10.
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A veces rojo, a veces guinda, a veces negruzco, y otras simplemente carne ajada.
Dependiendo la fuerza, el día, el lugar. Incluso la variable de noche o de día. Entre mucha gente o entre poca.
Con sonido, sin sonido, con gritos, con música, con lamentos.
Todo influía en la función.
Lo único seguro era que había nacido para ser el azote de los humanos, unos contra otros, para uno mismo, para lo que fuese ¡Faltaba más! Si lo pensaba detenidamente: su destino estuvo siempre en manos de otros.
Pero… los humanos eran débiles.
El hacha doble descansaba en el sitial de madera, debajo de la urna de cristal, expuesta en el museo ¡Ella que había sido siempre el terror de los condenados, el primor de los verdugos! Hoy estaba ahí, inútil, relegada, pero, pensaba para sí misma, que otra vez, un día, su tiempo llegaría… y otra vez estaría fuera de la vitrina para cercenar la carne…
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Día 10 – Verdugo.
