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El calor siempre era reconfortante, o al menos buena parte de las personas pensaban que el calor estaba directamente relacionado con buenas épocas de sus vidas: el verano del 88, el primer amor, la ida a la playa, el jugar a manguerazos de agua fría.
El calor en ese instante era bochornoso para él, así que la mejor solución era irse quitando las prendas de apoco, para conseguir alivio al sudor exacerbado que perlaba su piel.
Quizás si dejara de caminar, pero… ¿por qué estaba caminando? ¡Ah, sí! Para encontrarlos, para encontrar a todos los demás excursionistas, él se había perdido, no los encontraba. Se perdió en la ventisca de nieve, y luego todo fue blanca muerte, en soledad, en gritos, en calor.
La hipotermia estaba haciendo lo suyo: lo consumía en calor antes de matarlo en medio de la nieve, desnudo…
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Día 5 – Hipotermia.
