Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

11

A la mañana siguiente, Sasuke disminuyó la velocidad mientras se acercaba al Puente Big Five desde el lado de Indiana, tráfico denso en la autopista a primera hora de la mañana. La radio del Porsche estaba apagada. No había revisado su teléfono. Y no había abierto su portátil antes de dejar a Sakura. El sol estaba brillaba en un cielo casi despejado, algunas nubes bordeando el horizonte. Sin embargo, se suponía que el buen tiempo no que duraría mucho. Una baja de presión estaba entrando y no tardarían las tormentas... Parecía apropiado.

Mientras cambiaba a tercera y luego a segunda, se dio cuenta que tardaría más de hora y pico. Más adelante, había un atasco importante en el camino, los coches formando un embotellamiento al estrecharse los carriles parpadeando bajo los rayos del sol y arrojando olas de calor. Mientras avanzaba lentamente, sabía que iba a llegar tarde, pero no iba a preocuparse por eso. No quería esta reunión ahora. Pero no le habían dado otra opción.

Cuando finalmente se incorporó al carril principal, el tráfico empezó a avanzar y casi se rio cuando finalmente pasó a los trabajadores con sus chalecos reflectantes, cascos y pantalones azules. Estaban instalando una valla de malla protectora para prevenir que gente que cayera por el lateral. No más caídas. O al menos, si insistías en intentarlo, ibas a tener que trepar antes. Cambiando de carril tomó un tramo en el cruce, cogiendo una curva cerrada, pasó debajo del puente hacia la I-91. Dos salidas después, se dirigieron hacia la Avenida Dorn y giró hacia River Road. La gasolinera Shell en la esquina era parte farmacia, parte súper mercado, parte licorería… y parte quiosco de periódicos. Y él tuvo la intención de entrar en lo que giraba a la derecha. Después de todo, iba a haber una copia del Charlemont Courier Journal en Easterly.

Al final, sus manos tomaron la decisión por él. Girando el volante a la derecha, fue hacia la estación de servicio, pasó entre los surtidores de gasoil y aparcó frente a las puertas dobles plateadas que tenían HIELO pintado sobre ellas junto con una fotografía de un dibujo de pingüino con una bufanda roja alrededor de su cuello. La gorra de béisbol que encajó sobre su rostro tenía al frente el logo de la UC. En los surtidores de gasolina había un par de tipos llenando su todoterreno. Un vehículo municipal. Un recolector de cerezas CC&E63. Una mujer en un Civic con un bebé en el asiento trasero al que seguía mirando que todo estuviera bien. Sintió como si todos lo estuvieron observando. Pero estaba equivocado. Si estuvieran mirando en su dirección, era porque miraban su Porsche.

Una campanita sonó cuando se internó en el frio espacio de la tienda y ahí estaba. Una alineación del Charlemont Courier Journal, todos con el encabezado que había estado temiendo salpicado por encima del pliegue de la fuente del tamaño de las barras de las Vegas.

UCHIHA BOURBON EN BANCARROTA.

El New York Post no pudo haberlo hecho mejor, pensó mientras sacaba un cuanto de un dólar. Escogiendo una de las copias, puso el dinero en el mostrador y dio un golpe con los nudillos. El tipo en la caja registradora miró por encima a quien sea quien estuviera ayudando y asintió. De vuelta al Porsche, Sasuke se puso detrás del volante y abrió el periódico en la primera página. Leyó el primer grupo de columnas, siguió leyendo hasta terminar el artículo.

Oh, genial. Habían publicado un par de documentos. Y ahí había un montón de comentarios. Incluso una editorial hablaba sobre la avaricia corporativa y el la falta de cálculo de los ricos, como un vínculo con el karma.

Lanzándolo a un lado, metió la primera y aceleró bruscamente. Cuando llegó a las puertas principales del rancho, redujo la velocidad, pero fue sólo para contar el número de camionetas nuevas aparcadas en la colina verde como si estuvieran esperando que una nube de polvo cayera sobre Easterly en cualquier segundo. Continuando, entró en la propiedad por el camino del personal y siguió por el camino trasero, pasando por el huerto que Sakura había cultivado para la cocina de la Señorita Chiyo y luego por los invernaderos con techo de madera y finalmente por las casas de campo y el cobertizo de mantenimiento de los jardines. El aparcamiento del personal estaba lleno de coches, todo tipo de ayuda extra ya organizada para tener las cosas preparadas para las horas de la visita. El camino pavimentado continuaba más allá, sobre la colina paralela al sendero que los trabajadores usaban para llegar a la casa. En la parte superior, estaban los garajes, en la parte posterior el centro de negocios y en la parte trasera las entradas a la mansión.

Aparcó junto al Lexus granate que estaba en uno de los reservados para los directivos. Tan pronto como Sasuke salió, Steadman W. Morgan, presidente de la Compañía de Bourbon Uchiha, salió de su sedán. El hombre estaba vestido con ropas de golf, pero no como Kato, el Dios del Grano habría estado. Steadman estaba en los blancos Charlemont Country Club, la cresta de la institución privada en azul real y oro en su pectoral, un cinturón de piel de tigre de Princenton alrededor de su cintura. Sus zapatos eran del mismo tipo de mocasines que Sasuke llevaba, sin calcetines. El reloj era un Piaget. El bronceado se lo había ganado en el campo de juego, no era artificial. Su vitalidad de una buena crianza, dieta cuidadosa, y la consecuencia era que el hombre nunca tendría que preguntarse de dónde vendría su siguiente comida.

—Todo un artículo —dijo Steadman cuando se encontraron cara a cara.

—¿Ahora entiendes por qué los eché a todos de aquí?

No hubo ningún apretón de manos. Ni intercambio de palabras o formalidades educadas. Pero claro el bueno Steadman no estaba acostumbrado a ser la segunda prioridad de nadie y claramente sus boxes de Broock Brothers64 estaban en el montón. Por otra parte, él acababa de enterarse que estaba sentado a la cabeza de la mesa en el peor momento de la historia de COU.Y Sasuke estaba seguro que podía entender eso.

Con un movimiento de su mano, Sasuke señaló el camino hacia la puerta trasera del Centro de Negocios y ambos entraron con la nueva contraseña. Encendiendo las luces al entrar, se dirigió hacia la pequeña sala de conferencias.

—Te ofrecería café —dijo Sasuke mientras tomaba asiento— Pero no se hacerlos.

—No tengo sed.

—Y es un poco temprano para un bourbon o estaría tomando alguno —Sasuke entrelazó sus manos y se inclinó hacia delante— Así que… Preguntaría qué es lo que hay en tu mente, pero eso sería retórico.

—Hubiera sido interesante que me hubieras dado un aviso sobre el artículo. De los problemas. O el caos financiero. O por qué diablos dejaste fuera a la junta directiva.

Sasuke se encogió de hombros.

—Todavía estoy tratando de llegar al fondo de la cuestión. Así que no tengo mucho más qué decir.

—Había demasiado en ese maldito artículo.

—No es culpa mía. Yo no fui la fuente, y mis comentarios fueron tan a prueba de balas como un chaleco antibalas. Aunque el reportero tenía bastante para seguir. Diría que un amigo mío, banquero de inversiones especializado en evaluar corporaciones multi nacionales, vino de Nueva York, y está averiguando todo.

Steadman pareció descomponerse, aunque intentó disimular. Parecía una estatua de mármol luchando por mantener su cara inexpresiva: Con mucho trabajo.

—Sasuke —empezó el hombre en un tono que hacía a Walter Cronkite sonar como Pewwe Herman— Necesito que entiendas que la Compañía de Bourbon Uchiha puede que tenga tu nombre en ella, pero no es algún puesto de limonada que puedes cerrar o mover porque eres de su sangre. Hay procedimientos corporativos, puestos de mando, maneras de…

—Mi madre es la accionista mayoritaria.

—Eso no te da el derecho de volver esto una dictadura. La directiva tiene el imperativo de volver a estas instalaciones. Tenemos que convocar una reunión y contratar a un nuevo CEO. Nombrar un nuevo presidente que debe de ser elegido y anunciado, una auditoría interna adecuada para este desastre financiero debe ser…

—Permítame ser perfectamente claro. Mi antepasado, Madara Uchiha, creó esta compañía. Y yo definitivamente la cerraré si es necesario. Si quiero hacerlo. Yo estoy a cargo, y sería mucho más conveniente si usted lo reconociera y se quitara de mi camino. O lo reemplazaré, también.

El latigazo equivalente a una furia homicida nubló los ojos azul celeste de Steadman. Lo cual, de nuevo, no produjo un gran cambio.

—No sabes con quién estás tratando.

—Y usted no tiene ni idea de lo que poco tengo que perder. Yo seré quién elija al sucesor de mi padre, y no será ninguno de los vicepresidentes que vinieron aquí ésta mañana para reemplazarlo. Encontraré a dónde fue el dinero, y mantendré sólo el negocio, aunque tenga que bajar y darle vuelta a todo por mí mismo —Apuntó el dedo hacia la sonrojada cara de Steadman— Usted trabaja para mí. La junta trabaja para mí. Cada uno de los mil empleados que obtienen un sueldo trabaja para mí… porque yo soy el hijo de puta que cambiará todo alrededor.

—¿Y exactamente cómo te propones hacer eso? Según este artículo, hay millones desaparecidos.

—Míreme.

Steadman lo observó a través de la brillante superficie de la mesa por un momento.

—La junta se…

—Quitará de mi camino. Escuche, cada uno recibe un sueldo de cien mil dólares por sentarse en un sillón y no hacer absolutamente nada. Garantizaré a cada uno de ustedes un cuarto de millón de dólares este año. Ese es un aumento del ciento cincuenta por ciento.

La barbilla del hombre se alzó.

—¿Estás tratando de sobornarme? ¿Sobornarnos?

—O cierro la junta. Lo dejo a su elección.

—Hay leyes…

—¿Sabes lo que mi padre le hizo a mi hermano, ¿verdad? —Sasuke se inclinó una vez más— ¿Cree que no tengo los mismos contactos que mi viejo hizo en los Estados Unidos? ¿Realmente cree que no puedo hacer las cosas de verdad difíciles para muchos de ustedes? La mayoría de los accidentes pasan en casa, pero los coches pueden ser complicados, también. Barcos. Aviones.

—Suponga que su Kentucky Fried Tony esté saliendo de nuevo.

Y la cosa verdaderamente espeluznante era que, al decir estas palabras, no estaba seguro si estaba echando un farol o no. Sentado ahí, donde su padre se había sentado, Sasuke se encontró a sí mismo perfectamente capaz de asesinar.

Bruscamente, el recuerdo de caer desde el puente, de mirar el agua frente a él, de estar en ese límite entre estar la vida y la muerte, volvió a él.

—Entonces, ¿qué es lo que va a ser? —murmuró Sasuke— ¿Un aumento o una tumba?

Steadman se tomó su tiempo, y Sasuke dejó que el hombre lo mirara a los ojos tanto tiempo como quiso.

—No estoy seguro de que puedas prometer una o la otra, hijo.

Sasuke se encogió de hombros.

—La cuestión es si quieres probar esa teoría en lo positivo o lo negativo, ¿verdad?

—Si ese artículo es verdad, ¿cómo vas a conseguir el dinero?

—Ese es mi problema, no el suyo —Sasuke se reclinó— Y le dejaré saber un pequeño secreto.

—¿Cuál sería?

—El dedo anular de mi padre fue encontrado enterrado frente a la casa. No ha sido revelado a la prensa todavía. Así que no te engañes. No fue suicidio. Alguien lo asesinó.

Hubo un leve de carraspeo en ese punto.

—Y entonces —el viejo Steadman dijo— ¿Cuándo exactamente recibiríamos el dinero?

"Te tengo", pensó Sasuke.

—Ahora, esto es lo que vamos a hacer —dijo Sasuke al hombre.


Shikamaru tomó su desayuno arriba en el despacho del abuelo de Sasuke, y estuvo hablando por teléfono todo el tiempo. Con su padre.

Cuando finalmente colgó, se reclinó en la silla antigua y miró hacia el césped del jardín. Las flores. Los árboles floreciendo. Era como un escenario de los Carrington de regreso a los ochenta. Entonces tomó la copia del Charlemont Courier Journal que había sustraído de abajo en la cocina y observó el artículo. Lo había leído a primera hora en internet. Después de eso, cuando había ido a por algo de café y pan danés, le pidió a la Señorita Chiyo que si podía coger la copia física. La mamá de Sasuke, como era llamada, no alzó la vista de lo que fuera que estuviera picando en el mostrador. Sal de aquí ahora, fue todo lo que ella dijo.

Shikamaru había memorizado casi cada palabra, cada número, todas las fotografías, documentos. Cuando sonó un golpe en la puerta, dijo,

—¿Sí?

Sasuke entró con un poco de café, e incluso aunque se había afeitado, estaba hecho una mierda.

—Así que…

—Oh, sí —Dijo el tipo— Ya lo has visto.

—Sí —Shikamaru puso la maldita cosa abajo— Es un trabajo excelente. El problema es, que nada está tergiversado.

—No me voy a preocupar al respecto.

—Deberías.

—Acabo de comprar a la junta.

Shikamaru retrocedió.

—Disculpa, ¿qué?

—Necesito que encuentres como conseguir cinco millones de dólares.

Shikamaru se limitó a negar con la cabeza llevándose las manos a la cara.

—Sasuke, no trabajo para la Compañía de Bourbon Uchiha…

—Entonces te pagaré.

—¿Con qué?

—Coge un cuadro de la planta baja.

—Sin ofender, pero no me gustan los museos y odio el arte gráfico. Todo lo que tienes fue hecho antes de la invención de la cámara. Es aburrido.

—Tienen mucho valor —Cuando Shikamaru no respondió, Sasuke encogió los hombros— Bien, te daré una parte de las joyas mi madre…

—Sasuke.

Su compañero de habitación de la Universidad no cedió.

—O toma el Phantom Drop-head. Para ti. Nos pertenecen todos los coches. ¿Qué tal mi Porsche?

—¿Estás… loco?

Sasuke señaló alrededor de ellos.

—Hay dinero aquí. En todos lados. ¿Quieres un caballo?

—Jesús Cristo, es como si estuvieras en una subasta…

—¿Qué es lo que quieres? Es tuyo. Entonces ayúdame a encontrar ese dinero. Necesito doscientos cincuenta mil para cada uno, diez personas.

Shikamaru empezó a negar con la cabeza.

—No funciona así. No puedes desviar fondos así…

—No es un capricho, Shikamaru. Es supervivencia.

—Necesitas un plan, Sasuke. Un plan integral que reduzca de inmediato gastos, consolide la situación y anticipe una posible investigación federal… especialmente con ese artículo publicado ahora.

—Lo que me lleva a mi segunda razón de estar aquí. Necesito que demuestres eso, mi padre lo hizo todo.

—Sasuke… ¡qué Diablos! Tú crees que yo puedo sacar las cosas así...

—No soy ingenuo y tienes razón. La aplicación la Ley está va a llegar golpeando la puerta después de ese artículo, y quiero presentarles un camino claro hacia mi padre.

Shikamaru exhaló. Hizo crujir sus nudillos. Se preguntó qué se sentiría si estrellara su frente en el escritorio. Un par de cientos de veces. Bueno, al menos eso parece una obviedad.

—Es la belleza de todo esto. Simplemente vino a mí. Mi padre está muerto así que no es que vayan a desenterrarlo y ponerlo entre rejas. Y después de todo lo que hizo, no estoy preocupado de preservar su memoria. Deja que el bastardo vaya al infierno por todo, y luego sigamos adelante con la compañía. Él tomó un sorbo de su taza— Oh, lo que me recuerda. Te mandé un e-mail con lo que Kato me envió de la compañía MWO Holdings. Es más, de lo que teníamos, pero no lo suficiente.

Todo lo que Shikamaru pudo hacer fue observar al tipo.

—Sabes, no puedo decidir si estás increíblemente decidido o simplemente tan desesperado que perdiste la maldita cabeza.

—Ambas. Pero puedo decirte que hay más material. Es difícil tener derecho cuando no puedes pagar por nada. Y para tu compensación, en todo lo que me concierne estoy en una situación complicada. Así que llena una camioneta y llévate todo lo que quieras de esta casa. Lo que tú creas que es justo.

Shikamaru miró hacia el periódico de nuevo. Parecía apropiado que el artículo cubriera todo el trabajo que había estado haciendo.

—No puedo estar aquí para siempre, Sasuke.

Pero había algo de lo que tenía que hacerse cargo él mismo. En complemento a la nueva lista de lavandería de Sasuke y sus ideas brillantes.

—¿Qué hay de la junta directiva? —Preguntó Shikamaru— ¿Los sobornaste también?

—De ninguna manera. Para ese grupo trajeado, los puse en baja administrativa sin paga para el mes siguiente. Supuse que había suficiente evidencia para justificarlo, y la junta está enviándoles la notificación. Los directivos intermedios llevarán la carga hasta que encuentre un CEO interino.

—Va a ser difícil con todo —Shikamaru tocó la página principal— No es exactamente una buena plataforma para reclutar.

Cuando Sasuke sólo lo miró, Shikamaru sintió un figurativo chorro de agua fría golpear su cabeza. Poniendo ambas manos en alto, empezó a negar con la cabeza de nuevo.

—No. Absolutamente no…

—Estarás a cargo.

—De un barco torpedeado.

—Podrías hacer lo que quieras.

—Que como decirme que puedo redecorar una casa que está en medio de ¿una avalancha de lodo?

—Te daré legitimidad.

Yyyyyyy entrada al chirriar de llantas.

—¿Qué has dicho?

Sasuke se dio la vuelta y fue hacia la puerta.

—Me escuchaste. Te estoy ofreciendo legitimidad en la más antigua y mejor compañía de licor en América. Y antes de que me digas que no lo puedo hacer, bla, bla, bla, debo recordarte que la placa está en mi bolsillo trasero. Puedo hacer lo que quiera y necesite…

—Mientras encuentres dinero para pagarles.

—Piénsalo —El maldito bastardo miró por encima del hombro— Puedes poseer algo, Shikamaru. No sólo números en un banco de inversiones que te paga para ser una calculadora glorificada. Podrías ser el primer accionista no familiar en la Compañía de Bourbon Uchiha, y podrías ayudar a determinar nuestro futuro.

Shikamaru volvió el artículo.

—¿Me preguntarás alguna vez si las cosas van a ir bien?

—No, porque si ese fuera el caso, yo no estaría involucrado en la compañía para nada.

—¿Y qué pasará cuando todo esto termine?

—Depende en cómo se vea. Cuando termine, ¿no crees? Esto podría cambiar tu vida, Shikamaru.

—Si, hay una recomendación. Mira lo que te ha hecho. Y postdata, la última vez que quisiste que me quedara me amenazaste. Ahora tratas de sobornarme.

—¿Está funcionando? —Cuando él no respondió, Sasuke abrió la salida— No quise imponerme. De verdad que no. Y estás en lo cierto. Estoy dando vueltas aquí como un idiota. Pero estoy sin opciones, y no hay ningún salvador que vaya a bajar del cielo a ofrecerme un milagro y hacer que todo esto se vaya.

—Eso es porque no hay manera de que todo esto desaparezca.

—No jodas. Pero tengo que lidiar con ello. Así que no tengo otra opción.

Shikamaru maldijo.

—No sé si puedo confiar en ti.

—¿Qué necesitas de mí para que puedas hacerlo?

—¿Después de esto? No sé si podré alguna vez.

—Entonces se interesado. Si te pertenece una parte de lo que estás salvando, si hay un tremendo revés…y lo hay… entonces ese es todo el incentivo que necesitas. Piénsalo. Eres un hombre de negocios. Sabes exactamente cómo de lucrativo puede ser esto. Te doy el almacenaje ahora, ¿y cuando las cosas cambien? Habrá primos Uchiha que morirían por comprar su mierda de vuelta. Esto representa una sola oportunidad de un evento capitalista de ocho cifras para ti… a la par de la maldita lotería.

En ese sentido, porque el bastardo sabía precisamente cuando retirarse, Sasuke se fue, cerrando la puerta en silencio.

—Mierda —Murmuró Shikamaru para sí mismo.


Sakura se quitó los pantalones cortos de color caqui y los puso en la encimera del cuarto de baño de Sasuke junto a su camisa de trabajo. A medida que se enderezaba, el espejo le mostró un reflejo que le era familiar, pero también extraño: su cabello estaba cardado por encima de su cola de caballo, el protector solar que se había puesto al principio de la tarde hacía que su piel brillase demasiado, y sus ojos tenían bolsas bajo ellos.

Todo eso era normal, sin embargo.

Poniendo el vestido negro frente a ella, lo deslizó sobre su cabeza y pensó, "bien, aquí está la rareza".

En la última gran fiesta de Easterly, hace menos de una semana, había estado firmemente en el bando del personal. Ahora, ella era este raro hibrido, era parte de la familia en parte por estar comprometida con Sasuke, pero todavía estaba en nómina y muy involucrada en los preparativos y puesta en escena para el velatorio.

Tirando del lazo, se cepilló el cabello, pero tenía una onda hecha por la goma del pelo y se veía mal. Tal vez había tiempo para… No. Mientras miraba su teléfono, los números marcaban las 15:43. Ni siquiera era suficiente para una de sus duchas de entrar y salir. En diecisiete minutos, la gente iba a empezar a llegar, los autobuses llevándolos desde el área de aparcamiento en River Road hasta la cima de la colina y la gran puerta principal de Easterly.

—Te ves perfecta.

Mirando hacia la puerta, sonrió a Sasuke.

—Tú eres parcial.

Sasuke estaba vestido con un traje azul marino con una camisa azul pálido y una corbata de color coral. Su cabello todavía estaba mojado por la ducha, y olía como la colonia que siempre llevaba.

Sakura volvió a concentrarse en sí misma, alisando el sencillo vestido de algodón. Dios, ella se sentía como si estuviera usando ropa de otra persona, y cielos, ella supuso que lo hacía. ¿No había tomado prestado este vestido de su prima hacía una década… también para un funeral? La había lavado lo suficiente como para desaparecer las costuras, pero ella no tenía nada más en su armario.

—Preferiría estar solo trabajando en este evento —dijo.

—Lo sé.

—¿Crees que Shion vendrá?

—No se atreverá.

Sakura no estaba muy segura de eso. La futura ex esposa de Sasuke fuera una persona a la que le gustara llamar la atención, y esta era una excelente oportunidad para que la mujer afirmara su relevancia, aunque su matrimonio ya no existiese.

Sakura se ahuecó el pelo y lo llevó hacia delante. Lo cual no ayudaba con los rizos.

Átalo pensó, pero acabó dejándolo.

—¿Estás listo? —preguntó mientras se acercaba a él— Pareces preocupado. ¿Cómo te puedo ayudar?

—No, estoy bien —le ofreció el codo— Venga. Hagámoslo.

La sacó de su habitación y continuaron por el pasillo. Cuando llegaron a la suite de las habitaciones de su madre, él aflojó la marcha. Luego se detuvo.

—¿Quieres entrar? —preguntó ella— Te esperaré abajo.

—No, la dejaré en paz.

Mientras continuaban hacia la gran escalera y comenzaron su descenso, ella se sintió como una impostora... hasta que sintió la tensión en su brazo y se dio cuenta de que él estaba apoyado en ella.

—No podría hacer esto sin ti —susurró cuando llegaron al fondo.

—No tendrás que hacerlo —dijo en voz baja mientras bajaban al suelo de mármol— No voy a separarme de tu lado.

Alrededor, los camareros con corbatas y chaquetas negras estaban dispuestos con las bandejas de plata, preparados para tomar los pedidos de las bebidas. Había dos bares, uno en el comedor a la izquierda, otro en el salón delantero a la derecha, con sólo Reserva de la Familia Uchiha, vino blanco y refrescos disponibles. Las flores que ella había ordenado y arreglado se exhibían en lugares destacados, y había una antigua mesa circular centrada en la entrada con un libro de condolencias y una placa de plata para depositar tarjetas.

Hina y Toneri fueron los próximos de la familia en llegar, ambos bajando las escaleras con la distancia de un campo de fútbol entre ellos.

—Hermana —dijo Sasuke mientras le besaba la mejilla— Toneri.

Ambos se fueron tranquilos sin reconocer a Sakura, pero en su mente, era algo por lo que se sintió afortunada. Cualquier cosa que le dijesen o hiciesen daría la impresión de que sería condescendiente de cualquier manera.

—Eso no está bien —murmuró Sasuke con suavidad— Voy a tener que...

—No hagas nada. —Sakura apretó su mano para llamar su atención— Escúchame cuando digo esto. No me molesta. En absoluto. Sé dónde estoy, y ¿si tú hermana me aprueba o desaprueba? No cambia nada de nada en lo más mínimo.

—Es irrespetuoso.

—Es la chica mala del instituto. Y eso lo superé hace quince años. Además, ella es así porque es infeliz. Podrías estar de pie junto a Jesucristo, Hijo de Dios, y ella odiaría el hecho de que estuviera con túnica y sandalias.

Sasuke rio y la besó en la sien.

—Y una vez más, me recuerdas exactamente por qué estoy contigo.

—Espera. Tu corbata está torcida.


Gaara se dio la vuelta. Su despacho tenía una ducha, un lavabo y un armario, y él no se había molestado en cerrar la puerta cuando él había entrado en... bueno, apretando el lazo de seda que le rodeaba la garganta. Matsuri puso unos papeles en su escritorio y se acercó. El estrecho espacio se hizo aún más apretado cuando ella entró con él, y Dios, su perfume cuando ella levantó y deslizo el doble nudo.

—No creo que esto pegue —dijo mientras intentaba no centrarse en sus labios— La camisa, quiero decir.

Hombre, parecían suaves.

—No lo hace —Ella sonrió— Pero está bien. No vas a ser juzgado por tu sentido de la moda.

Por una fracción de segundo, imaginó poner sus manos en su cintura y tirar de ella contra la parte delantera de sus caderas. Luego, sumergiría la cabeza y descubría a lo que ella sabía. Tal vez la levantaría hasta el borde del lavabo y...

—¿Y bien? —le preguntó ella mientras lanzaba un extremo del cabo sobre el otro en su corazón.

—¿Qué?

—¿A dónde vas tan arreglado?

—Al velatorio de Madara Otsutsuki en Easterly. Voy tarde. Empieza a las cuatro.

El tirón en su garganta fue erótico, a pesar de que lo estaba tomando en la dirección equivocada: Si Matsuri estaba jugando con su ropa, él quería que ella se la quitara.

—Oh. Vaya —Más tirones. Luego ella retrocedió— Mejor.

Él se inclinó hacia un lado y se miró en el espejo. La maldita cosa estaba recta como una línea en una autopista, y el nudo estaba justo en el cuello…, y no iban cada uno por su lado.

—Muy impresionante.

Matsuri salió, y él la vio alejarse antes de patearse el culo. En el momento en que estaba listo para volver a concentrarse, ella estaba en el escritorio de él, moviendo las cosas, hablando. Ella iba de color rojo de nuevo, y el vestido le llegaba sobre la rodilla, pero no demasiado alto, y por debajo del cuello, pero no demasiado. Las mangas eran cortas. ¿Medias? No, no lo creía... y maldita sea, esas eran buenas piernas. Zapatos planos.

—¿Y bien? —dijo ella de nuevo.

De acuerdo, necesitaba cortar la mierda antes de que ella recogiese esa vibración hostil en el ambiente de trabajo que él estaba lanzando alrededor.

—¿Lo siento? —Preguntó mientras salía del baño.

—¿Crees que podría acompañarte? Quiero decir, no trabajé para el hombre, pero ahora estoy con la compañía.

No era una cita, se dijo mientras asentía. Absolutamente no.

—Claro —Se aclaró la garganta— Es un evento abierto. Me imagino que habrá mucha gente de la COU. Deberíamos ir en tu coche, sin embargo. Mi camioneta no es lugar para una señora.

Matsuri sonrió.

—Voy a buscar mi bolso. Encantada de conducir.

Gaara se quedó atrás un momento mientras ella salía por detrás de su escritorio. Obligándose a mirar todas las etiquetas de las paredes, recordó a su erección parcial que ella era su ayudante de dirección. Y sí, ella era hermosa, pero había cosas más importantes de las que preocuparse que de su actualmente inexistente vida amorosa.

Es hora de echar un polvo en algún lugar, pensó.

Había estado demasiado ocupado con el trabajo últimamente, y esto era lo que pasaba: Tienes a un tipo desesperado en torno a una mujer mucho más que medio decente y sus estúpidos pretextos se hacían cargo.

—¿Gaara? —gritó ella.

—Voy… Para… Esto... No, quiero decir... estoy, ah... Oh, Santo Dios.


Nadie se presentó.

Alrededor de una hora y veinte minutos que duraba la visita, cuando debería de haber una fila fuera de la puerta principal y un desfile de autobuses yendo y viniendo por montaña, había solo unos pocos rezagados, los cuales habían echado un vistazo a la falta de multitud y se fueron precipitadamente por la puerta de Eastearly. Como si hubieran usado disfraces de Halloween en un baile. O un mono blanco después del día del Trabajador. O los hubieran sentado en la mesa de los niños durante una gran fiesta.

Supuso que se había equivocado sobre la gente que quería ver a los poderosos caídos de cerca y en persona.

Sasuke pasó mucho tiempo vagando de cuarto en cuarto, con las manos en los bolsillos porque tenía ganas de beber y sabía que eso era una mala idea. Hina y Toneri habían desaparecido en alguna parte. Himawari nunca bajó. Neji estaba DEA.

Sakura estaba firme a su lado.

—Discúlpeme, Señor.

Sasuke giró hacia el mayordomo uniformado.

—¿Sí?

—¿Hay algo que pueda hacer?

Tal vez fue el acento inglés, pero Sasuke podría haber jurado que el Señor Shimura estaba sutilmente complacido del descrédito. Y eso no hizo que Sasuke quisiera alcanzar y frotar todo ese pelo engominado revolverlo convirtiéndolo en un desastre.

—Sí, di a los camareros que recojan las mesas y se vayan a casa. No había razón para pagarles por no hacer nada. Y deja que los aparcacoches y autocares se vayan. Si alguien quiere venir, pueden dejar sus coches en la entrada.

—Por supuesto, Señor.

Cuando el señor Shimura se marchó, Sasuke fue hacia el pie de las escaleras y se sentó. Mirando a través de la puerta delantera el atardecer desvaneciéndose, recordó la reunión con la junta directiva. Las escenas con Shikamaru. La reunión con Dan Kato… Quien se suponía apareciera en una hora, pero quién sabía. Shikamaru estaba en lo correcto. Él estaba usando tácticas fuertes y efectivas, y moviendo gente y dinero alrededor. Y si, bajo la apariencia de ayudar a la toda esa mierda familiar, salvando la economía de la familia. Pero la idea de llegar a convertirse en su padre hacía que su estómago se encogiera.

Curioso, cuando él fue a ese puente y se inclinó sobre el borde, había querido tener algún tipo de conexión o comprensión con el hombre. Pero ahora estaba archivando eso bajo ten-cuidado-con-lo-que-deseas. Demasiados paralelos salían a relucir, gracias a la manera en la que se estaba comportando. Y si él se convertía en el hijo de puta…

—Oye —Sakura se sentó cerca de él, doblando su falda debajo de sus muslos— ¿Cómo lo llevas? O espera, esa es una pregunta estúpida, ¿no?

Se inclinó y la besó.

—Estoy bien…

—¿Me lo he perdido?

Al sonido de una voz familiar que no había escuchado en mucho tiempo, Sasuke se puso rígido y giró lentamente.

—¿…Madre?

En lo alto de la escalera, por primera vez en años, su madre estaba de pie con el apoyo de su enfermera. Hinata Elizabeth Uchiha Otsutsuki, o pequeña H. E. cómo era conocida en la familia, estaba vestida con un largo vestido de gasa, había diamantes en sus orejas y perlas alrededor de su garganta. Su cabello estaba perfectamente peinado en su cabeza y su color era adorable, a pesar de ser definitivamente el resultado de un buen trabajo de maquillaje no por su buena salud.

—Madre —Repitió al mismo tiempo que se ponía de pie y subía las escaleras de dos en dos.

—Neji, querido. ¿Cómo estás?

Sasuke parpadeó un par de veces. Y entonces tomó el lugar de la enfermera, ofreciendo un brazo que fue agarrado con facilidad.

—¿Quieres ir abajo?

—Creo que es apropiado. Pero oh, es muy tarde. Me he perdido a todos.

—Sí, han venido y se han ido. Pero está bien, Madre. Vamos a bajar.

El brazo de su madre era como el de un pájaro, tan delgado bajo su manga, que cuando se inclinó sobre él, apenas notó su peso. Bajaron lentamente, y todo el tiempo, quiso levantarla y llevarla porque parecía una opción más segura. ¿Podría tropezar y caerse? Tenía miedo que pudiera romperse algo al final de las escaleras.

—Tu abuelo fue un gran hombre —Dijo mientras bajaban al vestíbulo de mármol blanco y negro— Oh, mira, están quitando las bebidas.

—Es tarde.

—Me encantan las largas horas de sol en verano, ¿a ti no? Duran mucho tiempo.

—¿Te gustaría sentarte en el salón?

—Por favor, cariño, gracias.

Su madre no caminó tanto como flotó a través del camino de arcos, y cuando finalmente llegaron a los sillones de seda enfrente de la chimenea, Sasuke la sentó en el que estaba en frente de la puerta principal.

—Oh, los jardines —Sonrió mientras miraba por las puertas francesas a través del pasillo— Se ven tan maravillosos. Sabes, Sakura trabaja muy duro en ellos.

Sasuke ocultó su sorpresa yendo y sirviéndose un bourbon del carrito de servicio de la familia. Era pasado en el tiempo y cedió a su anhelo.

—¿Conoces a Sakura?

—Ella me trae flores… oh, ahí estás. Sakura, ¿conoces a mi hijo Neji? Deberías.

Sasuke miró a Sakura hacer y su cara de sorpresa cubriendo bien su reacción.

—Sra. Uchiha, ¿cómo está usted? Es maravilloso verla levantada y con nosotros.

Aunque el apellido de su madre era legalmente Otsutsuki, ella siempre había sido la Señora Uchiha en la propiedad. Así eran las cosas, y una de las primeras cosas que su padre había aprendido a odiar, sin duda.

—Bien, gracias, querida. Ahora, ¿conoces a Neji?

—Por supuesto que sí —Dijo gentilmente Sakura— Lo conozco.

—Dime, ¿estás ayudando con la fiesta, querida?

—Sí, Señora.

—Me temo que me la he perdido. Siempre me dijeron que llegaría tarde a mi propio funeral. Parece que también he juzgado mal a mi padre.

Cuando un par de camareros vinieron para empezar a guardar el bar en la esquina, Sasuke negó con la cabeza en su dirección y ellos retrocedieron. Lejos en la distancia, podía oír los repiqueteos de la cristalería y las botellas y el murmullo del personal mientras hacían las cosas en el comedor… y él esperaba que el cerebro de ella lo interpretara como la fiesta terminando.

"Tu elección de color es siempre perfecta", le decía a Sakura su madre. "Me encantan mis ramos de flores. Espero los días que los cambias. Siempre una nueva combinación de flores, y nunca ninguna fuera de lugar".

—Muchas gracias Sra. Uchiha. Ahora, ¿si me disculpa?

—Por supuesto, querida. Hay mucho qué hacer. Me imagino que tuvimos una terrible cantidad de gente —Su madre agitó su mano tan graciosamente como una pluma flotando en el aire, su enorme solitario en forma de pera brillando como una luz de navidad— Ahora, dime, Neji. ¿Cómo están las cosas en el Viejo Lugar? Me temo que he estado fuera de circulación un poco de tiempo.

Sakura le dio un apretón en el brazo antes de dejarlos solos a ambos, y Dios, qué no habría dado por poder seguirla fuera de la habitación. En cambio, se sentó en el otro extremo del sofá, ese cuadro de Elijah Uchiha parecía observarlo desde encima de la chimenea.

—Todo está bien, madre. Bien.

—Siempre has sido un empresario maravilloso. Lo sacaste de mi padre, ¿sabes?

—Eso es todo un cumplido.

—Estabas destinado a serlo.

Sus ojos negros eran más pálidos de lo que los recordaba, aunque tal vez fuera porque no enfocaban realmente. Como su peinado a lo Reina Elizabeth no estaba tan tieso. Y su piel parecía tan delgada como una hoja de papel tan translúcido como la seda fina. Aparentaba ochenta y cinco y no sesenta y cinco.

—¿Madre? —dijo él.

—Sí, ¿querido?

—Mi padre está muerto. Lo sabes, ¿verdad? Te lo dije.

Frunció el ceño, pero ninguna línea apareció en su frente y no porque tuviera Botox. Al contrario, ella había sido criada en una época en la que las señoritas eran enseñadas a no estar bajo el sol… y no por que los peligros del cáncer de piel fueran ampliamente conocidos en esos momentos, tampoco porque se preocuparan por un agujero en la capa de ozono. Era porque tanto las sombrillas como las mentiras habían sido elegantes accesorios para las hijas de los ricos.

Los sesentas en el rico Sur habían sido más análogos de los cuarenta que en cualquier otro lugar.

—Mi marido…

—Sí, Padre murió, no el Abuelo.

—Es difícil para mí… el tiempo es difícil para mí ahora —Ella le sonrió de una manera que no le dio ninguna pista de que sintiera nada o si lo que le decía estaba haciéndole algún efecto— Pero me adaptaré. Los Uchiha's siempre se ajustan. Oh, Kiba, querido, viniste.

Al tiempo que extendía la mano y alzaba la vista, él se preguntó quién diablos pensaba que había llegado. Cuando se dio la vuelta, estuvo a punto de derramar su bebida.

¿Kiba?


—Sí, por aquí, por favor. A la sala de espera.

Sakura señaló a un camarero que sostenía una bandeja de copas sin usar yendo a la cocina. Luego volvió a meter las últimas de botellas de vino blanco en una de las cajas de vinos. Gracias a Dios había algo qué limpiar. Si tenía que seguir dando vueltas por los cuartos vacíos por más tiempo iba a perder la cabeza. A Sasuke no parecía importarle de una forma u otra que nadie viniera, pero por Dios…

Inclinándose, levantó la caja y caminó sobre la alfombra detrás de la mesa cubierta de lino. Saliendo del comedor a través de las puertas dobles, puso la caja con las otras tres en la sala del personal. Tal vez podrían devolverlas porque ¿las botellas no estaban abiertas'?

Cada poquito es una ayuda, se dijo a sí misma.

Preguntándose si empezar por el bar o la terraza, dudó frente a una de las entradas del personal, incluso si la usara, tendría que caminar todo el camino de vuelta por el otro lado de la casa. En Easterly, la familia podía ir y venir de cualquier manera a cualquier hora. El personal, por otro lado, estaba restringido. Así que…

A la mierda.

Ella no estaba haciendo este esfuerzo porque fuera una empleada, sino porque el hombre que amaba estaba teniendo un día de mierda y la estaba matando verlo aguantar y necesitaba mejorar en algo la situación, incluso si era la organización de un evento que nunca sucedió.

Dirigiéndose a través de las habitaciones traseras, salió por las puertas francesas de la biblioteca y se detuvo. Esta era la terraza que estaba frente al río y la gran caída a River Road, y todos los muebles antiguos de hierro forjado, mesas de cristal, habían sido movidas a los alrededores para acomodar a toda la gente que no había venido. El camarero que había estado ocupando ese lugar había abandonado su puesto, y se acercó a levantar el mantel de lino de la barra. Debajo, cajones vacíos de vajilla y cuadrados para el bourbon y vino estaban pulcramente alineados, y ella sacó un par.

Justo cuando ella iba a empezar a recoger, literalmente, vio a la persona sentada quieta y callada justo por una de las ventanas, enfocado en la casa, no a la vista.

—¿Kisame?

Al hablar, el jardinero jefe brincó tan rápido, que la silla de metal donde estaba sentado cayó sobre el piso de piedra.

—Oh, Dios, lo siento.

Ella se rio.

—Creo que todos están nerviosos hoy.

Kisame llevaba puesto un mono nuevo y sus botas de trabajo habían sido lavadas con una manguera, sin polvo ni suciedad en ellas. Su vieja y abollada gorra de Momma's Mustard, Pickles & BBQ estaba en su mano, y rápidamente la puso de nuevo en su cabeza.

—No tienes que irte —dijo mientras empezaba a pasar los vasos de whisky a una caja boca abajo.

—No iba a venir. Pero cuando vi…

—Ningún coche, cierto. Cuando viste que nadie había venido.

—La gente rica tiene un raro sentido de la prioridad.

—Amén a eso.

—Bueno, de vuelta al trabajo. ¿Necesitas algo?

—No, sólo estoy dándome algo que hacer. Y si me ayudas… podría terminar más rápido.

—Así que es eso, ¿eh?

—Sí, lo siento.

Él gruñó y se fue a la parte lejana de la terraza, tomando el camino que conducía alrededor de la base del bastión de piedra que mantenía a la mansión lejos de caer de su noble percha. Tarde, mucho más tarde, Sakura se preguntaría por qué se sintió impulsada a alejarse del bar y caminar hacia donde el hombre había estado sentado observando en silencio. Pero por alguna razón, la urgencia era innegable. De nuevo, Kisame raramente estaba quieto, y se veía curiosamente flojo.

Apoyándose sobre el viejo cristal… ella vio a la madre de Sasuke sentada en ese sofá de seda, tan hermosa como una reina.