Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
9
El cepilló barría a lo largo del pasillo central del establo, empujando los escombros hacia delante, levantando una fina neblina de partículas de heno. Mientras Neji caminaba detrás de su escoba, los hocicos de las hembras reproductoras salían por las puertas abiertas del establo, aspirando su camiseta, golpeando su codo, soplando su pelo. El sudor brotaba por su frente y una línea de este descendió por su espina dorsal hasta la cintura suelta de sus vaqueros. De vez en cuando, se detenía y se enjugaba el antebrazo. Hablaba con Joey, el hijo de Lee, que estaba sacando estiércol de los establos. Daba golpes a un elegante cuello o a una suave melena elástica.
Podía sentir el alcohol saliendo de sus poros, como si hubiese un vínculo entre las cosas. Y, sin embargo, incluso mientras la bebida seguía trabajando a través de su cuerpo, había tenido que hacer de niñera de una botella de vodka un par de veces, de lo contrario el temblor iría por delante de él.
—Estás trabajando duro —llegó una voz desde el otro extremo.
Neji se detuvo e intentó mirar por encima de su hombro. Cuando su cuerpo no le permitió el margen de maniobra, arrastró los pies, usando el mango de la escoba para hacer palanca.
Entrecerrando los ojos contra un rayo de sol, dijo,
—¿Quién es?
—Soy el detective Merrimack. PMC.
Un estridente juego de pasos descendió por el hormigón y cuando se detuvieron delante de él, una cartera se abrió de golpe, le ofreció una identificación y una placa para que la inspeccionara.
—Me preguntaba si podría hacerle un par de preguntas —dijo el detective— Una simple formalidad.
Neji cambió su atención de lo que se le mostraba a la cara, que coincidía con la fotografía plastificada. Merrimack era afro—americano, con el pelo muy corto, una mandíbula fuerte y las manos grandes que sugerían que él pudo haber sido un jugador de béisbol alguna vez. Llevaba un brillante polo blanco con el escudo del Departamento de Policía Metropolitana de Charlemont en el pectoral, un buen par de pantalones y un juego de zapatos de cuero con suela de goma que le hizo pensar a Neji que, en ocasiones, el tipo tendría que correr tras alguien.
—¿Cómo puedo ayudarle, detective?
Merrimack guardó sus credenciales.
—¿Quiere ir a algún lugar para sentarse mientras hablamos en privado?
—Aquí está bien para mí —Neji se acercó cojeando a un fardo de heno y se dejó caer sobre sus piernas— No hay nadie más en este establo en este momento. Y puede usar ese cubo si quiere darle la vuelta.
Merrimack sacudió la cabeza. Sonrió. Miró alrededor.
—Es muy grande lo que tiene aquí. Muchos caballos hermosos.
—¿Es un hombre que apuesta en las carreras?
—Sólo pequeñas cosas. Nada como usted, estoy seguro.
—No apuesto. Nunca más, es así.
—¿Ni siquiera a sus propios caballos?
—Especialmente no en los míos. ¿En qué puedo ayudarle?
El detective se acercó al establo cuya mitad superior estaba cerrada.
—Guau. Hay una belleza aquí...
Neji sacudió la cabeza.
—No me acercaría demasiado si estuviera...
Nebekanzer mostró los dientes y se lanzó a los barrotes, y Merrimack retrocedió como un remolino, danzando mejor que Savion Glover. Cuando el hombre retrocedió unos pasos, Neji dijo,
—¿No está familiarizado con los caballos, ¿verdad?
—Ah... no —El hombre se enderezó y se recolocó la camisa— No, no lo estoy.
—Bueno, cuando entras en un cobertizo lleno de casillas medio abiertas y hay una, y sólo una que está ¿completamente cerrada? Lo más probable es que sea por una buena razón.
Merrimack sacudió la cabeza hacia el gran semental, que estaba acechando de un lado a otro como si quisiera salir y no para estrechar las manos educadamente.
—Dígame que nadie monta esa cosa.
—Solo yo. Y no tengo nada que perder.
—¿Usted? ¿Puede ponerse en una silla de montar sobre el lomo de ese caballo?
—Es mi semental, no sólo un caballo. Y sí, puedo. Cuando pongo mi mente en algo, puedo hacer que suceda incluso con este cuerpo.
Merrimack volvió a centrarse. Sonrió otra vez.
—Puede. Bueno, eso puede ayudarle con su recuperación. He leído sobre su...
—¿Vacaciones desafortunadas? Sí, lo que pasé nunca va a aparecer en Trivago. Pero al menos conseguí los puntos de viajero frecuente para próximos viajes. Nada que vaya hacia el norte, sin embargo. Tuvieron que transportar por avión lo que quedaba de mí a una base del Ejército y luego la Fuerza Aérea me devolvió a los Estados Unidos.
—No puedo imaginarme cómo sería.
—Sí, puede —Neji se recostó en el fardo de heno y cambió la postura de sus piernas— Entonces, ¿en qué puedo ayudarle?
—Espere, ¿dijo que la Fuerza Aérea le trajo a casa?
—El Embajador en Colombia es amigo de mi familia. Él fue muy servicial. Fue ayudante del sheriff amigo mío aquí en Charlemont.
—¿Organizó su padre la ayuda?
—No, él no lo hizo.
—¿No?
Neji inclinó la cabeza.
—Tenía otras prioridades en ese momento. ¿Ha venido hasta el condado de Ogden sólo para preguntarme por mis caballos? ¿O se trata de mi padre?
Merrimack volvió a sonreír, de esa manera que parecía indicar que estaba pensando, pero que no quería parecer amenazante.
—Eso es. Sólo unas pocas preguntas generales. En situaciones como esta, nos gusta empezar con la familia.
—Pregunte.
—¿Puede describir su relación con su padre?
Neji movió la escoba entre sus rodillas y golpeó el mango hacia adelante y hacia atrás.
—Fue perturbadora.
—Es una gran palabra.
—¿Necesita una definición?
—No, no la necesito —Merrimack sacó una libreta del bolsillo trasero y la abrió— Así que no estaban unidos.
—Trabajé con él durante varios años. Pero yo no diría que compartiésemos una relación padre e hijo tradicional.
—¿Era su heredero?
—Lo era en un sentido comercial.
—Pero ya no lo es más.
—Él está muerto. Ya no tiene "más", ¿verdad? ¿Y por qué no me pregunta directamente si le maté y le corté el dedo?
Otra de esas sonrisas. Y sabes, el tipo tenía dientes bonitos, todos rectos y blancos, pero no de una manera falsa, cosméticamente mejorada.
—Está bien. Tal vez quiera responder a su propia pregunta.
—¿Cómo sería posible que yo matase a alguien? Apenas puedo barrer este pasillo.
Merrimack miró hacia abajo y hacia atrás.
—Acaba de decirme que para usted todo depende de la motivación.
—Es un detective de homicidios. Usted debe ser consciente de cuánto esfuerzo se necesita para asesinar a alguien. Mi padre era un hombre sano, y en mi estado actual, pesaba unos veintitrés kilos más que yo. Puede que no haya sido terriblemente afectuoso con él, pero eso no significa que el parricidio estuviera en mi lista de cosas que hacer antes de morir.
—¿Puede decirme dónde estaba la noche en que murió?
—Yo estaba aquí.
—¿Hay alguien que pueda corroborar eso…?
—Yo puedo.
Hanabi salió de la sala de suministros, sin disculparse y tranquila como un Buda. Aunque ella estaba mintiendo.
—Hola señorita —dijo el detective, acercándose y extendiendo su mano— Soy del Departamento de Policía Metropolitana de Charlemont. ¿Y usted es?
—Hanabi Hyuga —Ella le estrechó la mano y dio un paso atrás— Trabajo aquí como mozo de cuadra.
—¿Desde cuándo?
—No hace mucho. Una semana o así. Mi padre murió y me dijo que viniera aquí.
Merrimack miró a Neji.
—Y esa noche, la noche en que su padre murió, los dos estaban...
—Justo aquí —dijo Neji— Sentados. Eso es todo lo que puedo decirle.
—Bueno, estoy seguro de que eso es comprensible —Sonrió— Déjeme preguntarle algo. ¿Qué clase de coche tiene?
Neji se encogió de hombros.
—En realidad no tengo. Mi Porsche está de vuelta en Easterly. Tiene el cambio de marchas manual, así que ya no es tan práctico.
—¿Cuándo fue la última vez que estuvo en casa?
—Ese ya no es mi hogar. Yo vivo aquí.
—Bien, ¿cuándo fue la última vez que estuvo en Easterly?
Neji pensó en él y Sasuke entrando en el centro de negocios para que esos registros financieros pudieran ver la luz del día. Técnicamente, no había sido un allanamiento de morada, pero Neji, seguro como el infierno, no habría sido bienvenido allí. Y sí, había robado información corporativa. Entonces había tenido ese momento con la señorita Chiyo, la mujer envolviendo sus brazos alrededor de él y rompiéndolo por dentro.
Muchas cámaras de seguridad en Easterly. Fuera y dentro de la casa. Dentro del centro de negocios.
—Estuve allí hace un par de días. Para ver a mi hermano Sasuke.
—¿Y qué hizo mientras estuvo allí?
—Hablé con él —Usó una puerta trasera en la red para extraer información. Observó a su padre hacer un trato con TenTen. Después de que el bastardo intentara ligar con ella— Simplemente nos encontramos.
—Hmm. —Sonrío— ¿Ha tomado prestado uno de los otros coches? Quiero decir, su familia tiene muchos coches diferentes, ¿no?
—No.
—¿No lo hacen? Porque cuando estuve allí ayer, vi un gran grupo de puertas de garaje en la parte de atrás. Justo enfrente del centro de negocios donde su padre trabajaba.
—No, no saqué ninguno de los otros coches.
—Las llaves de esos vehículos están en el garaje, ¿verdad? En una caja fuerte con una combinación.
—Supongo que sí.
—¿Sabe la combinación, señor Otsutsuki?
—Si lo supe, la he olvidado.
—Eso pasa. La gente olvida códigos de acceso y contraseñas todo el tiempo, ¿verdad? Dígame algo, ¿sabe de alguien que podría haber guardado rencor contra su padre? ¿O quisiera hacerle daño? ¿Quizás tuviese motivos para vengarse de él?
—Es una larga lista.
—¿Lo es?
—Mi padre tenía el hábito de no congraciarse con los demás.
—¿Puede darme ejemplos concretos?
—Cualquier persona con quien haya tratado siempre a un nivel personal o profesional. ¿Qué le parece?
—Irritable, de hecho. Dijo que su padre estaba sano, en comparación con usted. ¿Pero sabía de alguna enfermedad que pudiera haber tenido?
—Mi padre creía que los hombres de verdad no se enfermaban.
—Está bien —La libreta se cerró sin que el detective hubiera escrito nada en ella— Bueno, sí puede pensar en algo que nos ayude, puede llamarme aquí. Cualquiera de ustedes.
Neji aceptó la tarjeta de visita que le ofreció. Había un sello de oro en el centro, el mismo que estaba en la camisa del detective. Y el nombre de Merrimack y varios números y direcciones estaban impresos alrededor de él como si fuera el sol.
En la parte inferior, tenía la frase "Para proteger y Servir" escrito en cursiva.
—¿Entonces cree que fue asesinado? —dijo Neji.
Merrimack le dio una tarjeta a Hanabi.
—¿Qué piensa usted, señor Otsutsuki?
—No tengo una opinión de una manera u otra.
Quería preguntarle si él era sospechoso, pero ya sabía esa respuesta. Y Merrimack guardaba sus cartas cerca debajo de la manga.
Sonrió.
—Bien. Encantado de conocerles a los dos. Saben dónde encontrarme... y sé dónde encontrarles.
—El placer ha sido todo mío.
Neji observó cómo el detective salía a la luz brillante de la tarde. Luego esperó un poco más, mientras un coche de policía sin señales avanzaba por el carril principal y salía a la carretera.
—No estabas conmigo —murmuró Neji.
—¿Importa?
—Lamentablemente... lo hace.
Al menos el abogado de su padre no llegó tarde.
Mientras Sasuke revisaba su reloj, a las cuatro cuarenta y cinco en punto, el señor Shimura llevó al venerable Babcock Jefferson al salón principal de Easterly.
—Saludos señor Jefferson —dijo Sasuke, poniéndose de pie— Qué bueno que haya venido.
—Sasuke. Mis condolencias.
El albacea de Madara Otsutsuki estaba vestido con un traje azul marino con corbata roja y azul y un pañuelo blanco doblado en el bolsillo del pecho. Tenía sesenta y pocos años y era una versión rica de un buen hombre maduro, con el mentón sobresaliendo por encima del cuello de su camisa formal, olor a puros cubanos y a loción de afeitar de Bay Rum que le precedía al encontrarse para darle la mano.
Naruto T. se levantó del otro sofá.
—Señor Jefferson. Estoy aquí en calidad de abogado de Sasuke.
—Naruto T. ¿Cómo está tu padre?
—Muy bien.
—Dale recuerdos de mi parte. Y cualquier persona es bienvenida aquí por invitación de la familia.
—Señor. Jefferson —dijo Sasuke— Esta es mi prometida, Sakura Haruno.
Yyyyy todos en la habitación se quedaron en silencio: Hina rodó sus ojos, Naruto T. sonrió, y el Sr. Jefferson se inclinó por la cintura. Sakura mientras tanto, lanzó una mirada de sorpresa en dirección a Sasuke y luego se recuperó estrechando la mano del albacea y ofreciendo una sonrisa al tipo.
—Es algo muy reciente.
Por un momento, el señor Jefferson parecía positivamente herido con ello, pero sus ojos brillaban de manera amistosa.
—Bueno, ¡enhorabuena! —El señor Jefferson asintió con la cabeza en la dirección de Sasuke y luego se concentró en ella— Yo diría que es un progreso, pero eso sería irrespetuoso con su ex señora. Sin embargo, eres mucho mejor.
Sakura se echó a reír.
—Eres un encanto, ¿no?
—Hasta mis botas de caza, señora —El señor Jefferson se puso serio una vez más mientras miraba a Sasuke— ¿Dónde están tus hermanos?
Sasuke volvió a sentarse junto a Sakura.
—No sé en qué estado está Kiba, ni mucho menos cómo llegar hasta él y Neji está...
—Aquí.
Neji apareció en el arco, y aunque Sasuke lo había visto el día anterior, su apariencia física era todavía el tipo de cosas a las que tenía que adaptarse.
Recién afeitado y duchado, su cabello oscuro estaba húmedo y ondulado de una manera en la que nunca se le había permitido en años anteriores. Sus kakis estaban casi cayendo de sus caderas, sostenidos sólo por un cinturón de cocodrilo. Su camisa era lisa y azul, una muestra de su ropa de trabajo. Estaba tan cómodo, sin embargo, era como si fuera un niño que intentaba entrar en la ropa de su padre. Y, sin embargo, imponía respeto mientras avanzaba cojeando y se sentaba en uno de los sillones.
—Señor Jefferson. Qué bueno verle de nuevo. Disculpe mi grosería, pero debo sentarme.
—No te preocupes hijo.
El albacea puso su maletín en una de las mesas laterales y se acercó.
—Es bueno verte otra vez.
Neji estrechó la mano del hombre.
—Igualmente.
Después de eso, no hubo ninguna charla. Neji nunca había sido bueno en eso y el Sr. Jefferson pareció recordarlo.
—¿Hay alguien más que hayas invitado?
La actitud de Sasuke fue esperar a que Neji contestara, pero luego recordó que él mismo había sido el encargado de reunirlos a todos.
—No —Sasuke se levantó y caminó hacia las puertas correderas que se abrían al estudio— Estamos listos.
Cerró las dos puertas y fue a hacer lo mismo en el arco en el vestíbulo. Cuando se volvió, se quedó mirando a Sakura. Estaba sentada en el sofá de seda, con sus pantalones cortos y su polo, con el cabello rosa recogido, la cara despejada.
Dios, la amaba.
—Hagamos esto —se oyó decir Sasuke a sí mismo.
Neji apretó las manos, apoyando los codos en los brazos acolchados de la silla. Al otro lado de la sala, en el sofá de seda, su hermano pequeño estaba muy íntimo con la horticultora Sakura, y uno tenía que admitir que la familiaridad con la que ambos estaban sentados uno al lado del otro era indicativa de una conexión que no solía encontrarse en los matrimonios Uchiha: era la forma en que él casualmente le pasó un brazo sobre sus hombros. Cómo ella apoyó su mano en su rodilla. El hecho de que hicieran contacto visual entre ellos como si ambos estuvieran comprobando que el otro estaba bien.
Deseaba lo mejor para Sasuke. Realmente lo hacía.
Hina por otra parte, tenía una relación más tradicional con su futuro esposo. Toneri Pford no se encontraba en ninguna parte, y eso estaba bien. Podría casarse con la familia, pero esto era privado.
—Estamos aquí para la lectura de la última voluntad y testamento de Madara Wyatt Otsutsuki —dijo Babcock mientras se sentaba en el otro sillón y abría su cartera sobre su regazo.
—¿Debería estar nuestra madre aquí? —Interrumpió Neji.
El albacea miró por encima de la mitad superior de su cartera y dijo con suavidad:
—No creo que sea necesario molestarla. Tu padre estaba interesado principalmente en proveer a su descendencia.
—Pero por supuesto.
Babcock reanudó la extracción de un documento bastante voluminoso.
—El difunto me contrató durante los últimos diez años como su abogado personal y durante ese período de tiempo ejecutó tres testamentos. Esta es su última voluntad, ejecutada hace un año. En él, prevé que todas las deudas de carácter personal serán pagadas, junto con los impuestos y honorarios profesionales apropiados, en primer lugar. A partir de entonces, ha creado un fideicomiso para la mayor parte de sus activos. Este fideicomiso debe dividirse igualmente en favor de la señorita Hinata Elizabeth Otsutsuki, el señor Indra Sasuke Otsutsuki y el señor Kiba Prentiss Otsutsuki.
Hubo una pausa. Neji sonrió.
—Supongo que mi nombre fue omitido a propósito.
Babcock sacudió la cabeza con gravedad.
—Lo siento mucho hijo. Yo le pedí que te incluyera… lo hice.
—Dejarme fuera de su última voluntad es la carga menos grave que el hombre me haya dejado, te lo aseguro. Y Sasuke, deja de mirarme así, ¿puedes?
Cuando su hermano pequeño apartó los ojos, Neji se levantó y cojeó hacia el carrito de las bebidas.
—Reserva familiar, ¿alguien quiere?
—Para mí —dijo Sasuke.
—Yo también —dijo Naruto T.
Hina permaneció en silencio, pero sus ojos también observaron cada uno de sus movimientos cuando el abogado describió los detalles relativos al fideicomiso que se había establecido. Naruto T. se acercó por su vaso y el de Sasuke, luego Neji volvió al sillón en el que había estado.
Podía decir sinceramente que no sentía nada. Ni ira. Ni nostalgia. Ningún deseo ardiente de acortar distancias, volver a conectar, orden de reconocimiento. Arreglar algo. La indiferencia había sido ganada duramente, perfeccionada por él al vivir largo tiempo con las contradicciones del fuego del resentimiento de su padre y el hielo del alejamiento del hombre. No haría que los demás sintieran nada… al menos cuando se trataba de él y de estar desheredado. Su relación con su padre, tal como había sido, era solo problema de ellos dos. Neji no quería amamantar la simpatía de los demás; su hermano y su hermana necesitaban ser tan flemáticos como él.
Hace un año, pensó.
Se preguntó por qué había hecho el cambio en el testamento. O tal vez nunca le había tenido en cuenta, tampoco en los testamentos anteriores.
—…Ahora a los legados individuales —En este punto, Babcock aclaró su garganta— Yo quería hacer notar que hubo un legado significativo en el testamento a la Sra. Shizune Freeland, que ya ha fallecido. La casa en la que ella residía, en el tres cero siete dos de Cerise Circle en Rolling Meadows, era en realidad propiedad absoluta del Sr. Otsutsuki, y era su deseo que la propiedad fuese traspasada libre y limpia para ella. Sin embargo, en el caso de que ella muriese antes, lo que sucedió de hecho, se hizo una disposición adicional en este documento para esta residencia, junto con la suma de diez millones de dólares, que se donarán a su hijo, Konohamaru Damion Freeland. Dichos bienes deben ser colocados en un fideicomiso en su beneficio hasta que cumpla treinta años de edad, con mi persona o mi designado sirviendo como fideicomisario.
Silencio… Del tipo de escuchar grillos.
Ah, así que por eso no querías que mi madre estuviese aquí, pensó Neji para sí mismo.
Naruto T. cruzó los brazos sobre su pecho.
—Bien.
Y eso prácticamente lo resolvió, ya que nadie más dijo nada. Sin embargo, quedó claro que la futura ex esposa de Sasuke no era la única mujer a la que Madara había embarazado fuera del matrimonio. Tal vez también había otros hijos o hijas por el mundo. Aunque en verdad, la respuesta a eso no le importaba a Neji más que cualquier tipo de herencia. Había venido aquí por una razón diferente al testamento. Simplemente tenía que parecer que había llegado para la misma reunión en la que todos los demás se habían reunido.
Él tenía la necesidad de finiquitar, como su abuela habría dicho.
Mientras el Sr. Jefferson pasaba por largos párrafos de jerga legal, Hina no estaba centrada en la lectura del testamento, o, en realidad, en el hecho de que Neji hubiese sido excluido. Su único pensamiento era que Himawari estaba en casa... y Naruto T., sentado allí, en el sofá, representando el interés de Sasuke en su calidad de profesional... estaba bajo el mismo techo que su propia hija.
Ninguno de ellos dos lo sabía, por supuesto. Y eso encendía a Hina.
Trató de no imaginarse a los dos sentados uno al lado del otro. Trató de no ver, mientras ella les recordaba a ambos con una precisión que quemaba su memoria, los rasgos comunes, los movimientos similares, ese estrechamiento del ojo cuando se concentraban. Ella también evitó especialmente el hecho de que ambos escondían su formidable inteligencia detrás de una lacónica sociabilidad... como si esto fuese algo por lo que ellos no quisieran llamar la atención.
—Y eso concluye las disposiciones más destacadas —El Sr. Jefferson se quitó las gafas de leer— Me gustaría aprovechar esta oportunidad para responder a cualquier pregunta. El testamento está en validación por el momento, y se ha comenzado un recuento de activos.
Hubo un silencio. Y entonces Sasuke habló.
—Creo que lo has dicho todo. Te veré fuera. Naruto T., ¿te unes a nosotros?
Hina agachó la cabeza y sólo entonces dejó que sus ojos siguieran a Naruto T. cuando se puso de pie y fue a abrir las puertas dobles para su cliente y el albacea del padre de su cliente. Él no miró rápidamente hacia atrás hacia ella. No la había saludado ni la había mirado fijamente. Pero esto eran negocios. Una cosa para la que siempre podías contar con Naruto T., no importaba lo salvaje y loco que pudiese ser durante horas, tan pronto como se ponía su sombrero de abogado, era inquebrantable. Ella literalmente no existía. No más que cualquier otra persona que no afectase a los intereses de su cliente. Y por lo común, ésta sin duda, discutible compartimentación, la molestó y la hizo querer tenerle de frente y exigirle atención. Sin embargo, el saber que Himawari estaba en algún lugar de la mansión la curó de tal inmadurez. Con ellos en tan cercana vecindad, era imposible ignorar las implicaciones de su falta de revelación. Era una criminal, robándoles los años que les correspondían, robándoles el conocimiento al que tenían derecho. Y por primera vez sentía una culpa tan finamente afilada, que estaba segura de que estaba sangrando internamente. ¿Pero la idea de contarlo todo? Era una montaña insalvable desde donde se encontraba ahora, la distancia, la altura, el territorio rocoso de todos aquellos días y noches perdidas, y los acontecimientos pequeños y grandes, sumándose, demasiado que recorrer.
Sí, pensó. Por eso causó el drama, ésta fue la raíz de sus escapadas. Si uno montaba timbales chocando directamente frente a tu cara... no se podía oír nada de nada. Especialmente a la conciencia.
Su conciencia.
—¿Cómo estás?
Tirando de su atención, miró a su hermano Neji, y tuvo que parpadear a través de las lágrimas para verlo adecuadamente.
—No, no, nada de eso —dijo fríamente.
Menos mal que él pensó que era la causa.
—Pero por supuesto —Ella se secó los ojos.
—Neji... tú eres...
No estaba bien, pensó mientras dejaba ir sus propios problemas. Y Dios, al verlo encorvado y delgado, tan diferente al cabeza de familia en el que ella siempre lo había imaginado, era un reajuste que no deseaba hacer. Era tan extraño. En los aspectos que importaban, era más fácil perder a su padre que la encarnación de lo que su hermano siempre había sido.
—Estoy bien —rellenó cuando no pudo completar la frase— ¿Y tú?
Cayéndome a pedazos, pensó para sí misma. Soy la fortuna de nuestra familia, desmoronándome primero en privado... y luego para que todos lo vean.
—Yo estoy bien —Agitó la mano— Escúchanos. Parecemos nuestros padres.
Ella se levantó de la silla y lo abrazó, y no pudo dejar de estremecerse mientras sentía huesos y no mucho más. Él le dio una palmadita torpe antes de retroceder.
—Entiendo que hay que felicitarte —Se inclinó con rigidez— Trataré de llegar a la boda. ¿Cuándo es?
—Ah... el viernes. No, el sábado. Yo… no lo sé. Nos casaremos en el juzgado el viernes, sin embargo. No estoy segura de la recepción.
De repente, esto era lo último en lo que estaba interesada.
—Viernes —Él asintió— Bien, mis mejores deseos para ti y tu prometido.
Con eso, él se apresuró a salir, y ella casi saltó delante de él y le exigió que le dijera lo que realmente pensaba: Su verdadero hermano Neji nunca habría sido tan flemático sobre Toneri. Neji había tenido que hacer negocios con los Distribuidores Pford durante años y nunca se había impresionado con ese hombre. ¿Y si el viejo Neji sabía lo que había estado sucediendo a puerta cerrada? Habría sido un homicida. Pero él había avanzado a un lugar diferente, incluso cuando ella parecía decidida a permanecer en su trayectoria. Tampoco era una mejora, ¿no?
Quedándose sola en la habitación, Hina se sentó de nuevo y se quedó dónde estaba, una extraña parálisis rebasando su cuerpo. Mientras tanto, las voces y los pasos se alejaron. Y luego, afuera, en el césped bajo el sol, no lejos de donde se había hecho ese horrible descubrimiento en el lecho de hiedra, los dos abogados y su hermano entraron en una apretada conversación.
Miró fijamente a Naruto T. a través del cristal burbujeante de la vieja ventana. Su rostro parecía que nunca cambiaba. Estaba tan cincelado y perfectamente formado como siempre, su pelo apenas un poco largo y cepillado hacia atrás. Su cuerpo, largo y delgado, llevaba ese traje hecho a mano como una percha, los pliegues de la tela, las mangas, las vueltas en las perneras del pantalón, cayendo exactamente como el sastre los había destinado a estar. Pensó en él en la bodega del sótano, follando a esa chica en la mesa en el almuerzo del Derby. Hina había estado allí abajo llorando cuando él se había escabullido y había tomado a la mujer de una manera que había hecho que la boba sonara como una estrella porno.
Pasando por la historia de la relación de Hina con Naruto T., era sólo una más en una larga lista de desagradables "ojo por ojo"... que había comenzado con su primer beso cuando tenía catorce años y culminado en Himawari. El problema era, sin embargo, cuando detenían la lucha, el conflicto, la piedra en el zapato, las imitaciones de las tachuelas en sus talones, él podía ser... Era el hombre más asombroso, increíble, dinámico y vivo que había conocido. Y en el pasado, ella habría dicho que su matrimonio no les habría impedido estar juntos. Lo suyo siempre había sido una historia de amor que era como una mala intersección sin semáforos, se estrellaba una y otra vez, chispas, el olor de la gasolina, quemándose, metal enredado y caucho por todas partes. Ellos eran cristales de seguridad rotos en una tela de araña de grietas, bolsas de aire (airbags) desplegadas, neumáticos salidos y hundidos. ¿Pero la carrera justo antes del impacto? No había nada parecido en el mundo, no especialmente para una aburrida, inutilizada, belleza sureña como ella... y nunca había importado si uno u otro de ellos había estado con alguien más. Novias, novios, amantes serios, llamadas para un polvo seguro. La constante para ambos había sido el otro. Sin embargo, había visto la expresión de su rostro cuando se enteró de su compromiso. Nunca la había mirado así antes, y esa expresión era lo que veía mientras estaba despierta por la noche…
—Que infernal diamante te ha dado.
Ella levantó la cabeza. Naruto T. estaba apoyado contra el arco, con los brazos cruzados sobre el pecho, los párpados bajos en sus ojos, la boca apretada como si a él le molestase el hecho de que ella estuviese todavía en la habitación.
Hina quitó el anillo de la vista y se aclaró la garganta.
—¿No puedes mantenerte alejado, abogado?
Cuando soltó la pulla, fue un fracaso. El tono monótono acaba de matar por completo lo que había removido.
—No te sientas halagada —dijo mientras entraba y se dirigía al sofá— Dejé mi maletín. No vengo a verte.
Se preparó para esa vieja oleada de enojo familiar… lo esperaba, de hecho, aunque sólo fuera por su familiaridad. La corrosiva rutina en su tripa no burbujeó, sin embargo, más bien era como un invitado a la cena que no podía mostrarse rudo y decepcionar así a su anfitrión. Naruto T., por otro lado, estaba jugando con sus viejas reglas, clavando, empujando, con un borde que parecía cada vez más agudo.
—Por favor, no vayas a la recepción de la boda —dijo ella abruptamente.
Él se enderezó con aquel viejo, heredado maletín de su tío abuelo en la mano.
—Oh, pero estoy tan ansioso por verte con tu verdadero amor. Yo planeaba coger inspiración de tu amoroso ejemplo.
—No hay razón para que vengas.
—Oh, somos diferentes en eso...
—¿Qué pasó? ¿Ya terminó?
Himawari irrumpió en la arcada, toda la energía de los dieciséis años en ese cuerpo y con ese sentido del estilo que ya no se veía particularmente como el de una adolescente... y aquellas características que parecían ser cada vez más las de su padre.
Oh, Dios, Hina pensó con una sacudida de dolor.
—Oh, hola —le dijo Naruto a la muchacha con un tono aburrido— Dejaré que tu madre te cuente los detalles. Se siente muy habladora. Espero verte en unos días, Hina. Con tu vestido blanco.
Cuando él salió tranquilamente, sin darle a Himawari más que una mirada o ni un pensamiento alguno, Hina se levantó y comenzó a marchar tras él antes de que pudiera detenerse.
—Madre —preguntó la muchacha cuando ella pasó— ¿Qué ocurre?
—No es asunto tuyo. No eres un beneficiario. Ahora, si me disculpas.
Himawari dijo algo irrespetuoso, pero Hina se concentró en llegar a Naruto T. antes de que se fuera en ese Jaguar.
—Naruto T., —Hina siseó mientras sus talones golpeaban sobre el suelo de mármol del vestíbulo— ¡Naruto!
Ella lo siguió hasta fuera de la puerta principal justo a tiempo para ver al albacea de su padre conducir un gran Mercedes negro y a Sasuke pasear por la parte trasera de la casa.
—¡Naruto!
—Sí —dijo sin detenerse o mirar hacia atrás.
—No tienes por qué ser grosero.
En su descapotable, Naruto T. se puso al volante, puso su maletín en el asiento vacío y la miró fijamente.
—¿Esto me lo dices tú?
—Es una niña...
—Espera, ¿esto es por Himawari?
—¡Por supuesto que lo es! Pasaste por su lado como si no existiera.
Naruto T. sacudió la cabeza como si algo se estuviera sacudiendo en su cráneo.
—Déjame entenderlo. ¿Estás molesta porque no reconozco a la niña que has tenido con otro hombre?
Oh. Dios.
—Ella es inocente en todo esto.
—¿Inocente? PTI (para tu información), ha sido la lectura del testamento de su abuelo allí, no un procedimiento penal. La culpa o la relativa falta de la misma no es relevante.
—La has ignorado.
—Sabes... —Golpeó su dedo índice en su dirección— Por lo que entiendo, eres la última persona que debería acusar a cualquiera de ignorar a esa chica.
—Cómo te atreves.
Naruto T. miró por encima de la larga y ondulada capucha del Jaguar.
—Hina, no tengo tiempo para esto. Tengo que ir a hablar con el abogado de la esposa de tu hermano ahora mismo… y que, a diferencia de tu pequeña exhibición estampada de...
—No puedes soportar que nadie te diga que no eres Dios.
—No, creo que no pueda soportarte, en realidad. La cosa de Dios es una cuestión secundaria.
No esperó ningún comentario adicional de ella. Encendió el motor, bombeó el acelerador un par de veces para asegurarse de que lo había cogido, y luego se fue, siguiendo el camino que el albacea había forjado colina abajo, lejos de Easterly.
Hina lo vio irse. Dentro de sí misma, ella estaba gritando.
Por Himawari.
Por Naruto T.
Por Toneri.
Sobre todo... por sí misma y todos los errores que había cometido.
Y la tristeza que vino con el saber que, a la madura edad de treinta y tres años, no había tiempo suficiente en su vida para corregir los males que había forjado.
Sasuke se dirigió a la parte de atrás, con la esperanza de atrapar a Neji antes de que desapareciera.
Sin lugar a dudas, su hermano había salido por el área del servicio porque había unidades de noticias aparcados en la puerta principal desde que se había filtrado la historia del suicidio. Y también, sin duda, Neji tenía prisa por marcharse considerando lo que se había leído en el testamento. No había palabras adecuadas para lo que su padre había hecho: excluir a su primogénito de una herencia estaba a la vez totalmente en el carácter de Madara, y sin embargo era una sorpresa cruel también. Una última mierda con la que no habían contado, el muerto llevándose una carta ganadora a su tumba.
Así que Sasuke quería... decir algo... o comprobar o.… no tenía ni idea. Lo que tenía claro era que Neji, sin duda, no estaría interesado en nada de lo que tenía que decir, pero en ocasiones sólo tenías que intentar…, con la esperanza de que la otra persona, en un momento tranquilo de reflexión, pudiera recordar que tú habías hecho el esfuerzo, aunque fuera incómodo.
No había ningún camión de Red & Black en la pequeña fila de coches junto al centro de negocios, pero Sasuke encontró un viejo Toyota aparcado junto al Mercedes rojo que él le había regalado a la señorita Chiyo. Tenía que ser en lo que Neji había llegado, pero su hermano no estaba detrás del volante, no cojeaba en su dirección. En realidad, no estaba por ninguna parte.
Entrando por la puerta trasera de la cocina, Sasuke encontró a la señorita Chiyo junto al horno.
—¿Has visto a Neji?
—¿Está él aquí? —preguntó mientras se daba la vuelta de su olla— Dile que venga a verme si está aquí.
—No sé dónde está.
Sasuke hizo una rápida inspección alrededor del primer piso y luego se detuvo en las escaleras. No había razón para que su hermano se molestara con el esfuerzo de subir a las habitaciones.
—¿Dónde estás? —Se preguntó.
Saliendo hacia los jardines, se dirigió al centro de negocios. Todas las puertas francesas estaban cerradas en el lado que daba a las flores, y tuvo que ir más lejos hacia la entrada trasera con su cerradura codificada. En cuanto entró, supo que había encontrado a Neji: Había luces encendidas de nuevo…, así que su hermano debía haber conéctalo la electricidad.
—¿Neji?
Sasuke caminó por el pasillo alfombrado, mirando por las oficinas vacías. Su teléfono había estado sonando con llamadas de la presidencia de la junta directiva, de cada uno de los jodidos vicepresidentes senior, y hasta del abogado corporativo. Pero ninguno de ellos se había atrevido a venir a Easterly, y eso le dijo que tenía algo sobre ellos. ¿E incluso si ese montón de trajes estaban ocupados haciendo desaparecer evidencias del centro del cuartel general? No importaba. Shikamaru le podría tener antipatía en aquel momento, pero ese puñetero obseso con los números había guardado archivos de todo lo que había estado en la red antes de que se hubiese tirado de la manta. Así que cualquier cambio era tan incriminatorio como la malversación que había requerido un encubrimiento.
Mientras Sasuke se dirigía a la oficina de su padre, se dio cuenta de que su corazón latía con fuerza y que su mente se había retirado detrás de una pared de prepárate. Algo como que alguien que estaba listo para que una bomba explotara podría ponerse a cubierto detrás del cemento.
—¿Neji?
Se detuvo al llegar en la antesala ante la oficina de su padre.
—¿Neji…?
La puerta de Madara Otsutsuki estaba cerrada, y Sasuke no podía recordar si había sido él quien la había cerrado cuando habían hecho la evacuación el día anterior. Al alcanzar el tirador, no tenía ni idea de lo que iba a encontrar en el otro lado.
Y no estaba seguro de querer verlo.
Empujó los paneles de par en par.
—Neji…
La oficina estaba oscura, y cuando encendió el interruptor de la luz en la pared, nadie estaba allí.
—¿Dónde diablos estás?...
Cuando se dio la vuelta, Neji estaba justo detrás de él.
—¿Me buscabas?
Sasuke ladró una maldición y agarró el frente de su propio pecho.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Visitar mi vieja guarida.
Sasuke buscó cosas en las manos de su hermano, bolsillos, detrás de la espalda de Neji.
—En serio. ¿Qué estás haciendo?
—¿Dónde están los altos cargos?
—Abajo en la Central en oficinas más pequeñas.
—¿Los despediste?
—Les dije que salieran primero —Evaluó la cara de su hermano— O bien irían a la cárcel.
Neji sonrió.
—¿Vas a dirigir la empresa tú mismo?
—No.
Hubo una pausa.
—¿Cuál es tu plan, entonces?
—Todo lo que quería hacer era sacarlos de aquí.
—¿Y crees que eso va a detener el sangrado financiero?
—Padre está muerto. Creo que eso es lo que lo detendrá. Pero hasta que lo sepa con seguridad, no me arriesgaré.
Neji asintió con la cabeza.
—Bueno, no te equivocas. De ningún modo. Pero quizás quieras pensar en quién va a estar al cargo ahora que está muerto.
—¿Hay alguna posibilidad de que busques trabajo?
—Tengo uno. Ahora soy alcohólico.
Sasuke miró por encima del hombro de su hermano, hacia el área de recepción vacía.
—Neji. Tengo que saber algo, y solo estamos tú y yo aquí, ¿de acuerdo?
—En realidad, todo este lugar está pinchado. Cámaras ocultas, micrófonos escondidos. No hay nada secreto debajo de este techo, así que ten cuidado con lo que pides.
Sasuke se encontró deseando otro trago. Y después de un momento tenso, simplemente murmuró,
—¿Vienes a el homenaje?
—No sé por qué debería. No estoy de luto y no tengo ninguna intención de presentar ningún respeto. No te ofendas.
—No me ofendo y puedo entender todo eso. Pero mamá probablemente bajará.
—¿Lo crees?
Sasuke asintió y esperó a que su hermano dijera algo más. Pero el hombre no lo hizo.
— Escucha, Neji... de verdad lo siento mucho...
—Nada. Lo sientes por nada, porque nada de esto, nada de esto, fue culpa tuya. Sólo puedes disculparte por tus propios errores. ¿Eso es todo, hermanito?
Cuando Sasuke no pudo pensar en otra cosa, Neji asintió.
—Eso es todo, entonces. Ten cuidado, y no me llames si necesitas algo. No soy el tipo de recurso que necesitas.
