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—Siempre serás mío y yo tuya... —gimió Antonia con la mirada febril después del ignominioso placer— dilo ¡Dilo...!

—...Tuyo... —susurró Damián, a duras penas.

—Mío —confirmó ella recuperando el resuello.

Tuvo la certeza de que así era, se levantó del piso, aún cubierta de sangre, llevando en la mano el pene cortado desde el tallo.

Dudaba mucho que en adelante Damián tuviese más aventuras... ¿Quién querría a Damián el mutilado? ¡Ella por supuesto! Era suyo...

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Día 12 – Mutilación genital.