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¿Quién diría que la solución más fácil para dejar de roncar, era esa?

Nadie, o quizás más de uno la había pensado alguna vez, quién sabe.

Probar de todo fue la constante, pero nada pareció más adecuado y sencillo que simplemente la almohada en la cabeza.

El problema fue que demasiada fuerza de la almohada contra el rostro, había terminado con la asfixia de sus dos padres; para cuando él se dio cuenta, todo era silencio, el gesto desencajado y la boca abierta, como si fuesen a roncar una última vez, pero eso no sucedió…

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Día 17 – Asfixia.