hacía, sino porque nunca había podido negarle nada. Ella era una ley de la física en el mundo, tan innegable como la gravedad que lo había sacado de ese puente. Era difícil creer que se estuviera muriendo.

A diferencia de la habitación formal para cenas y desayunos de la familia, la habitación de descanso del personal era nada más que paredes blancas, una mesa de pino con doce asientos y un suelo de madera. Tenía un par de ventanas que daban a un rincón oscuro del jardín, aunque esos cristales eran más para preservar la simetría del exterior de la mansión que de cualquier preocupación por las vistas que pudieran tener los que comían allí.

—Realmente no tengo hambre —le dijo mientras lo hacía sentarse.

Un minuto más tarde, el plato que aterrizó frente a él tenía alrededor de dos mil calorías. Y mientras respiraba profundamente, pensó, Hum. La señorita Chiyo podría tener razón.

Sakura se sentó a su lado con su propio plato.

—Esto luce increíble Señorita. Chiyo.

Su mamá tomó su lugar en la cabecera de la mesa.

—Hay más en mi cocina.

Pollo frito hecho en una sartén de hierro. Coles verdes. Pan de maíz. Real. Hoppin' John. Okra. Y quién lo iba a decir. Después del primer bocado, estaba muriendo de hambre, y luego hubo un largo período de silencio mientras llevaba a su boca tenedores cargados de comida.

Cuando su teléfono sonó, fue como una descarga eléctrica clavándosele en el culo. Otra vez, últimamente ese sonido sonaba como una sirena de tornado que se apaga: nada más que malas noticias, con la única pregunta que es lo que estaba en el camino de la destrucción. Mientras él contestaba, la voz profunda de Hatake llegó a través de la conexión.

—Deberías tener los restos en unas cuarenta y ocho horas como mucho. Incluso con lo que se encontró, el médico forense tiene todo lo que necesita.

—Gracias. ¿Algo sorprendente en el informe preliminar?

—Me darán una copia. En cuanto sepa algo se lo comunicaré.

—La policía de homicidios se fue hace media hora. Creen que alguien asesinó a mi padre, ¿no? Los detectives no me dieron nada para seguir, pero quiero decir, era el puto anillo de mi padre...

Cuando la señorita Chiyo se aclaró la garganta, él hizo una mueca.

—Lo siento.

—¿Qué? —Dijo Hatake.

—Mi mamá está aquí —Hatake soltó un "uh—huh", como si supiera exactamente lo que estaba pasando cuando soltó la palabra con P en frente de la señorita Chiyo Toms— El detective Merrimack dijo que iba a interrogar a la gente. ¿Cuánto tiempo pasara hasta que tengan una idea de lo que pasó?

—No lo sé —Hubo una pausa— ¿Conoces a alguien que pudiera haberlo matado?

—Sí. No.

—¿Ni siquiera sospechas?

—Suena como ese detective.

—Perdón, es la costumbre. ¿Sabe de alguien que tuviera un motivo?

—Ya sabe cómo era mi padre. Tenía enemigos por todas partes.

—Fue algo bastante personal, aunque, cortar ese anillo. Enterrándolo delante de la casa. Bajo la ventana de su madre, nada menos. Pero Sasuke no iba a entrar en eso.

—Había muchos hombres de negocios que también lo odiaban —Dios, eso sonaba como estando a la defensiva— Y le debía dinero a la gente Kakashi. Mucho dinero.

—Entonces, ¿por qué no guardaron el anillo para venderlo? Es mucho oro.

Sasuke abrió la boca. Entonces la cerró.

—Creo que nos estamos desviando.

—No estoy tan seguro de eso.

—¿Que se supone que significa eso?

—Digamos que he protegido a miembros de su familia antes. Y nada va a cambiar eso.

Sasuke cerró los ojos pensando en Neji.

—¿Cómo voy a pagarle?

—Soy yo el que está devolviendo una deuda. Pero ahora no es el momento para eso. Y hay otra razón por la que llamé. Los restos de Shizune Freeland fueron recogidos hoy.

Sasuke apartó su plato.

—¿Por su madre?

—Por su hijo. Acaba de cumplir los dieciocho, así que es legal.

—¿Y?

Hubo otra pausa, más larga esta vez.

—Estaba allí cuando entró. ¿Lo has visto?

—No estoy seguro de que fuera consciente de que tenía un hijo.

—Su fotografía va a estar en la portada mañana.

—¿Por qué? Quiero decir, además del hecho de que su madre se suicidó antes de que el cuerpo de mi padre fuera encontrado.

—Sí, voy a enviarte una foto después de colgar. Le llamaré más tarde.

Cuando Sasuke terminó la conexión, miró a la señorita Chiyo.

—Conoces a Kakashi Hatake, ¿verdad?

—Si lo conozco. Toda su vida. Y si quiere decirte por qué, lo hará. Es su asunto, no el mío.

Sasuke colocó el teléfono móvil sobre la mesa y dejó pasar el tema, como si hubiera otra opción. Echando un vistazo a Sakura, dijo,

—¿Crees que hay alguna manera de hacer una visita aquí el jueves?

—Absolutamente —Asintió Sakura— Los jardines y los campos están en perfecto estado desde el Derby Brunch. Todo lo demás es fácil de hacer en un corto plazo. ¿Qué estás pensando?

—De cuatro a siete p.m el jueves por la noche. Podemos mantener el entierro privado y hacerlo el viernes o el sábado. Pero quiero quitar del medio lo de la visita.

La señorita Chiyo se inclinó y empujó su plato de nuevo delante de él.

—Come.

No tuvo oportunidad de hacerlo. Antes de que pudiera empezar a discutir, el señor Shimura, el mayordomo, abrió la puerta.

—Señor. Otsutsuki, tiene un invitado en el salón principal. Supongo que no lo espera, pero se niega a irse.

—¿Quién es?

—El Señor Yakushi de la Prospect Trust Company.

Sasuke se puso de pie y llevó su teléfono móvil y su plato con él.

—Voy ahora mismo.

La señorita Chiyo le quitó el plato de sus manos.

—Y esto te estará esperando cuando termines. No comes en esa parte de la casa.

—Si señora.

Dejando caer un beso en la boca de Sakura, Sasuke se dirigió hacia afuera, caminando a través del pasillo que conducía a la habitación del señor Shimura, el despacho de Shizune Freeland (donde se había suicidado) y uno de las tres lavanderías de la mansión. Estaba continuando su camino hacia las habitaciones formales cuando su teléfono se iluminó con un texto. Mientras seguía recorriendo el suelo de mármol blanco y negro del vestíbulo, puso su contraseña y se encontraba justo en el pasillo del salón cuando la imagen que Kakashi Hatake le había enviado apareció.

Sasuke se detuvo. No podía creer lo que estaba mirando.

El hijo que había reclamado el cuerpo de Shizune... podría haber sido su propio gemelo.


Hojas impresas por todas partes. Múltiples portátiles con archivos de Excel a su alrededor en un semicírculo. Amarillentas almohadillas legales cubiertas con rasguños de ralla negra.

Para Shikamaru Nara, todo esto era como siempre. Como un agente de bolsa de Wall Street, hizo pan y mantequilla crujiendo números para encontrar patrones y agujeros en documentos de divulgación financiera corporativa. Era un maestro precisamente del tipo de trabajo obsesivo, detallista e insensible de la mente que se requería para dar sentido y significado a todas las veces en que se notaba una obstrucción deliberada y resbaladiza, usando las técnicas de contabilidad creativas utilizadas para valorar grandes empresas multinacionales.

—Estoy aquí refrescándome en el cuarto de baño.

A lo que no estaba acostumbrado cuando estaba trabajando era a una rubia de veintitantos años con el uniforme de sirvienta, de pie en la puerta de la habitación del Four Seasons que utilizaba como su oficina. Bueno, al menos no una mujer que algún misógino de la cloaca en la que trabajó habría ordenado de un servicio de acompañantes.

Ah, y con su pesado acento sureño, todo lo que había salido como "Ahhhhhm te estaaás refrescaaando en el baaño".

Esa pila de toallas blancas en sus brazos era como una nube de verano capturada en la tierra y olía increíble, una especie de perfume femenino cruzaba la distancia ofreciendo una caricia como si ella le tocara. Su cara del tipo juvenil era su atributo más atractivo, pero sus ojos parecían flores del maíz de un asombroso azul…y su cuerpo convirtió ese uniforme real en algo que podría haber pasado en Halloween por un disfraz de criada traviesa

—Sabes dónde están —murmuró.

—Si, lo sé.

Observó la vista desde atrás mientras ella paseaba como si estuviera desnuda... dejó la puerta abierta mientras se paseaba por el lavabo... luego se agachó para buscar algo en el armario. Su falda se subió tanto, que los tops de encaje de sus muslos brillaban.

Moviéndose alrededor, ella lo miró.

—Mi nombre es Tiphanii. Con Ph en el medio y dos i en el final. ¿Te vas?

—¿Qué?

Se enderezó y se apoyó contra el mostrador de mármol, con sus manos a cada lado de sus caderas para que la parte superior de su uniforme se abriera.

—¿Tienes tus maletas llenas?

Shikamaru miró hacia la cama. Ahí, las mochilas que había llenado con sus cosas estaban abiertas, la ropa derramada fuera de ellas como soldados con heridas de cuchillo en el intestino. Y las cosas iban a permanecer así. Su TOC se centraba en las hojas de cálculo y columnas de números. No le importaba la condición en la que se encontrara la ropa cuando regresara a Manhattan. Para eso existían las tintorerías.

Shikamaru volvió a concentrarse en la doncella.

—Tengo que volver a trabajar.

—¿Es verdad que eres de Manhattan? ¿Nueva York?

—Sí.

—Nunca he ido —Se frotó las piernas juntas como si tuviera una necesidad que ella quería que él supiera— Siempre quise ir ahí.

Y entonces ella lo miró fijamente.

Esto no es una buena idea, pensó Shikamaru mientras se levantaba y cruzaba la alfombra oriental. Esto realmente no es una buena idea.

Al entrar en el baño, cerró la puerta detrás de él.

—Soy Shikamaru.

—Lo sé. Todos sabemos quién es usted. Eres el amigo de Sasuke.

Puso su dedo índice sobre la base de su garganta.

—La palabra viaja rápido.

En un rastro lento, trazó su piel suave hacia abajo en la V hecha por las solapas del uniforme. En respuesta, ella comenzó a respirar pesadamente, sus pechos bombeando.

—Estoy aquí para cuidarte —susurró.

—Lo estás.

El uniforme era gris con un cuello blanco y botones blancos nacarados…y mientras posaba la yema del dedo en la parte superior, su erección palpitaba detrás de su bragueta. Habían sido unas brutales setenta y dos horas, llenas de nada más que números sin sentido, dolores de cabeza y malas noticias. Esta oferta tan clara era como la lluvia que caía sobre la tierra reseca, por lo que a él afectaba.

Shikamaru desabrochó el primer botón. El segundo. El tercero. Su sostén era negro, igual que sus medias. Inclinándose, besó su cuello, y mientras ella se arqueó hacia atrás, él deslizó su brazo alrededor de su cintura. Condón. Necesitaba un condón, y conociendo la vieja reputación de Sasuke, tenía que haber uno por aquí...

Mientras se quitaba la parte superior del uniforme y liberaba el cierre delantero de su sujetador, sus pezones apretados estaban expuestos y, oh, sí, eran perfectos. Al mismo tiempo, él miró a su alrededor y abrió el primero de los cajones.

Buen trabajo, pensó mientras encontraba un paquete de tres preservativos azules.

Lo siguiente que supo fue que tenía a la doncella desnuda, excepto por la falda arremolinada en lo alto de sus muslos. Ella era magnífica, toda pechos llenos y buenas caderas, los muslos flexibles y la carne dulce. Se quedó vestido, y se metió uno de esos condones sin perder un segundo. Tiphanii, con dos ii al final, sabía exactamente cómo envolver sus piernas alrededor y enlazar sus tobillos detrás de sus caderas, y oh, sí, el sonido que ella hizo en su oído. Plantando una palma junto al espejo antiguo en la pared y sosteniendo su cintura con la otra, comenzó a empujar. Mientras ella se aferraba a sus hombros, él cerró los ojos. Fue tan bueno. A pesar de que esto era anónimo, y obviamente el resultado de su estatus de extranjero haciéndolo parecer exótico. A veces, sin embargo, se tenía que tomar ventaja de lo que cruzaba en el camino.

Llegó al orgasmo antes que él. O, por lo menos, montó un espectáculo como si lo hiciera, no estaba seguro y no se molestó si fue fingido o no. Sin embargo, su orgasmo fue real, aunque, poderoso, un recordatorio de que, al menos para él, carne y sangre eran mejor que cualquier otra alternativa.

Cuando terminó, Tiphanii se acurrucó en su pecho mientras recuperaba el aliento.

—Mmm, —le susurró al oído— Eso ha estado bien.

Sí, lo fue, pensó mientras se retiraba.

—Entonces vamos a hacerlo de nuevo —él gimió cuando la levantó y se dirigió a la cama.


Abajo en el salón, Sasuke dejó que Kabuto Yakushi dijera todo a pesar de que Sasuke sabía exactamente cuánto se debía y cuánto de esto iba a ser para Yakushi si esos millones no se pagaban. Un vaso de la Reserva Familiar ayudó a pasar el tiempo…cortó la quemadura de la retina de esa fotografía del hijo de Shizune. El pelo, los ojos, la forma de la cara, la complexión del cuerpo…

—Y tu hermano no fue de ayuda.

Bien, así que el discurso estaba terminando. Neji ya no está involucrado en la familia.

Y se dice un hijo...

—Cuidado —dijo Sasuke— Cualquier insulto contra mi hermano es una ofensa para mí.

—El orgullo puede ser un lujo costoso.

—También lo es la integridad profesional. Especialmente si está basada sobre falsedad. —Sasuke señalo al hombre con su bourbon— Pero no nos desviemos. Hace dos años que no venía aquí, y hay mucho por qué luchar con la desafortunada desaparición de mi padre.

Hubo una pausa, durante la cual Yakushi calibró claramente su posición. Cuando el hombre finalmente habló de nuevo, su voz era suavemente agresiva al mismo tiempo. —Tienes que entender que este préstamo tiene que ser devuelto ahora.

Es curioso, habían pasado una o dos semanas. Supongo que la junta de Prospect Trust se habría enterado de algo, o alguien habría seguido la pista del préstamo.

Sasuke se preguntaba cómo el tipo había logrado hacer el trato sin ser atrapado.

—El testamento está siendo comprobado —dijo Sasuke— y no tengo acceso a ninguna de las cuentas de la familia, excepto a la mía, ya que no tengo poder para mi madre, y mi padre nombró a su abogado personal, Babcock Jefferson, como su albacea. Si quiere cobrar, debería estar hablando con el señor Jefferson.

Cuando Yakushi se aclaró la garganta, Sasuke pensó, Ahhhh, el hombre ya había seguido esa ruta y se había cerrado.

—Puedo pensar, Sasuke, que preferirías tener un interés más personal en esto.

—¿Y eso por qué?

—Tienes suficiente encima para mantenerte alejado de la prensa.

—La muerte de mi padre ya está en las noticias.

—No es a eso a lo que me refiero.

Sasuke sonrió y se levantó, dirigiéndose de nuevo a la barra en su bandeja de metal.

—Dime, ¿cómo vas a dar a conocer la información de que mi familia está rota y no meterte en el barro? —Miró por encima de su hombro— Quiero decir, vamos a sacar todo a la luz, ¿o no? Me está amenazando con algún tipo de chantaje, e incluso si es un consejo personal de su parte, ¿cómo vas a quedar cuando tu junta sepa sobre este préstamo que usted y mi padre firmaron? No somos una buena apuesta en este momento, y lo sabía desde que otorgó el préstamo. Tiene acceso a toda la información de confianza. Sabía muy bien cuánto había o no había, en nuestras cuentas.

—Bueno, creo que querrías evitar a tu madre la vergüenza de...

—Mi madre no se ha levantado de la cama casi tres años. Ella no lee el periódico, y los únicos invitados que tiene son sus enfermeras… las cuales se adherirán a cualquier orden de mordaza que yo les dé o perderán sus trabajos. Dígame, ¿lo intentó también con mi hermano cuando habló con él? No creo que llegara muy lejos.

—No hice otra cosa que ayudar a un viejo amigo. Sin embargo, su familia no sobrevivirá al escándalo, y debe saber que el fideicomiso de su madre está seriamente agotado. Sin yo saberlo, su padre retiró casi todo un día antes de morir. En él hay menos de seis millones. El fideicomiso de su hermana se ha ido. El fideicomiso de su hermano Kiba está vacío. Los bienes de Neji están en cero. Y para que no crea que esto es todo por nuestra culpa, su padre se convirtió en el fideicomisario de todos ellos tan pronto como hizo declarar a su madre incompetente. Y antes de que me pregunte por qué le permitimos hacer lo que hizo, le recordaré que estaba actuando dentro de sus derechos legales.

Bien. ¿No era todo eso un pequeño paquete de maravillosas noticias? Sesenta y ocho millones habían parecido una gran cosa. Y luego los ciento cuarenta millones. Y ahora... Cientos de millones habían desaparecido.

Sasuke volvió la espalda a Yakushi mientras levantaba su copa. No quería que el otro hombre viera sus manos temblar. Los seis millones en el fideicomiso de su madre eran una fortuna para la mayoría de la gente. Pero sólo con los gastos domésticos de Easterly, esa cifra desaparecería en medio año.

—Le habría explicado esto a su hermano —murmuró Yakushi— pero no estaba dispuesto a escuchar.

— Fue primero con él y luego con Babcock.

—¿Puede culparme?

—¿Le dijo Babcock dónde puso mi padre todo el dinero? —Sasuke negó con la cabeza— No importa. Si lo hubiera hecho, no estarías aquí.

El cerebro de Sasuke se evadió y luego miró la botella de licor que acababa de tener en la palma de su mano. Al menos sabía dónde podía conseguir algo de dinero.

—¿En cuánto tiempo podré conseguir diez millones? —Se oyó decir.

—No tiene eso...

—Cállese y conteste a la pregunta.

—Puedo darle otra semana. Pero necesitaré un adelanto. Mañana por la tarde.

—Y eso reducirá la deuda a cuarenta y tres millones.

—No. Ese es el precio por mí arriesgando mi reputación por tu familia. El nivel de la deuda seguirá siendo el mismo.

Sasuke le lanzó una mirada por encima del hombro.

—No eres un caballero.

El elegante hombre negó con la cabeza.

—Esto no es personal, señor Otsutsuki. Es un negocio. Y desde una perspectiva empresarial, puedo... retrasar las cosas por un corto período de tiempo.

Gracias, bastardo, pensó Sasuke.

—Tendrá su dinero ensangrentado. Mañana.

—Eso sería muy estimado.

Después de que el hombre le diera los detalles de dónde debía depositar los fondos. Yakushi se inclinó por la cintura y se fue. En el silencio que siguió, Sasuke sacó su teléfono.

Sabía dónde conseguir el dinero. Pero iba a necesitar ayuda.