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Ángela había salido bien de la cirugía, el riñón nuevo parecía que se adaptaba a su cuerpo, cómo si siempre hubiese estado ahí.

Hasta que la fiebre apareció. Le habían dicho que era normal, que a veces pasaba, así que no le dio vueltas al asunto. Salvo al hecho de cómo es que habían conseguido al donador.

Su padre lo había comprado.

De ese cuerpo, de aquel hombre de Tailandia, le habían dicho que no sólo Ángela se había beneficiado, el hombre murió joven y sano, un accidente dijeron.

Córneas, corazón, riñones, piel, todo lo que se pudo aprovechar... lo único que no les dijeron a los compradores fue que Khalan, así se llamaba el occiso, realmente había muerto de rabia.

Ángela había ardido en fiebre esa noche, había salivado, alucinaba, convulsa mordió a dos enfermeras y al internista...

El mercado negro de órganos era una especie de juego de azar...

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Día 16 – Rabia.