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La mano cariñosa de él, la misma que tantas veces le había hecho desfallecer de amor, de deseo, de placer. La mano cándida a veces, salvaje después, violenta en otras tantas. La mano asesina, que simbólicamente lo mató tantas veces en el fuego del desenfreno.

Pero al final, el tacto que tanto amaba de él.

Javier acunaba amorosamente la mano de Daniel, sus dedos rodeaban los del otro, se entretuvo incluso jugando con la ajorca de oro del dedo índice.

—¡Bajan! —Gritó Javi, se acercó a la puerta del autobús para bajar.

La gente lo observaba aterrada, con el rostro tumefacto, visiblemente golpeado, llevando consigo la mano de su amante en la suya, lo único que conservó del cuerpo desmembrado de Daniel.

Esa fue la última golpiza que le dio…

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Día 3 – Desmembramiento.