8.
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—Abriremos la llave juntos, mi amor —le dijo ella, su madre, Amanda, al pequeño que tendría no más de seis años.
—¿Es por mi cumpleaños, 'má? —Inquirió entre risas Carlitos, aplaudió con sus manecitas gordas, infantiles.
—Así es…
—¿Papá vendrá?
—No, no vendrá, tal vez mañana…
—¿Será divertido?
—Mucho, mi amor…
Amanda llevó la mano de Carlitos al piloto del gas, lo abrieron completo entre los dos, se acomodaron en el sillón, del que prontamente los iban a echar, no había más plata para pagar las cuentas, no había trabajo y no había comida… sólo la llave del gas venenoso.
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Día 8 – Gas venenoso.
