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Aranza condujo cómo todas las mañanas hacia el trabajo, la misma rutina: salida a las 7 de la mañana, el cabello semi mojado, maquillada a medias, el saco arrojado en el asiento de atrás, su bolsa de mano en el asiento del copiloto.
Aprovechó un alto mientras conducía, sólo para darse el último toque de color en las mejillas, alcanzó el colorete en la bolsa entreabierta, una brevísima mirada en el retrovisor.
La cabeza comenzó a punzarle, con fuerza inaudita, el dolor fue tan fuerte que sintió perfectamente como vaciaba los intestinos en su ropa limpia. El olor desagradable le inundó la nariz, al punto de no lograr ver nada. La vista se le nubló por completo.
"Fue inmediato", dijo el médico a los policías, "la mitad del cráneo desapareció por el aplastamiento cuando impactó contra el camión que llevaba las varillas"...
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Día 6 – Aplastamiento.
