Han pasado milenios desde que los Guerreros Z salvaron al universo de incontables amenazas como Cell, Moro y Freezer. Y ahora el Universo 7 vive en relativa paz, a salvo de los grandes peligros que habitan en él.
Y en una parte profunda del espacio, en un planeta con forma de pirámide invertida, se encontraba el responsable de mantener esta paz.
—¡DEJA DE MOVERTE INSECTA! —resonó una voz iracunda.
—Una creería que su actitud mejoraría con el tiempo —dijo la voz semi-burlona de una mujer.
Estas voces pertenecían a dos de las figuras más importantes de todo el universo. Una de ellas era Mary, ella es el ángel asignada al nuevo Dios dela Destrucción que tomo el cargo tras el retiro de Bills. Y la otra no era nadie menos el nuevo Hakaishin y antiguo príncipes de los saiyajin, Vegeta.
Actualmente estos dos se encontraban en una sesión de entrenamiento por petición de Vegeta, el cual busca lograr dominar el poder de los ángeles, el Ultra Instinto.
—Mal señor Vegeta —dijo mientras evadía con suma facilidad una ráfaga de puñetazos de parte del dios—. Debe calmarse, intente contar hasta diez.
—¡Solo cállate! —dijo lanzando una patada giratoria la cual falló miserablemente.
—Muy lento —golpea a Vegeta precipitándolo contra la tierra.
Tras esto Mary descendió con elegancia hasta que sus pies tocaran el piso, para luego dirigirse al dios con una sonrisa divertida. Mientras que Vegeta estaba refunfuñando con frustración.
—Creo que deberíamos dar el entrenamiento por concluido. ¿Verdad señor Vegeta?
—¡No! Sigamos —dijo poniéndose en posición de pelea—. Esto aún no ha terminado.
—Tan testarudo como siempre —vuelve a derribar al dios—. Aunque admito que me sorprende que me pidiera entrenar. A usted nunca le intereso aprender la técnica de loa ángeles. ¿Qué ocurrió?
Ante esta pregunta Vegeta quedo en silencio, buscando la respuesta adecuada. Tras ponerse de pie y sacudirse el polvo contesto.
—Llegue al límite.
—¿Cómo dice? —pregunto confundida.
—Siempre he considerado el poder de la destrucción el más adecuado para mí —explico a su asistente—. Pero ya no puedo seguir por esa ruta, me estoy quedando estancado. Así que he decidido aspirar a más. Pienso dominar el Ultra Instinto y ver a donde me lleva ese camino.
Ahora Mary estaba genuinamente asombrada, ya que a pesar de que lleva siglos junto a Vegeta este nunca se abrió realmente con ella. Y esta era la primera vez que compartía directamente sus frustraciones con ella.
—Bueno basta de hablar —el dios se vuelve al levantar—, continuemos con esto.
—Desgraciadamente señor Vegeta su descanso a terminado —declaró la asistente viendo su báculo.
—¡¿Qué?! He descansado por 10 años unas horas más no harán la diferencia —dijo irritado con la situación.
—Ugh… Aquí vamos de nuevo —murmuro con irritación.
Una cosa que molesta a Mary es el hecho de que siempre tienen la misma discusión. Después de cada descanso Vegeta insiste en seguir entrenando tratando de postergar sus responsabilidades. Pero no, esta vez estaba preparada.
—Sabe señor Vegeta, he encontrado algunos planetas que podrían ser de su interés —dijo con algo de confianza.
—Lo dudo mucho —gira la cabeza con terquedad.
—Vamos seguro encontrara con que entretenerse —insiste con igual terquedad—. En algunos de ellos hay magia. ¿No le gustaría probar sus habilidades?
—Me da igual —dándole la espalda a su asistente/maestra.
Para este punto Mary ya estaba perdiendo la paciencia. Por lo que con ira le dio un golpe al dios en la cabeza con su bastón.
—¡Señor Vegeta!¡Usted tiene una responsabilidad y va a cumplirla! —le reclamo con ira— Y al menos aprecié que me esforcé para hacer que esto fuera más agradable para usted.
—¡Ya deja de molestarme mujer! —recibe otro bastonazo— Ugh… Bien, bien. Solo deja de hacer eso.
—Que bien que hayamos llegado a un convenio —dijo con una sonrisa de victoria, mientras le daba la espalda al dios— Muy bien, vámonos.
El dios simplemente obedeció mientras refunfuñaba sobre mujeres que les gusta fastidiarlo.
—Oh, vamos. Estoy segura que lo va a disfrutar —le aseguro con una sonrisa.
—Solo vámonos —dijo con irritación poniendo la mano en su hombro.
Y así partieron a alta velocidad hacia el espacio, con rumbo al primer planeta de la lista que Mary había preparado.
