11.

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Dormir estuvo siempre sobrevalorado.

Trataban de hacerme dormir con cuentos, con un vaso de leche caliente, con té de lechuga, con ejercicio extenuante, y al final con pastillas.

Médicos, terapeutas, chamanes, todos los intentaron, siempre con el mismo resultado: insomnio perpetuo.

Un día por fin pude dormir.

Recuerdo que sucedió cuando vacié el bote de pastillas en mi garganta, sólo por saber qué se sentía el dormir.

Noto el beep del monitor cardiaco, detecto el respirador, y aunque mis ojos están abiertos y escucho todo lo que hablan a mi alrededor, en la cama del hospital, parece que se trata del sueño eterno que buscaban en mí, ¿es lo normal, no? El letargo después del insomnio prolongado…

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Día 11 – Insomnio.